A. الربيع العربي و ثورات أخرى La primavera árabe y otras revoluciones


Suníes y chiíes: el mito de los odios remotos y el nuevo mapa de Oriente Próximo
2016-11-14 07:11:54 Martí Nadal
¿Se encuentra Oriente Próximo sumido en una guerra total entre las dos grandes corrientes del islam? Indagar en los conflictos de la región es necesario para desmontar relatos que desligan la violencia actual de eventos contemporáneos y en su lugar la asocian a odios étnicos ancestrales.
¿Vienen suníes y chiíes luchando desde el cisma que dividió a los musulmanes tras la muerte de Mahoma en el año 632? Dando un vistazo rápido al mapa de los conflictos de la región, da la impresión de que en los países donde cohabitan suníes y chiíes acaban enfrentándose sin remedio. En Siria, el régimen de Bachar al Asad, dominado por la minoría alauí, una rama lejana del chiismo, se enfrenta a una oposición formada mayoritariamente por grupos islamistas suníes. En Irak, la caída del suní Sadam Huseín elevó al poder a la mayoría chií, que ahora debe hacer frente a una insurgencia liderada por el grupo terrorista Estado Islámico en las regiones suníes del país. Y, en el olvidado Yemen, los hutíes, una milicia perteneciente a la rama zaydí del chiismo, han tomado la capital del país y desde enero de 2015 sufren los bombardeos de una coalición liderada por Arabia Saudí. A todo ello debe sumársele la guerra fría que protagonizan la república islámica chií de Irán y Arabia Saudí, bastión del fundamentalismo suní, cuyas disputas se han esparcido por todos los campos de batalla de Oriente Próximo.
El sectarismo —entendido aquí como un enfrentamiento entre las distintas ramas del islam— es sin duda un componente pujante en los conflictos actuales. El autodenominado Estado Islámico y sus pretensiones genocidas han convertido en habituales los ataques suicidas en barrios chiíes de Damasco, Bagdad o Saná, que han dejado miles de civiles muertos. A ello debe sumársele la proliferación de milicias chiíes que a menudo vejan y aterrorizan a las poblaciones suníes, antes controladas por grupos yihadistas. La retórica sectaria también se ha asentado en el actual alboroto regional, promovida por clérigos y autoridades fundamentalistas y difundida a través de las cadenas por satélite y las redes sociales. El teólogo y figura televisiva Yusuf al Qaradaui, que presenta el programa más popular de Al Jazeera, la cadena más vista del
mundo árabe, ha acusado a los alauíes de ser “más infieles que los judíos y cristianos”; por su parte, otro célebre locutor de la misma emisora ha pedido en más de una ocasión la limpieza étnica de chiíes y alauíes sirios.
Respaldados por este lenguaje sectario, los medios occidentales han asumido que los conflictos en Siria, Irak y Yemen forman parte de una guerra histórica de aniquilación étnica donde los Estados y las milicias se alinean en un bando u otro dependiendo de su afiliación religiosa. Esta lectura etnorreligiosa de la violencia que hoy sacude a Oriente Próximo es denominada “relato de los odios remotos” (ancient hatreds narrative, en inglés), pero, tal y como veremos, ese relato es en realidad un mito.
Para saber más: Faisal al Qasem aboga por la limpieza étnica de los chiíes sirios que viven en zonas mayoritariamente suníes (en inglés), Albawaba
El relato de los odios remotos: de Yugoslavia a Oriente Próximo
El origen de esta teoría sobre odios étnicos perennes se encuentra en el final de la Guerra Fría y no se ha aplicado solo a suníes y chiíes. El primer caso que se popularizó ocurrió tras la desintegración de la Yugoslavia comunista. Autores como Samuel Huntington o Robert Kaplan ayudaron a definir la guerra en Bosnia como un conflicto plenamente étnico-religioso entre croatas católicos, bosnios musulmanes y serbios ortodoxos. Asimismo, se construyó un relato que sugería que el comunismo fue solo un parche transitorio que unió unos grupos étnicos que realmente llevan odiándose desde hace siglos. El derrumbe del fuerte gobierno central precipitó la violencia, que solo había sido contenida, pero nunca erradicada.
Hoy en día, muchos artículos que pretenden explicar la violencia actual entre suníes y chiíes en Oriente Próximo siguen pautas similares. El relato suele repetirse así: tras morir el profeta Mahoma, se desató una crisis sucesoria. Por un lado, algunos musulmanes consideraban que Abu Bakr, amigo del profeta, debía ser el nuevo líder, mientras que otros fieles eran partidarios de su primo Alí. Los seguidores de Abu Bakr vencerían y acabarían convirtiéndose en los suníes; los partidarios de la línea familiar de Alí, los chiíes, serían derrotados, convirtiéndose en una minoría frecuentemente perseguida dentro del islam. Nacía así un odio eterno e inalterable, ahora desatado por la ausencia de una autoridad superior que los mantuviese unidos.
En su pretensión de responder a la pregunta “¿Por qué se matan suníes y chiíes?”, los medios occidentales a menudo consideran las guerras en Siria e Irak como de aniquilación étnica, con origen en las disputas sucesorias a la muerte de Mahoma, en la veneración de santos, en interpretaciones distintas del Corán y demás diferencias doctrinales. El impacto de los eventos históricos y políticos contemporáneos son erróneamente desechados.
En ninguno de los conflictos en Oriente Próximo hay solo dos bandos definidos por la confesión religiosa. El intento de explicar de forma simple la violencia por parte de algunos medios a menudo lleva a reduccionismos absurdos. Fuente: Chappatte (International New York
Times)
Las guerras que vienen ocurriendo en Oriente Próximo desde hace 1.400 años no son fruto de antipatías sectarias, irracionales e imperecederas. Y tales odios no constituyen el motor de los conflictos, sino su consecuencia. El relato de los odios remotos está basado en conceptos erróneos, magnifica enemistades sectarias e ignora los elementos geopolíticos y sociales y los intereses de los Estados de Oriente Próximo.
Dicha teoría es heredera del orientalismo clásico, que presupone que el oriental, el musulmán, se guía por su identidad más primaria, la religión, en todos los aspectos de su vida. De este modo, los medios occidentales tienden a buscar explicaciones étnicas y religiosas en conflictos que estallan por problemas socioeconómicos y políticos y que se enquistan por los cálculos geopolíticos interesados de potencias exteriores. Los sirios no

se levantaron contra Al Asad porque es alauí ni Irán salió a su rescate porque comparten ciertas creencias.
La principal consecuencia del relato de los odios remotos es la construcción en nuestro imaginario de dos grandes bloques monolíticos y antagónicos constituidos por suníes y chiíes. No existen matices nacionales, ideológicos, lingüísticos o socioeconómicos dentro de estos dos grupos y se presupone una enemistad y un fervor religioso a individuos, a milicias e incluso a países que en realidad carecen de ellos.
Rivalidad dentro de la secta y alianzas intersectarias
En realidad, los países y milicias que los medios adscriben dentro del sunismo o el chiismo no son ni se comportan como bloques homogéneos y por ello utilizar las dos sectas como las dos principales unidades de análisis en las relaciones internacionales de la región conducirá a más equívocos que a aciertos.
Suníes
Por un lado, el bando suní en realidad está resquebrajado en tres frentes visibles. De entrada, la wahabita Arabia Saudí ejerce de líder de un grupo de países que pretenden preservar el statu quo regional. Junto a Riad caminan el Gobierno secularista egipcio de Abdelfatá al Sisi y las monarquías de Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Bahréin. Entre sus prioridades figura diezmar el expansionismo iraní allí donde surge. Es por ello que derrocar a Al Asad, un fiel aliado de Teherán, es uno de sus principales objetivos. Además, dichos países vieron las revoluciones árabes de 2011 como un grave reto a su hegemonía.
No obstante, los partidarios del statu quo deben lidiar con rivales dentro de su propia secta. El pequeño reino de Qatar lleva años ejerciendo una política exterior potente, pero flexible, que le ha llevado a aliarse con los islamistas Hermanos Musulmanes y Turquía. Este grupo, que en teoría es ideológicamente cercano al islamismo de Arabia Saudí, supone a la vez uno de sus mayores dolores de cabeza. A diferencia de sus vecinos, Qatar percibió las malogradas Primaveras Árabes como una oportunidad para extender su influencia. Es por ello que celebraron la caída del régimen de Mubarak en Egipto y la ascensión al poder del islamista Morsi. Su continuo apoyo a los ahora depuestos Hermanos Musulmanes egipcios acarreó en 2014 la peor crisis entre las monarquías del Golfo: Arabia Saudí, los Emiratos y Bahréin retiraron temporalmente sus embajadores de la capital qatarí.
Para saber más: “Oriente Próximo, alucinación y la imaginación cartográfica” (en inglés), Discover Society
Libia es un caso que evidencia las fisuras dentro del denominado bloque suní. El país es abrumadoramente suní, pero se encuentra profundamente dividido y sumido en una guerra civil desde las revueltas populares y la operación de la OTAN que acabaron con Gadafi en 2011. Actualmente, Libia está divida entre dos Gobiernos. Por un lado, los Emiratos y Egipto dan apoyo a un Ejecutivo secularista al este del país, mientras que Turquía y Qatar respaldan a un Gobierno de corte islamista en Trípoli. Libia es la prueba de que el enquistamiento de la violencia tiene menos que ver con inquinas sectarias que con cálculos geopolíticos de países vecinos.
Estas disonancias también se evidenciaron durante el golpe de Estado contra Erdoğan en verano de este año. Arabia Saudí tardó 15 horas en condenar la acción del ejército y algunos medios han acusado a los Emiratos de financiar a los responsables del fallido golpe. Mientras tanto, Irán, que lleva años batallando indirectamente con Turquía en Siria, fue el primer país en condenarlo.
Finalmente, existe un tercer grupo dentro del sunismo que en realidad está compuesto por centenares de organizaciones que merman la supuesta unidad suní. Se trata de las numerosas milicias yihadistas que, a pesar de recibir apoyo logístico o financiero por parte de los Estados suníes, siguen considerando dichos regímenes ilegítimos. La relación entre los Gobiernos y los grupos yihadistas debe entenderse más como de mutuo beneficio y no basada en una concepción similar de la religión. El Estado Islámico, por ejemplo, ha dedicado más tiempo y recursos a derrotar a otros grupos rebeldes suníes que a luchar contra Al Asad.
A pesar de los evidentes sentimientos sectarios que poseen, estos grupos son capaces de acciones pragmáticas para perseguir sus intereses. En 2016, el exjefe de los servicios secretos israelíes admitió que su país asistió a los yihadistas del Frente al Nusra, la filial de Al Qaeda en Siria, en los Altos del Golán. Esta pasmosa alianza obviamente no está basada en un sentimiento de afinidad, sino en intereses comunes; en este caso, arrebatar posiciones claves a la milicia libanesa Hezbolá, que combate junto al Gobierno sirio y supone uno de los mayores riesgos para la seguridad de Israel.
Chiíes
El denominado bando chií tampoco está exento de disonancias. Recientemente se ha popularizado la
expresión “media luna chiita” para referirse a la alianza entre Hezbolá, Siria, Irak e Irán. Aunque ciertamente estos actores son estrechos aliados, los motivos de dicha unión no deben buscarse en simpatías dogmáticas. La coalición original entre el régimen laico, baasista y panárabe de Siria con la teocracia persa de Irán nunca se ha basado en el credo, sino que es heredera de la amenaza común que suponía el régimen laico, baasista y panárabe de Sadam Huseín.
La rivalidad entre Arabia Saudí e Irán que se esparce por todo Oriente Próximo no se basa en diferencias religiosas surgidas tras la muerte de Mahoma, sino en intereses regionales opuestos. Fuente: Kal (The Economist)
Es común también reducir a los alauíes o a los zaydíes a una rama del chiismo, pero sus credos heterodoxos son bastante distintos al chiismo mayoritario. En realidad, las creencias de los alauíes han permanecido ocultas durante siglos a los principales clérigos del chiismo. No fue hasta 1948 cuando los primeros estudiantes alauíes atendieron por primera vez a seminarios religiosos en la ciudad iraquí de Nayaf, centro de la teología chií. Los alumnos fueron insultados y humillados por sus creencias y, al cabo de poco, la mayoría de ellos volvieron a Siria. Recientemente, un grupo de líderes religiosos alauíes emitió un comunicado donde negaban su condición de “rama del chiismo” con el objetivo de distanciarse del régimen de Al Asad y de Irán.
Para saber más: “Los alauíes y chiíes de Siria” (en inglés), Martin Kramer
Tampoco es extraño encontrar alianzas entre grupos suníes y chiíes que no encajan en el molde del relato de los odios remotos. Irán lleva décadas siendo el principal proveedor del islamista Hamás y Al Qaeda y los talibanes también han colaborado con Teherán cuando ha sido necesario. En Siria, grupos palestinos suníes luchan junto a Al Asad y su ejército sigue estando formado mayoritariamente por suníes, y en Irak varias tribus suníes del oeste colaboran con Bagdad para frenar a los terroristas del Estado Islámico.
Si bien es verdad que afinidades religiosas o ideológicas pueden ayudar a la hora de confeccionar alianzas y, sobre todo, justificarlas discursivamente, la geopolítica de Oriente Próximo sigue rigiéndose mayormente por los intereses particulares de los Estados.
Implicaciones políticas: un país para cada grupo étnico
Podría parecer que el mito de los odios remotos es simplemente una ocurrencia de periodistas o pretendidos expertos sin un conocimiento profundo de la región, pero su propagación no es inocua y tiene consecuencias políticas. Bill Clinton, influido enormemente por un libro de Robert Kaplan, planeó la política estadounidense en la guerra de Bosnia basándose en la creencia de que musulmanes, católicos y ortodoxos llevaban linchándose desde hacía siglos. Barack Obama también actúa influido por el relato de los odios remotos entre suníes y chiíes. Durante el último discurso sobre el estado de la Unión, aseguró que parte de la actual agitación en Oriente Próximo está “originada en conflictos de hace miles de años”, y en más de una ocasión ha manifestado su preocupación por los odios sectarios entre países.

La percepción de que los distintos grupos etnorreligiosos no pueden coexistir debido a los odios eternos es en primer lugar errónea y en segundo lugar peligrosa. Por un lado, pretende velar cualquier atisbo de culpabilidad europea y estadounidense sobre el estado actual de la región. Dado que llevan luchando desde hace miles de años, el apoyo occidental a dictadores represores, a grupos rebeldes partidarios de limpiezas étnicas o la calamitosa guerra de Irak que oxigenó el sectarismo, no son responsables del estallido sectario actual.
Asimismo, la consolidada imagen de los orientales como seres empujados por pasiones étnicas y religiosas propensos a matarse entre sí conlleva otra grave consideración: la corriente —creciente— de opinión que pide redibujar el mapa de Oriente Próximo basándose en las fronteras de la secta. Desde la invasión iraquí, pero especialmente tras las revoluciones árabes de 2011, se han popularizado varios mapas que pretenden rediseñar las fronteras de la región para así salvarla de estos odios étnicos. Numerosos políticos y expertos han abogado por el desmembramiento de Irak o Siria, a pesar de que tales pretensiones secesionistas no figuran en las agendas de los grupos suníes, chiíes o alauíes. Estos cartógrafos amateurs culpan al acuerdo Sykes-Picot, que partió las provincias otomanas tras la Primera Guerra Mundial, de todos los males de la región. A su parecer, el gran error de las potencias coloniales fue crear Estados “artificiales” donde las sectas y otros grupos étnicos se mezclaban, imposibilitando así la concepción de un Estado homogéneo a la europea. Lo que muchos de estos artículos olvidan mencionar es que la creación del Estado nación europeo se basa en siglos de limpiezas étnicas y genocidios culturales para lograr tal nivel de uniformidad.
En 2006, un teniente coronel del ejército estadounidense, Ralph Peters, publicó su versión de lo que debería ser la región arguyendo que, “sin esta revisión considerable de las fronteras, no conseguiremos un Oriente Próximo en paz”. Más recientemente, el New York Times publicó un mapa donde troceaba cinco países en 14 pedazos.
Es ilusorio pensar que la única vía para la paz en la región es meter a cada grupo étnico en su propia caja, sellada y separada de las demás. La Historia de Oriente Próximo está plagada de violencia dentro de la misma secta; solo hace falta mirar a países como Argelia, Libia o Egipto, que, a pesar de no tener minorías chiíes relevantes, poseen un pasado reciente con abundante violencia. Este artículo no pretende argumentar que

cualquier tipo de modificación fronteriza en la región es perjudicial ni niega la existencia de la violencia sectaria. Su intención es evidenciar el peligro de que las políticas occidentales en la región estén basadas en los mismos principios orientalistas de hace cien años, que reducen la identidad y los intereses de los actores de la región a la secta hasta un punto absurdo. Paradójicamente, el uso del prisma sectario acostumbra a conllevar políticas sectarias. Establecer cuotas de poder confesionales, como en Irak, o confeccionar un país para cada etnia solo comportará la creación de nuevas minorías a las que se les negará la plena consideración de ciudadanos por no pertenecer a la nación.


En Yemen, un año de guerra para nada. 
Laurent Bonnefoy, publicado en Le Monde Diplomatique marzo 2016


En la noche del 25 al 26 de marzo de 2015, Arabia Saudí, con la ayuda de una coalición de diez países musulma­nes, en su mayoría suníes, lanzaba una operación militar aérea en Yemen con­tra los rebeldes hutíes. Provenientes de la minoría zaidí, una rama de obediencia chií, estos últimos ejercían desde hacía ya varios meses una fuerte pre­sión sobre el poder yemení, aunque sin amenazar directamente al reino de los Saud. Los partida­rios de Abdel Malek al Huthi, jefe de la rebelión que lleva su nombre, contribuyeron a romper la me­cánica originada en la prometedora "primavera ye­mení" al presionar a Abd Rabbo Mansur Hadi, presidente de transición, para que dimitiera. Para lograrlo, se aliaron con su antiguo enemigo, Ali Abdala Saleh, presidente durante más de tres décadas. Saleh se vio forzado a abandonar el poder en febre­ro de 2012 tras una serie de movilizaciones popu­lares que habían comenzado un año antes, pero se mantuvo políticamente activo. Con el beneficio de la inmunidad, encontró en el movimiento hutí el medio para vengarse de su caída.
Cuando se desató la operación 'Tempestad de­cisiva", los hutíes ocupaban militarmente la capi­tal, Sana, desde septiembre de 2014; además, acababan de tomar Aden, la principal ciudad del Sur. El objetivo anunciado por los saudíes y sus alia­dos era restablecer -oficialmente, a petición pro­pia- el poder de Hadi, que reconsideró el anuncio de su dimisión y que estaba exiliado en Riad. Se tra­taba de empujar a los combatientes hutíes fuera de las ciudades, hacia su cuna septentrional de Saada. Este proyecto contaba con el beneplácito de la co­munidad internacional a través de la resolución 2216 votada por el Consejo de Seguridad de la Organi­zación de las Naciones Unidas (ONU). El Reino Unido, Francia y Estados Unidos abastecían a la coalición de armas y le aportaban su ayuda en materia de inteligencia e información militar. En el pla­no regional, la ofensiva tenía como objetivo minar la influencia de Irán, acusado de hacer avanzar a sus peones por mediación de los hutíes. Innegablemen­te, sin llegar a apoyar a Hadi necesariamente, una parte de la población yemení, principalmente la pro­veniente de las regiones del Sur y opuesta a Al Hu­thi, recibió favorablemente la intervención de Arabia Saudí y de sus aliados (2).
Al final de este primer año de guerra, Ja coali­ción y sus aliados locales o internacionales alcan­zaron sus objetivos sólo de manera muy parcial. Aunque Hadi habría vuelto oficialmente a Yemen tras un exilio de nueve meses en Riad, se mantenía aislado en Aden. Los grupos armados antihutíes, con la ayuda de las fuerzas de la coalición, recupe­raron la gran ciudad portuaria en julio de 2015, pe­ro la situación en el ámbito de la seguridad es precaria. En Aden se vive al ritmo de las amenazas y de los atentados de los grupos yihadistas, entre los cuales se encuentra la rama yemení de la Orga­nización del Estado Islámico (OEI). La sede del Go­bierno fue atacada, y el gobernador fue asesinado en diciembre de 2015; su sucesor se convirtió en el blanco de un nuevo atentado a finales de enero de 2016. La implicación de las Fuerzas Armadas de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) en la protección de la ciudad sólo tuvo un efecto limitado y la re­construcción es todavía un espejismo.
Por otra parte, los hutíes siguen controlando fir­memente la capital, Sana. No chocan con la resis­tencia armada de las tribus o de las poblaciones de los alrededores, de manera que los enfrentamientos en la ciudad y en su entorno son poco frecuentes. Reprimen sin miramientos a la oposición, a los in­telectuales independientes y a los actores islamistas suníes, apoyándose en el aparato de del antiguo régimen. Sin embargo, la ofensiva aé­rea saudí parece haber ampliado el apoyo del que se benefician en el sector noroeste del país, mayoritariamente zaidí y densamente poblado. De este modo, la toma de la capital por quienes apoyan el esfuerzo de reconquista de Hadi no será nada fácil. Además, la coalición, que interviene en el te­rreno desde julio, ya ha sufrido importantes pér­didas. En septiembre de 2015, 83 de sus soldados, de los cuales 45 eran emiratíes, murieron por impacto de misil. A mediados de diciembre, fue­ron 152 los abatidos por otro ataque. Emiratíes y saudíes emplean a mercenarios enviados princi­palmente por la sociedad militar privada estadou­nidense Academia (antigua Blackwater), pero también se apoyan en combatientes locales.
A pesar de los bombardeos y del exilio del Go­bierno reconocido por la "comunidad internacio­nal", los hutíes mantienen cierta imagen de Estado. Aseguran la continuidad de algunas instituciones como el servicio de visados y la Policía de fronte­ras, la Justicia y las universidades. Pagan también los salarios de los funcionarios, incluso aquellos de ilgunas zonas del Sur. Algunos rumores hablan de más rápida disminución de las reservas del Banco Central, pero no hay cifras fiables al respecto.
La tercera ciudad del país, Taiz, tomada por los lutíes en marzo de 2015, fue varias veces proclamada "libre" por los combatientes dirigidos por Ha-nud al Mikhlafi, jefe tribal del partido islamista U-Islah. Sin embargo, aunque los hutíes sólo cuentan con un apoyo muy débil, Taiz sigue cenario de violentos combates. Los rebeldes man­tienen la ciudad con sus aliados del Ejército; han si­do acusados de bloquear la llegada de la ayuda humanitaria, pero también de secuestrar a periodis­tas y a militantes. El destino de la población de Taiz, que debe afrontar un bloqueo a veces comparado por sus habitantes con el de Gaza, fue explotado masivamente en las redes sociales para ilustrar los crí­menes de los milicianos hutíes. De este modo se instauró una lógica de competencia de la victimiza-cíón que impide ver la complejidad del conflicto y el reparto de responsabilidades entre ambos bandos.
Así pues, el balance de la campaña llevada a ca­bo por los saudíes no es demasiado alentador. La estrategia militar mostró rápidamente sus limitacio­nes, sobre todo porque las fuerzas hutíes se mostra­ron capaces de incursionar en territorio saudí. En Yemen se contabilizan más de 4 000 víctimas civi­les. Las organizaciones no gubernamentales (ONG) se alarman ante el riesgo agudo de hambrunas en un país en el que el 80% de la población necesita ayuda con urgencia y donde hay dos millones y me­dio de desplazados. La destrucción de las infraes­tructuras, de las carreteras y de los puentes, pero también de los hospitales, hace muy difícil el traba­jo humanitario. Por ambas partes, los beligerantes, tanto locales como internacionales, muestran un evi­dente desprecio por las convenciones internaciona­les. Aunque todos los beligerantes hayan cometido crímenes de guerra, el conflicto sigue siendo igno­rado por el radar mediático y nada indica que estén dispuestos a volver a evaluar su estrategia.
Las negociaciones de paz en Suiza, impulsadas por la ONU en junio y más tarde en diciembre de 2015, no tuvieron éxito y no culminaron en ningún compromiso. Las treguas que debían acompañarlas sólo eran teóricas; los enfrentamientos y bombar­deos nunca se han detenido. Ni los saudíes, ni los partidarios de Hadi, ni los hutíes parecían tomar en serio las negociaciones. Las presiones diplomáticas que ejercieron los miembros del Consejo de Segu­ridad fueron mínimas y los representantes de las partes, con frecuencia exiliados, se veían superados por las dinámicas locales.
Este conflicto ha sido frecuentemente descrito como un enfrentamiento por procuración entre Riad y Teherán. Sin embargo, en realidad, la República Islámica de Irán parece mantenerse al margen. Al limitarse a algunas provocaciones verbales y, pro­bablemente, a una ayuda de tipo financiero, es evi­dente que el apoyo a los hutíes no constituye un aspecto central de su diplomacia. Al mismo tiem­po, los miembros de la coalición regional no com­parten necesariamente los mismos intereses. Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Unidos (EAU) y Qatar man­tienen diferentes relaciones con el antiguo régimen de Saleh, con el movimiento secesionista del sur y con los Hermanos Musulmanes. La llegada al po­der del rey Salman en Riad condujo a atenuar la ofensiva anti Hermanos Musulmanes lanzada a es­cala regional en 2013. Por el contrario, EAU man­tienen su presión sobre esta parte del campo islamista mientras continúan albergando en su te­rritorio a Ahmed Ali Saleh, a quien perciben sin du­da como una ventaja potencial. No obstante, este último, hijo del ex Presidente y que aspiraba a res­ponsabilidades más altas en otros tiempos, mantie­ne el control sobre las Fuerzas republicanas, aliadas de los hutíes.
De la misma manera se manifiestan algunas di­vergencias entre los países de la coalición y aque­llos a quien se supone que deben apoyar en suelo yemení. ¿Qué papeles desempeñan Hadi y su vice­presidente Khaled Bahah? ¿Cómo se constituye el Estado una vez "liberada" Sana y restauradas las autoridades "legítimas"? Muchas preguntas quedan en el aire debido a las rivalidades internas en la ca­rrera por el poder y a las aspiraciones secesionistas del sur. El conflicto se inscribe en una lógica local ampliamente autónoma; por eso, el final de las in­jerencias regionales aparece como la condición ne­cesaria, pero de ninguna manera suficiente, para una pacificación duradera.
Sin embargo, a medida que el conflicto se pro­longa, las estrategias para alcanzar este objetivo se reducen cada vez más. La disolución del Estado, la destrucción de infraestructuras o la supresión de los partidos políticos, antes fuertemente anclados en la sociedad, son motivo de preocupación. Abren paso a una economía de guerra, a un mercado negro li­gado a la penuria, a los "señores de la guerra" y a las milicias, así como a una fragmentación identitaria, acompañada de una violenta polarización en­tre suníes y chiíes.
Ante esta evolución, una internacionalización podría revelarse constructiva. En efecto, ¿podemos dejar que los protagonistas se las arreglen entre dios? Estados Unidos, el Reino Unido, Francia
otros miembros de la Unión Europea descuidaron el asunto yemení y delegaron en Arabia Saudí para que se ocupara de éste. El cierre de sus embajadas, en febrero de 2015, se realizó en condiciones a ve­ces rocambolescas: los diplomáticos dejaron tras ellos documentos comprometedores y decenas de vehículos blindados en el área de estacionamiento del aeropuerto. Pero, sobre todo, estos cierres no contribuyeron a la comprensión de la situación ni a la reorientación de las políticas aplicadas. Muchosinterlocutores habituales de los diplomáticos extran­jeros se unieron al bando de los hutíes, de manera que los contactos se interrumpieron, particularmen­te en las filas de los servicios de seguridad.
La legitimidad del Estado representada por Ha­di, presidente reconocido por la "comunidad Ínter nacional", es una cuestión compleja en la medida en que sus apoyos institucionales son más que re­ducidos. Además, los intereses comerciales limitan fuertemente la política extranjera de los países occidentales, los contratos de armamento que los li-gaa a las monarquías del Golfo reducen sus márge­nes de maniobra en lo concerniente a la coalición. Sin embargo, no pueden ignorar que se corre el ries­go de que el conflicto en Yemen pueda beneficiar de forma muy directa a los yihadistas, que se ali­mentan de la inestabilidad y de las polarizaciones confesionales (3). Las consecuencias migratorias que no dejarán de manifestarse en los próximos me­ses tampoco pueden dejar indiferentes a las capita­les occidentales (4).
El Gobierno ruso que, como China, se mantu­vo durante mucho tiempo alejado del conflicto, bus­ca ahora desempeñar un papel de facilitador en las negociaciones. Antes de dejar el país, en febrero de 2016, los representantes de la Embajada de Rusia en Sana recibieron a Saleh en numerosas ocasiones, con toda probabilidad para intentar encontrarle una puerta de salida y definir un papel para su hijo. Si el clan Saleh cuestionara su alianza con los hutíes podría, en efecto, permitir que la relación de fuer­zas evolucionara.
En el Consejo de Seguridad de la ONU, el ca­so yemení no ha provocado las mismas tensiones que, por ejemplo, la cuestión siria. Esta relativa in­diferencia forma parte de los factores que ya no inspiran optimismo. De todos modos, todavía hay un margen de maniobra para la diplomacia: iniciar con firmeza a la negociación, presionar a los beligerantes para que respeten el derecho interna­cional, endurecer las sanciones específicas y brin­dar apoyo institucional al
enviado especial de la ONU, el mauritano Ismail Ould Cheikh Ahmed. Aunque los cascos azules, de moda en los años 1990, ya no gozan de tanta popularidad, el envío de una fuerza de mantenimiento de la paz podría ser una solución a medio plazo. La hipótesis ya ha sido mencionada, en particular por algunos parti­darios de la secesión del sur.
Más allá de las cuestiones ligadas al cese de las hostilidades las perspectivas de desarrollo económico han sido muy descuidadas durante la fase de transición, entre 2012 y 2014. Este desacuerdo contribuyó a socavar el poder de Hadi y a acrecentar la popularidad de los hutíes, de los sudistas y de algunos yihadistas, que se inscribían fuera de la política institucional. Una política de ayuda coherente debería implicar no sólo a las potencias regionales, sino también a los países europeos y norteamericanos. A largo plazo, esta forma de internacionalización se revelaría no sólo menos costosa que la intervención militar actual, cuyo coste se estima en 200 millones de dólares al día, sino también, sin lugar a dudas, más eficaz.


ENTREVISTA EXCLUSIVA CON EL CORONEL DEL EJÉRCITO DE TIERRA PEDRO BAÑOS BAJO, UNO DE LOS PRINCIPALES ESPECIALISTAS ESPAÑOLES EN ESTRATEGIA Y GEOPOLÍTICA
“Los servicios secretos de Turquía crearon el Estado Islámico”


¿En qué contexto surge el autodenominado Estado Islámico (EI)?

Hay que indagar con detenimiento en el pasado inmediato de Irak y Siria para entender los orígenes del Estado Islámico y, para ello, tendríamos que empezar por comprender lo que sucede con la invasión de Irak por parte de Estados Unidos en el año 2003.

Ese año, cuando Estados Unidos entra en Irak, se pone en marcha un proceso que descompone por completo la estructura burocrática del partido Baaz de Sadam Hussein, dominada hasta entonces por los sunitas. Debemos tener en cuenta que Irak como país surgió en 1932 como un estado artificial creado por los británicos que unieron a tres etnias que históricamente habían estado enfrentadas entre sí: los chiitas en el sur, los kurdos en el norte y los sunitas en el centro, en Bagdad, y en la parte occidental del territorio.

Los sunitas dominaban Irak alrededor de Sadam Hussein cuando el ejército norteamericano llegó en 2003 y les expulsó de todas las instituciones del país. Los suníes son obligados a abandonar las estructuras civiles, las fuerzas militares, los servicios de inteligencia y los órganos policiales con lo que miles de personas se marchan a la calle, sin control, con muchísima información, con dinero y con todas las armas que tenían en su vida profesional.

Y todo esto provoca una grave inestabilidad…

En ese momento se alumbra una situación que, por un lado, presenta a todas las fuerzas de Irak empeñadas en expulsar a los americanos del país, ya que consideran que éstos son una fuerza invasora. Y, por otra parte, estalla una guerra civil sectaria y brutal -que alcanza su mayor nivel de expansión entre los años 2006 y 2007- entre los sunitas que habían sido expulsados del poder iraquí y los chiitas que, junto con los kurdos, en menor medida, se hacen con el control de las instituciones de Irak tras la entrada de los norteamericanos en Bagdad.

Estados Unidos diseña el Gobierno de Nuri al-Maliki que, además,  a modo de venganza, comienza a cometer muchísimas tropelías contra los suníes que habían estado en el poder en los tiempos de Sadam Hussein. Bajo el mandato de Al-Maliki, a los sunitas se les encarcela sin juicio previo, se les margina de la vida política y social, y no se respeta ninguno de sus derechos más elementales.

Mientras tanto, ¿qué ocurría en Siria?

Mientras todo esto ocurría en Irak, en Siria estaba vigente el gobierno autoritario de Bashar al-Asad, que éste, a su vez, había heredado de su padre. Siria era, en esos momentos, un país laico y tremendamente tolerante desde el punto de vista religioso que vivía en un escenario de estabilidad y en el que convivían múltiples y diferentes creencias (yazidíes, drusos, cristianos o kurdos, entre otras) que estaban prohibidas en otros países de Oriente Medio o del Golfo.

Dicho esto, hay que tener en cuenta que desde un punto de vista interno, una parte de la sociedad siria consideraba que el socialismo que preconizaba Bashar al-Asad no era lo suficientemente expansivo para las clases más desfavorecidas. Este descontento había propiciado, todavía de una forma muy latente, cierta convulsión social, que se vio incrementada porque coincidió en el tiempo con un periodo de grave sequía.

¿Cómo influyó en esta región el estallido de lo que se conoció como “Primavera Árabe”, en Túnez, en 2011?

En mi opinión, lo que ocurrió en Túnez en el año 2011 no tenía detrás motivaciones ideológicas o políticas, sino solamente unas reivindicaciones sociales y económicas. Por el contrario, lo que comenzará a suceder en Siria apenas unos meses después de las primeras revueltas en Túnez, de ninguna manera es algo espontáneo: se trata de un proceso absolutamente dirigido, manipulado e instrumentalizado desde el exterior.

¿Por qué? Porque, desde el punto de vista de Estados Unidos, Bashar al-Asad se había convertido en el máximo responsable de un país paria, de un país irresponsable que, según el Departamento de Estado, apoyaba el terrorismo, que intervenía en Líbano, que amenazaba a Israel y que apoyaba a organizaciones terroristas como Hezbolá.  Además, el partido Baaz de Bashar al-Asad defendía un socialismo muy particular, marcadamente anticapitalista, panarabista y, por supuesto, enfrentado con las monarquías del Golfo, no solamente porque éstas sean sunitas sino, sobre todo, porque son rigoristas. Hay que tener en cuenta que Bashar al-Asad y su grupo étnico son alauitas (rama chiita) que están enfrentados históricamente con los sunitas.

Es importante entender que si todos los conflictos con poliédricos y en ellos intervienen multitud de factores diferentes, el exponente máximo de esta complejidad es lo que está ocurriendo en Siria, donde se está produciendo, al mismo tiempo, un enfrentamiento religioso y un enfrentamiento geopolítico regional y mundial. No podemos olvidar que, en este contexto, Rusia, y en menor medida China, después de lo ocurrido en Libia y Egipto, trataron de poner freno a lo que consideraban un excesivo intervencionismo de Estados Unidos en la zona. En estos momentos, la única base militar que tiene Rusia en el exterior de su territorio se encuentra en el Puerto de Tartús, en Siria.

Nacimiento del autodenominado Estado Islámico (EI)

“Recordemos que, en Irak, tras la invasión norteamericana de 2003, los sunitas se encontraban en lucha contra el Ejército de Estados Unidos a través de acciones terroristas, y también se encontraban enfrentados a los chiitas de Nuri al-Maliki, que les había reprimido y expulsado de los órganos de poder. Fundamentalmente, estos sunitas habían pertenecido a la policía, al Ejército o a algunos de los nueve servicios de inteligencia que tenía Sadam Husein, y además disponían de armas, estaban muy bien preparados militarmente y, en su mayor parte, poseían una amplia experiencia de combate en Afganistán. Los sunitas más combativos y más peligrosos para el régimen chiíta de Nuri al-Maliki habían sido encerrados arbitrariamente en múltiples prisiones iraquíes”…

Permítame que le interrumpa. ¿Puede decirse, entonces, que todo comenzó en Afganistán? 

Ciertamente, todos estos lodos vienen, estrictamente, de los polvos iniciales que se expandieron por Afganistán.

En los primeros años ochenta del pasado siglo XX, la CIA norteamericana, el MI6 del Reino Unido y el ISI -el más grandes de los tres servicios secretos paquistaníes- crearon, con el objetivo de expulsar a los soviéticos de este país, un grupo de extremistas y de fundamentalistas islámicos que consigue en muy pocos meses reunir a 50.000 combatientes de más de medio centenar de países. Así nace Al Qaeda, y no los talibán como, en ocasiones, se cree erróneamente.

El movimiento talibán surge en Afganistán, bajo el llamamiento del propio pueblo afgano, con el objetivo de expulsar a los muyahidines de Al Qaeda que, a su vez, habían conseguido expulsar a los soviéticos. Los talibán eran los estudiantes puros del Corán que se hallaban en la frontera entre Pakistán y Afganistán, y que fueron llamados por los afganos para poner orden en el desorden, el caos y la violencia impuesta por los muyahidines después de hacerse con el control del país.

Pues bien, cuando en 2011 comienzan en Siria las revueltas contra Bashar al-Asad, rápidamente se observa que los rebeldes, por sí solos, no podrán derribar al Gobierno de Damasco. Es en ese punto cuando a “alguien” se le ocurre repetir la táctica y buscar a un grupo de personas militarmente bien preparado, bien entrenado, que sea suní y que se capaz, de un modo feroz, de expulsar del poder sirio a Bashar al-Asad. Así se crea, importando a los sunitas represaliados en Irak, el posteriormente autodenominado Estado Islámico que, en aquel momento se llamó Estado Islámico de Irak y Levante.


¿Quién es ese “alguien” detrás del Estado Islámico?

Fundamentalmente, los servicios de inteligencia turcos y los países del Golfo, encabezados por Arabia Saudí que, por cierto, es un país que, de forma oficial, comete actos tan execrables y horrendos como los que comete el Estado Islámico. En 2014, Arabia Saudí ejecutó, por decapitación, a casi un centenar de personas. En algunos casos por ser “responsables” de “crímenes” tan abominables como ser homosexual o cometer adulterio.

En este punto, y para darnos cuenta de esta influencia de Turquía y de las monarquías del Golfo, es importante tener en cuenta dónde surge, geográficamente, el Estado Islámico. Si nos fijamos bien, el EI empieza sus acciones en el norte de Alepo (segunda cuidad siria) porque es una zona muy próxima a Turquía en la que el servicio secreto de este país, el Milli Istihbarat Teskilati (MIT), actúa con comodidad. Fueron los servicios secretos turcos los que, en un primer momento, suministraron armas, apoyo y financiación al Estado Islámico. Uno cosa debemos tener clara: si el EI, incluso con la fuerza que tiene en estos momentos, no tuviera apoyo externo, no existiría. Esta es la auténtica realidad.

La estrategia militar del Estado Islámico es magnífica, está perfectamente diseñada y planificada. Quien está dirigiendo la batuta de esta gente es alguien muy experto en temas militares y estratégicos. Esto es importante tenerlo en cuenta porque, en ocasiones, la imagen que llega a la opinión pública es que el Estado Islámico solamente está formado por un puñado de salvajes que se dedican a quemar y decapitar a muchísimas personas. Pero esto no es solamente así, en absoluto. Estamos hablando de la civilización más antigua del mundo. Esta gente nos lleva una ventaja de siglos de astucia, especialmente a los europeos, que nos creemos el centro del mundo y no lo somos en absoluto.

¿De dónde nace militarmente el Estado Islámico?

Como decíamos antes, ya hemos visto que en Irak se encontraba un gran número de personas despreciadas, humilladas, apartadas y, en ocasiones, encarceladas, muy preparadas militarmente. Y hemos visto que, en un momento dado, a “alguien” se le ocurre que esta gente puede ir a luchar a Siria para acabar con el régimen de Bashar al-Asad y para apoyar a unos grupos de rebeldes que, desorganizados y enfrentados entre ellos, son tan bárbaros como los demás.

En ese momento, y “casualmente”, es cuando se produce la huida de la prisión de máxima seguridad más importante de Irak de un millar de combatientes suníes. A estos presos se les traslada a Siria, se les dota de armamento y se les financia con generosidad, y, en muy poco tiempo, pasan de ser 1.000 a ser 5.000, llevados y pagados desde muchos lugares del mundo. Fanáticos, gente marginada, mercenarios y gente con ganas de aventura, hay en todos los lugares. Si proporcionas a estas personas una bandera en la que arroparse, una idea por la que luchar y por la que morir, y además les entregas una paga, tienes un ejército formado.

Así fueron los primeros pasos del Estado Islámico. Los suníes iraquíes, tras contemplar el avance inicial del Estado Islámico en Siria, vuelven a llamar a este país a parte de estos combatientes para que colaboren también en la lucha ya abierta contra el chiita Al-Maliki, líder del gobierno iraquí. Es, de este modo, como también comienza la presencia, de un modo organizado, del Estado Islámico en Irak.   

A partir de este punto, el EI pone en marcha una efectiva, truculenta y terrorífica campaña a través de los medios de comunicación y las redes sociales, divulgando sus decapitaciones y asesinatos, y tratando con ello de conseguir un importante efecto publicitario que tiene varios objetivos: captar fondos, atraer nuevos combatientes, conseguir el apoyo de las poblaciones sunitas e intimidar a los ciudadanos de los países que, en esos momentos, están luchando contra ellos.

Esta actividad propagandística les funciona perfectamente, en parte por sus méritos, pero, sobre todo, porque Occidente, a través de sus medios de comunicación, no deja de agrandar la imagen del Estado Islámico.

¿Por qué Youtube acoge millones de vídeos en los que se recogen todas y cada una de las tropelías y salvajadas del EI? ¿Por qué ocurre esto cuando si a alguien se le ocurriera, por ejemplo, colgar un vídeo de violencia machista o de pedarastia éste apenas duraría unos segundos en el canal? ¿Por qué se siguen manteniendo los montajes audiovisuales del Estado Islámico? ¿Cómo llegan estos vídeos a todas las televisiones del mundo? ¿Por qué todos ellos son distribuidos a través de Site Intelligence Group, una empresa de comunicación, de estudios y de análisis norteamericana? Y lo que es más importante: si asumimos que uno de los fines principales del Estado Islámico es atemorizar a los ciudadanos occidentales a través de la propaganda, y lo están consiguiendo, y si coincidimos en que, tal y como explicaba Margaret Thatcher,  la publicidad es el oxígeno del que viven los terroristas, ¿por qué los medios occidentales están proporcionando al EI este oxígeno? Esta es una de las grandes cuestiones que tendríamos que plantearnos si queremos enfrentarnos a este tema con seriedad.

Más allá de la retórica que suelen utilizar los líderes de este grupo a la hora de hablar de los fines de su organización, ¿cuáles son, desde un punto de vista geopolítico, los objetivos fundamentales del EI?

Lo que llama la atención, lo que está de moda, es señalar la voluntad del Estado Islámico de conquistar el mundo, de alzarse, nuevamente, con el Califato histórico. Pero, en mi opinión, lo que busca el EI son objetivos locales.

En Siria, el objetivo es muy claro: expulsar del poder a Bashar al-Asad. Por cierto, no he leído  todavía ningún análisis serio sobre lo que realmente significaría expulsar del poder a Bashar al-Asad y que reflexione sobre qué salvajes y extremistas se quedarían con este país en el caso de que esto ocurriera.

Siria, en manos de Bashar al-Asad, era un país socialista que no gustaba a muchos; además, era un país nacionalista árabe, que tampoco gustaba demasiado; y, por si todo esto fuera poco, estaba enfrentado a las monarquías del Golfo, que tienen subyugados a sus ciudadanos. Además, Siria se había enfrentado a Israel y había apoyado a Hezbollá en Líbano, país al que considera como parte de su territorio. En este contexto, y en el marco de las “primaveras árabes”, Siria apareció como el enemigo a batir a nivel internacional y para ello se fomentaron, se alentaron y se financiaron las disidencias internas para acabar con Bashar al-Asad. Al mismo tiempo, Rusia, por necesidades geoestratégicas (Puerto de Tartús), e Irán, por compartir creencias chiitas, comienzan a apoyar al régimen sirio.

Por otro lado, el objetivo estratégico del Estado Islámico en Irak es, sin duda, hacerse con la mayor parte de territorio posible, con el mayor número de habitantes y con la mayor cantidad de recursos energéticos, para, al menos, poder sentarse a negociar con el Gobierno de Al-Maliki un reparto proporcionado del poder y, sobre todo, de los beneficios obtenidos por la venta del petróleo. Para presionar en este sentido, para poder negociar desde una posición de fuerza, el EI trata de quedarse con los hidrocarburos iraquíes, pero también con los recursos acuíferos de este país. Por eso, la mayor parte del terreno capturado por el EI en Irak está alrededor del río Éufrates, ya que en un país mayoritariamente árido y desértico, quien domina el agua, domina a la población, y quien domina a la población, domina el Estado.

Estos son los objetivos principales. Cierto es que el Estado Islámico se está expandiendo en Libia, que es un caldo de cultivo ideal para este tipo de organizaciones, pero su presencia en este país, desde un punto de vista estratégico, solamente trata de distraer la atención de los que son sus objeticos fundamentales: Siria e Irak.

También parece que existen muchos grupos terroristas y milicias islamistas, a lo largo y ancho del mundo, que han mostrado “su lealtad” al Estado Islámico, pero todos estos son grupos que persiguen objetivos locales en sus respectivos ámbitos de influencia. ¿Por qué dicen que muestran fidelidad al Estado Islámico? Porque, de esta forma, se atribuyen parte del poder propagandístico que tiene esta “marca”.

¿Es difícil acabar militarmente con el Estado Islámico”

Hay que tener en cuenta una cuestión fundamental: el EI dice que dispone de 50.000 combatientes. Desde una lógica militar, estamos hablando de 50.000 combatientes que se encuentran en una de las zonas más llanas y desérticas del mundo. Y que son observados permanentemente por drones, aviones de reconocimientos y satélites que tiene una capacidad mínima de reconocimiento de 20 centímetros.

Estamos hablando, militarmente, del escenario más fácil del mundo para obtener una victoria.  ¿Dónde se refugia al Estado islámico? En el interior de las poblaciones, que es otra de las formas que, desde tiempos inmemoriales, han tenido los ejércitos de protegerse del avance enemigo. Por eso, intentar terminar con el EI de un modo muy activo provocaría muchas bajas civiles. Pero, dicho esto, ¿cómo no se va a poder acabar con una “amenaza para el mundo”, tal y como dicen algunos, que está formada por 50.000 combatientes que, además, carecen de recursos aéreos y que tampoco tienen medios potentes de defensa antiaérea?

Si de verdad se quisiera acabar con ellos, con 50.000 hombres en un terreno desértico, sin medios aéreos y sin defensas antiaéreas, se tardaría apenas un puñado de horas. Tres divisiones acorazadas, con fuerzas especiales y apoyo aéreo y de artillería a distancia,  sería suficiente. Por este motivo, a todas esas voces que dicen que el EI es poco menos que el enemigo que va a acabar con el mundo, hay que decirles que no es el caso.   

¿Qué papel desempeña el control del petróleo en este escenario de conflicto multibanda?

Hay algunos análisis pretendidamente serios que afirman que el Estado Islámico obtiene, al año, entre 500 y 2.000 millones de dólares por la venta de hidrocarburos. Con relación a esto, hay que tener en cuenta que cualquier vendedor necesita, siempre, un comprador, Y, por otro lado, hay que ser conscientes de que todo el petróleo tiene su propia marca, su propio ADN. De hecho, es posible determinar de qué reserva ha salido determinada cantidad de petróleo, ya que éste nunca sale puro sino que brota contaminado por una serie de compuestos que varían dependiendo de la zona en donde se encuentra el pozo. Esta traza puede seguirse.

En otro orden de cosas, para vender petróleo, en crudo o refinado, por valor de 2.000 millones de euros, hay que mantener una logística muy compleja que permita transportarlo fuera de Irak y de Siria. Como decíamos antes, estamos hablando de territorios llanos y prácticamente desiertos, ¿cómo es posible que nadie pueda seguir los convoyes de camiones que sacan el petróleo de estos territorios? Y, lo más importante, ¿quién está comprando ese petróleo? Tiene que haber algunos países o algunas empresas multinacionales que estén adquiriendo este petróleo, que podría venderse con reducciones en el precio del barril de hasta 30 dólares.  Además, se da la circunstancia de que Irak, a pesar de la situación sumamente convulsa que atraviesa el país, está produciendo actualmente más petróleo que en toda su historia. Es claro que si el Estado Islámico, los kurdos y otros actores están cediendo petróleo, hay que pensar que alguien se está beneficiando de estas ventas.

Entonces, ¿cómo habría que acabar con el EI?

Para luchar efectivamente contra el Estado Islámico hay que intervenir sus fuentes de financiación. Las principales son la venta de petróleo y la venta del patrimonio arqueológico de Irak y Siria.

Se calcula que el EI cuenta con unos 1.000 millones de dólares para mantener el “Estado” que quiere formar alrededor de una interpretación máxima y rigorista de las leyes islámicas, un “Estado” en el que actualmente viven entre seis y ocho millones de personas. Si se les cercena las fuentes de financiación que tienen para, de una manera u otra, mantener a estas personas, antes o después una gran parte de esta población se volverá contra ellos. El EI está obligado a gastarse, además, unos 10 millones de dólares mensuales en mantener a sus combatientes. Si en un momento dado estos combatientes dejan de cobrar su mensualidad, se marcharán. 

Otra línea de actuación consiste en mantener reuniones y encuentros con los líderes tribales suníes para garantizarles que se les va a restituir en sus puestos políticos y en su estatus social y económico a cambio de que ellos mismos se encarguen de expulsar a estos combatientes.

Otra vía de trabajo pasaría por reunir seriamente a todas las partes implicadas en el conflicto (Turquía, Irán, monarquías del Golfo, Estados Unidos y Rusia, fundamentalmente) y exigirles la búsqueda inmediata de una solución a un problema que ellos, en mayor o menor medida, han creado.

En mi opinión, una intervención militar, exclusivamente, contra el EI, no es la solución. Una intervención militar excesivamente potente causaría muchas bajas civiles en Irak y en Siria. También comenzarían a surgir voces críticas en las sociedades occidentales porque comenzarían a producirse bajas en nuestras filas. Además, hay que tener en cuenta algo muy importante en este mundo: su percepción de la venganza. La venganza es uno de los pilares de la sociedad musulmana. Cada vez que alguien mata a una persona de una familia, el resto de ésta se encuentra obligada a vengarse, pasen las generaciones que pasen. Por ello, y como está ocurriendo en Afganistán, una intervención militar demasiado fuerte provocaría un enquistamiento del problema.

¿Posee o tiene acceso el Estado Islámico a armas de destrucción masiva?

Lo primero que hay que definir es qué es un arma de destrucción masiva. Si entendemos por armas de destrucción masiva las armas que tienen un gran poder destructor en un breve espacio de tiempo y con consecuencias permanentes, estamos hablando entonces de medios nucleares, biológicos, químicos o radiológicos.

¿Puede hacerse el EI con armas nucleares potentes que, además, y esto es importante, dispongan de su respectivo medio de lanzamiento? Creo que esto, en el momento actual, es prácticamente imposible. Una cuestión diferente es que los combatientes del EI puedan acceder a lo que se conoce como una bomba sucia, que prácticamente se puede fabricar en cualquier universidad que tenga un buen laboratorio. Pero los efectos de una bomba de este tipo son bastante limitados.

Si hablamos de armas químicas, hay que tener en cuenta que el abanico de este tipo de armamento es muy variado. Un arma química puede fabricarse prácticamente en casa. Pero de disponer de grandes cantidades de armas químicas, con sus respectivos vectores de lanzamiento, es un tema muy diferente, y yo creo que hoy es algo prácticamente imposible para el Estado Islámico.

Por otro lado, todo el mundo tiene mucho miedo a las armas biológicas porque, al final, nunca sabes si éstas se van a volver contra ti. Para tener un arma biológica, primero debes tener una vacuna contra esa arma biológica, y yo creo que el Estado Islámico no tiene esta capacidad.

En estos momentos, ¿es el Estado Islámico la principal amenaza para Occidente?

El Estado Islámico debe ocupar muchos de nuestros esfuerzos de defensa, pero nos debe preocupar lo justo y, desde luego, no nos debe obsesionar en absoluto.  Hay que luchar contra el fanatismo violento y hay que luchar contra los radicalismos que pueden llegar a perjudicar seriamente a nuestras sociedades, pero lo que nos tiene que preocupar de verdad es la seguridad de los seres humanos.

Cuando hablamos de que el EI es una amenaza para Occidente, debemos concretar qué entendemos por Occidente.

Barack Obama, por ejemplo, dice que nos enfrentamos al “yihadismo global” porque esto es un problema global de todo el mundo. Es una falacia. No se puede afirmar que nos encontramos ante un “problema global” cuando, incluso, hay países de la Unión Europea que no se sienten concernidos por esta amenaza. ¿El “yihadismo global” es, por ejemplo, una amenaza para un país como Venezuela, que tiene anualmente más de 25.000 muertos por delincuencia común? ¿Qué preocupa el “yihadismo global” a países sudamericanos como El Salvador u Honduras, que están puestos contra las cuerdas por la presión de las maras (mafias) locales? ¿Qué vamos a decirles del “yihadismo global” a países como Japón o Corea del Sur? A la inmensa mayoría de los países del mundo, el “yihadismo global” no les afecta en absoluto.


En Europa, en mi opinión, la brecha de seguridad más importante se halla en Ucrania. No somos conscientes de lo que estamos haciendo con Rusia. ¿Hasta dónde pretendemos presionar a Rusia cuando sabemos, además, que Rusia es un país que no se va a dejar presionar? Tenemos que revisar la historia y debemos tener en cuenta la idiosincrasia de lo pueblos. La situación en Ucrania es el principal reto para la seguridad que tenemos actualmente en Europa.

La obsesión del Gran Hermano saudí por islamizar España
Publico 27/6/2015

Los cables de Wikileaks revelan que los "amigos españoles" de Riad siguen obsesionados con Al Andalus. Pretenden extender su influencia sirviéndose de sus mezquitas, de canales como Córdoba T FERRAN BARBER BARCELONA.-

Sabíamos ya por otros cables publicados hace ahora cinco años que la monarquía medieval saudí ha impuesto un modelo de gobierno basado en la segregación racial, la esclavitud y una visión rigorista, desquiciada, violenta y herética del Islam -el wahabismo- mientras tolera que los cachorros de su realeza organicen bacanales al grito de “sexo, droga y rock and roll”. Un primer examen realizado por Público de una pequeña parte de los cables diplomáticos saudíes referentes a España y liberados el pasado viernes por Wikileaks viene, ahora, a confirmar que los custodios de las Dos Mezquitas Sagradas siguen suspirando por Al Andalus. 

Los cruces de mensajes entre las embajadas y la administración saudí arrojan también alguna luz sobre los procedimientos de los que se sirven para extender su influencia en España. Sólo la opulencia de estos jeques, su astuto juego de alianzas y los suculentos contratos millonarios con los que compran voluntades han impedido hasta la fecha que su país sea tratado como un “estado-paria”. En no pocos aspectos, su modelo de gobierno se asemeja al de Daesh (Estado Islámico, de acuerdo a sus siglas árabes), como bien saben los cristianos filipinos o los musulmanes e hindúes bengalíes a los que a menudo esclavizan bajo el paraguas 
legal de unas leyes laborales y civiles medievales. Sólo a un régimen tan extravagantemente autoritario y brutal como el Saudí se le hubiera ocurrido reaccionar al escándalo de Wikileaks dirigiéndose a sus ciudadanos para que ignorasen “esos cables falaces en beneficio del país”. En las redes sociales de los estados del entorno árabe se leían esta semana comentarios jocosos de esta guisa: “Como siempre, pretenden que actuemos como burros”. Obviamente, no es ninguna coincidencia que les haya explotado la bomba informativa en el noveno mes lunar del calendario musulmán. 

Distopía saudí
Arabia en Ramadán es una pesadilla postapocalíptica. La gente cuenta los minutos hasta el iftar, la comida nocturna que pone término al 'sawm' o ayuno, y se refugia en los patios y las casas a dormitar como lagartos hasta el atardecer. Pasear por las desiertas avenidas de Riad tratando en vano de agarrarse de la estela de 
algún taxi es una experiencia de una intensidad emocional incomparable. Hasta que cae la noche, ni un alma camina por las calles de esta ciudad abrasada por la cosmogonía de un camellero árabe. La policía para la Promoción de la Virtud y la Prevención de los Vicios se emplea, más que nunca, a fondo. Algunas unidades 
llevan en las hombreras un ojo aterrador, que es a su vez una advertencia, cuando no una inspirada concreción del Big Brother beduino.

Claro que la sociedad de los custodios de la fe islámica parece igualmente concebida a imagen y semejanza del Brave New World de Huxley (Un mundo feliz). El sistema de castas perfilado por el escritor norteamericano en su novela es un reflejo casi perfecto del mundo de los jeques. De una lado, los alfas de la familia saud y sus amigos, una clase ociosa de parásitos conectados por una compleja red social basada en el favor recíproco. Y de otro, los emigrantes bengalíes, paquistaníes y filipinos, esclavizados con la soma de los 
petrodólares. Arabia es una perfecta traducción al árabe del apartheid surafricano, además de una horrenda encarnación de una distopía ciberpunk.
Los cables publicados por Wikileaks vienen a demostrar lo que, en el fondo, ya sabíamos, que el Gran Hermano wahabita también está fisgando en la entrepierna de los musulmanes españoles. A juzgar por el centenar y medio de comunicados alusivos a España que ha examinado este diario, los servicios de información de la embajada dan cumplida cuenta de los más mínimos detalles referentes al desarrollo y los avances del Islam en nuestro país. Cuando la ocasión lo merece, es informado incluso el rey y, por supuesto, los ministros. 

De las comunicaciones de sus servicios diplomáticos se colige que España es un objetivo preferente dentro de su cronograma para la islamización del mundo. Muchos de los actos organizados y financiados por el Gobierno de Riad no van tanto dirigidos a los musulmanes de origen extranjero como a los conversos 
españoles. Ampliar su número y atraerlos a su área de influencia es, a juzgar, por los cables, una de sus principales obsesiones. 

Odian casi tanto a Irán como a los israelíes y hace ahora tres años se sirvieron de España para librar una encarnizada guerra mediática que culminó en la creación del canal musulmán 
Córdoba TV, al que hace alusión un número significativo de cables. Esta cadena con sede en San Sebastián de los Reyes (Madrid), fue la respuesta de Riad a la iraní Hispan TV. Entre los comunicados más intranscendentes de la embajada, se hallan un buen número de extractos de prensa donde se toma el pulso a la opinión pública española, en relación a ambos proyectos
“Muy secreto. Muy urgente. Les informamos de que el Ministerio ha recibido una carta de la Embajada de España en Riad (adjuntamos fotocopia con la traducción), sobre las intenciones de Abdel Aziz Fauzan, hijo del jeque Saleh Fauzan (miembro del Consejo de los Ulemas) de establecer un cadena de televisión en 
Madrid con el nombre de Córdoba, que se espera que empiece a emitir el próximo mes de octubre [de 2012]. También nos explican la posición del Gobierno español al respecto. Esperamos que esa embajada nos mande información detallada sobre dicha cadena, junto con sus opiniones y sugerencias de cómo tratar ese asunto”, se afirma en uno de los cables traducidos por Público. Algunos días después, el propio ministro de Asuntos Exteriores, Saud Al Faisal, recomendaba en otro cable responder de este modo a los recelos del Gobierno de Rajoy: […] “la cadena de TV en cuestión es un canal privado y la inversión pertenece a la fundación Risalat Al Islam, esa fundación tiene 
como presidente del consejo de administración al jeque Abdullah bin Munia. La cadena será supervisada por el Dr. Abdul Aziz Al-Fawzan (profesor de Jurisprudencia Comparada en el Instituto Superior de la Judicatura). Ni el gobierno de Arabia Saudita ni su embajada tienen conexión con dicha cadena. [...] así que la decisión de dar autorización o no solo incumbe al gobierno español, de conformidad con sus leyes y reglamentos nacionales”.

La creación de Córdoba TV se inscribía, entre otras cosas, en el contexto de la guerra que los saudíes sostienen contra el denostado Irán para extender su influencia por España y América Latina. En vísperas de la apertura de este medio de comunicación, se desencadenó una auténtica carrera contrarreloj para imponerse 
a Hispan TV. 

Por otra parte, de los cables se deduce que el Gobierno español intentó detener o, al menos, obtener garantías adicionales, antes de otorgar las licencias. Que los saudíes adujeran que se trataba de una iniciativa privada era, cuando menos, irrisorio, dada la proximidad de sus principales accionistas a los gobernantes del país. Ambas cadenas pasaron finalmente a formar parte de la parrilla digital española, en parte gracias al descontrol que se produjo en la adjudicación de las licencias. No se conoce otro caso similar en el entorno geopolítico de Occidente.


Sumisión a Arabia .
Si alguien tenía alguna duda acerca de que la llamada “mezquita de la M-30” de Madrid se halla bajo la influencia de los mecenas wahabitas que la financiaron, ésta queda descartada por numerosos cables. “El director del Centro Cultural Islámico informa de que está preparando la interposición de una demanda 
contra el escritor (Enrique de Diego) por sus ofensas contra el Islam y los musulmanes y por poner en la portada del libro la foto del centro islámico junto a uno los trenes que fue atacado por terroristas el 11 de marzo, en Madrid, lo cual supone una ofensa al Centro Cultural Islamico que es un minarete cultural”, se lee en otro documento. El mencionado escritor es Enrique de Diego, un periodista vinculado al ala más dura de la derecha española que, en la actualidad, colabora con Alerta Digital.
El libro fue publicado por Rambla, en 2010, y tal y como señala el cable, asociaba el Centro Cultural Islámico, situado en la calle Salvador Madariaga de Madrid, al atentado terrorista cometido en nuestro país. Lo verdaderamente significativo de este cable es que los responsables de la macromezquita consultaran a los funcionarios de la embajada acerca del modo en que debían proceder. 


Pago a los imanes españoles.
Mucho más sorprendente resulta el hecho de que fuera el propio Gobierno de Rajoy quien aceptara abiertamente que las monarquías medievales del Golfo financiaran y proporcionaran asistencia técnica a las comunidades musulmanas españolas. Ni es nuevo ni desconocido que el Ejecutivo español se sirvió en 2011 
de sus servicios diplomáticos para intentar persuadir a Kuwait, EAU, Qatar y Arabia Saudí, de que efectuaran sus donaciones a los proyectos de las comunidades islámicas españolas a través de las solicitudes tramitadas por la Fundación para la Diversidad y la Convivencia. Durante las reuniones mantenidas hace ahora cuatro años, se repartió un folleto que aparece traducido entre los cables, donde se fijaban las condiciones que debían cumplir los candidatos. 

Evidentemente, el Gobierno de Rajoy trataba de crear algún mecanismo de control sobre el dinero que destinan las petromonarquías a los musulmanes españoles. “Tengo el honor de dirigirme a usted) para informarle del deseo del ministro (secretario de Justicia español) de que la asistencia técnica (y la normalización de los pagos a los centros islámicos” se lleve a cabo a través de la Fundación para la Diversidad y Convivencia, promovida por el gobierno español para apoyar las religiones de las minorías”, se afirma en otro de los cables.
Es significativo que el Gobierno conservador del PP apoyara de esta forma tácita la financiación de imanes por países extranjeros de dudosa credibilidad mientras otros países europeos como Austria o Noruega se aprestaban a prohibir la financiación saudí, amparándose en el principio de reciprocidad que defiende el 
Vaticano. “¿Cómo puede permitirse que financie los imanes que impartirán clases de religión en España un país que ni siquiera tolera la práctica del cristianismo dentro de sus fronteras?”, adujeron en su día los contrarios a esta iniciativa. Tal permisividad es comprensible, en todo caso, a la vista de los suculentos 
contratos que venían negociándose para empresas españolas y que culminaron en la adjudicación de la línea de tren de alta velocidad que conecta La Meca y Medina. 


Islamización de España.
Por otro lado, llama igualmente la atención la importancia que confirieron los saudíes al asunto. Incluso el rey fue puntualmente informado de todas estas cuestiones, según consta en los cables traducidos por este diario. Este hecho sólo puede entenderse a la luz del interés y el carácter estratégico que los saudíes confieren a España en sus planes de islamización. Otro de los cables abunda e ilustra certeramente este hecho. 

Asimismo, varios mensajes consulares se refieren al interés de los custodios de las Dos Mezquitas Sagradas por contar con españoles cubriendo el Hayy (o peregrinación a La Meca). Estaban dispuestos incluso a pasar por alto sus estrictas condiciones (entre ellas, se entiende tácitamente, la de que fuera musulmán), si 
conseguían que un conocido medio español de comunicación enviara un periodista a cubrir esos eventos religiosos. Hay también un número significativo de cables dedicados a la organización de una conferencia sobre jurisprudencia islámica, especialmente dirigida a los “conversos españoles”.
A juzgar por este primer 'pack” analizado por Público, la verdad es quincalla en el bazar de los petromercachifles con turbante saudíes. Han trapicheado con ella como tahúres y gracias a sus amigos de 
Occidente, al poder que da el dinero y a su fascinante habilidad para convertir lo tuerto en recto, vienen ganando la partida. ¿Significa esto, en cualquier caso, que hayan patrocinado directamente el terrorismo islámico o auspiciado el reclutamiento de radicales yihadistas? Si hemos de dar crédito a un informe del CNI filtrado en 2011, por El País, eso es rigurosamente incierto. Lo que sí han contribuido a crear es la atmósfera propicia en la que estos movimientos radicales han cobrado aliento. 

De acuerdo a ese mismo informe elaborado hace cuatro años, seis son los países que, alentados por diferentes motivos, siempre espurios, patrocinan a las comunidades de musulmanes españoles: Arabia Saudí, Kuwait, Catar, Libia (la de Gadafi), Emiratos Árabes Unidos y Marruecos. El principal problema que el Centro 
Nacional de Inteligencia detectó fue la total falta de control sobre esos flujos financieros. En otras palabras, ni los saudíes ni el resto de mecenas magrebíes y wahabitas tuvieron siempre claro a quién daban su dinero. 

En ocasiones, terminó incluso en manos de desaprensivos y buscavidas. El informe elaborado por las fuerzas españolas de seguridad apuntaba a Arabia Saudí como el más generoso de los patrocinadores del Islam español. Tal y como ahora confirman estos cables publicados por Wikileaks, el servicio secreto español subrayaba la sumisión total a Riad de los responsables de proyectos financiados con su dinero. Sin embargo, ni sus mezquitas, ni sus proyectos civiles se caracterizaban por su radicalidad. 

Este no era el caso, por ejemplo, de otras comunidades musulmanas apoyadas por Kuwait. Según el CNI, en las dos mezquitas financiadas por los kuwaitíes hasta 2011 (Reus y Torredembarra) se fomentaba el odio hacia los no musulmanes y se difundía un ideario contrario a los valores de la ciudadanía española.


¿Nido de terroristas?

Jamás se ha demostrado ninguna vinculación directa entre los responsables del Centro Cultural Islámico financiado por los saudíes y terroristas de inspiración wahabita. Sin embargo, es bien conocido que la mezquita de Omar, en Madrid, se convirtió en un lugar habitual de encuentro de los simpatizantes salafistas.              
Hace ahora un par de meses, uno de los quince supuestos yihadistas de la llamada Brigada Al Andalus procesados por el juez Ruz, el argentino César Rodríguez, explicaba en una entrevista realizada por el suplemento Diásporas de Público, cómo había conocido al resto de los integrantes en la cafetería de la mezquita. Eso no significa, en ningún caso, que sus actividades estuvieran vinculadas a las de la mezquita o hubieran sido alentadas por alguno de sus imanes. De hecho, según las fuerzas de seguridad españolas, el problema no es tanto que los líderes religiosos de la mezquita Omar alienten la violencia, como que no la condenen explícitamente en sus sermones. 

Hay quien pone en duda que los responsables de ese centro pudieran pasar por alto la presencia de conocidos radicales entre los que se hallaba incluso un ex preso de Guantánamo. Se han alzado también voces estos días que se preguntan a qué intereses obedece la filtración a Wikileaks de los cables saudíes y quién se ha hecho con el “alijo” informativo. De momento, la organización de Assange ha mencionado una ciberguerrilla yemení. Hasta el día de hoy, se han “liberado” alrededor de 60.000 cables, la mayor parte intranscendentes. Wikileaks guarda todavía para sí alrededor de 440.000 más.

Islamofobia... ¿y qué?

publicado en "Diagonal periódico" el 2/4/15 



Mediadora intercultural, periodista, activista, autora de la novela 'PornoBurka' y miembro de Redes Musulmanas.
Desde que la palabra 'islamofobia' se ha puesto sobre la mesa, la incorrección política ha salido a defender su espacio en el debate, arrasando entre lo peorcito de cada casa. Desde las esferas más fascistas del entorno neoliberal, hasta las más neoliberales del entorno libertario, parece gracioso soltar ya no sólo el clásico “no soy islamófobo, pero…”, sino incluso el “soy islamófobo, ¿y qué?”.
La islamofobia es una categoría de análisis y un eje de opresión. No es una cuestión de sensibilidades, gustos o afinidades. Si nos urge revisar y rechazar los argumentos islamófobos que pudren nuestros discursos no es por mojigatería dialéctica ni por cobardía intelectual: es porque son argumentos inferiorizantes, opresivos y peligrosos.
Categoría de análisis
Islamofobia es, en breve, el odio hacia el islam y hacia las personas musulmanas o leídas como musulmanas, basado en un prejuicio sobre una dimensión única de lo que es islam y lo que es ser musulmán/a. La islamofobia y sus indicadores llevan décadas fijados y reconocidos internacionalmente a partir del informe Runnymede (1997).
El primer indicador es, precisamente, “ver o entender a las personas musulmanas como un ente monolítico y estático”. Bajo la etiqueta fantasma “personas musulmanas” aglutinamos a creyentes y/o practicantes, a formas culturales derivadas del islam y a personas leídas como musulmanas por cuestiones de racialización o extranjerización que pueden autodefinirse, o no, como musulmanas. Incluye un eje confesional, pero un eje cultural también y una mirada de clase.
Cuando hablamos de “mujeres musulmanas” no sólo las imaginamos veladas y sumisas, sino también heterosexuales, casadas, cisgénero. Siempre que escribo sobre el tema recibo comentarios airados que niegan la posibilidad de ser musulmana y lesbiana. La buena noticias es que la gente no necesita permiso para existir. Las musulmanas lesbianas existen. Las musulmanas trans existen. Algunas incluso llevan velo. Le pese a quien le pese.
Entender a las personas a partir de su dimensión única es esencialista y esencializador. Las personas estamos cruzadas por todos los ejes de la diferencia, y el islam es sólo uno de los posibles.
David Gaider acuñó la frase “privilegio es cuando crees que algo no es un problema porque no es un problema para ti, personalmente”. Cuando las personas musulmanas, reales o leídas como tales, denuncian actitudes islamófobas y las demás no les damos importancia, o nos sentimos ofendidas por la crítica, estamos ante un privilegio mal gestionado. Y estamos también ante un indicador de islamofobia: rechazar cualquier crítica vertida por personas musulmanas o entornos musulmanes.
La islamofobia está a menudo cruzada de racismo y xenofobia, pero no únicamente. El islam es un nuevo marco de invisibilidad: muchas personas no “salen del armario” como musulmanas en su entorno laboral o personal. Las mujeres que visten velo tienen poquísimas posibilidades laborales, incluso en puestos de hostelería, donde cubrirse el cabello debería ser una buena práctica. Si reivindicamos el derecho al propio cuerpo, tiene que ser para todas. Si nos preocupa que ese velo sea impuesto por un hombre violento, tenemos que luchar por una ley integral contra la violencia machista. En Catalunya, en 2014, el 60% de las peticiones de orden de alejamiento fueron denegadas. El machismo es transversal. Pensar que una situación de violencia se puede identificar a través de una prenda de ropa es estúpido. Sin más.
La islamofobia como excusa
Si la violencia es transversal, las estrategias para boicotearla también tienen que serlo. El más cutre de los argumentos islamófobos es aquel que se presenta bajo el titular “en sus países…”. Carlos ‘el Yoyas’, participante de Gran Hermano, lo resume así de claro: “Si voy a Marruecos, mi mujer no podría ir con minifalda ni aunque a mí me saliese de las pelotas”. Sus formas son grotescas, pero la idea de fondo resuena en infinidad de espacios, en una imagen con dos vertientes.
Por un lado, extranjeriza a las personas musulmanas, lo cual, sí, también es un indicador de islamofobia según Runnymede. “Sus países” son la fantasía exótica de una Europa que se quiere blanca y cristiana. Los y las musulmanas europeas son europeas. Los matices, los peros, son la marca de un racismo que va cambiando sus formas, pero no sus fondos.
Por otro lado, justificar la violencia contra las personas musulmanas en Europa como forma de “reciprocidad” por las violencias y las injusticias que ejercen algunos gobiernos o grupos contra esas mismas poblaciones demuestra que el fondo de la cuestión no es el interés por las personas, sino por algunas personas.
La población musulmana es la principal víctima de la barbarie violenta de Al-Qaeda o Daesh –“el Estado Islamoide”, como me enseñó a llamarlo Hajar Samadi, responsable de la Asociación de Mujeres Musulmanas Bidaya-Euskadi–. Los y las que están luchando en la primera línea de fuego en Siria e Iraq son esas personas que nombramos musulmanas. Activistas kurdas como Dilar Dirik denuncian la apropiación islamófoba de las luchas de las mujeres de Kobane. Esas mismas heroínas kurdas, si viviesen en Europa, serían sospechosas de sumisión, violencia y sectarismo por la sola resonancias de su nombre.
No podemos seguir con los argumentos simplistas de patio de colegio: que si “al final no podremos hablar de nada”, que si “ahora resulta que todo es islamofobia”… Estas frases son la excusa de una pereza intelectual que pretende seguir apoltronada en el privilegio. Y que se lo puede permitir, porque desde las cumbres todo parece anodino.
Aquí abajo, la extrema derecha avanza usando el discurso islamófobo y la vida nos está dando fuerte. Y aquí tampoco hay punto medio, posición neutra: o resistimos, desmontamos y deconstruimos activamente, o estamos alimentando la corriente principal de este desastre.


YEMEN EN CINCO CLAVES

La escalada de la tensión entre Arabia Saudí e
Irán marca él futuro político de un Yemen dividido.

IGNACIO ÁLVAREZ-OSSORIO*

De la noche a la mañana, Yemen ha pasado de ser un absoluto desconocido a ocupar las portadas de la prensa. El motivo es la operación Tormenta Decisiva lanzada por una coalición de países árabes dirigida por Arabia Saudí para impedir que los rebeldes huzies prosigan su avance militar y conquisten Aden, puerto estratégico del Cuerno de África que controla Bab al-Mandeb, la puerta de acceso al mar Rojo y al canal de Suez, por donde pasa el 15% del comercio mundial. Con este movimiento, Arabia Saudí intentaría evitar la caída de Yemen en manos de los huzíes, una milicia chií que ha aprovechado el vacío de poder existente para apoderarse de la capital, Sanaa, y hacerse con el control del país.

El rompecabezas yemení. sin embargo, no sólo se explica en clave sectaria o en el marco de la guerra fría que libran Irán y Arabia Saudí por la hegemonía de la zona. Para entender la situación que atraviesa Yemen, un país con una extensión similar a la de Francia, con 25 millones de habitantes, debemos aludir a las divisiones confesionales, la deriva autoritaria, la naturaleza tribal. la pujanza del yihadismo y el levantamiento huzi. Estas cinco claves explican el colapso estatal y la conversión de Yemen en un Estado fallido.

La primera clave explicativa es la existencia de una minoría zaydí, una corriente del islam chií profesada por un terciode la población. Desde el siglo IX, los zaydíes dispusieron de su propio Estado dirigido por linajes sagrados. En 1911. Yemen del Norte alcanzó la independencia bajo la dirección del imán Yahya, que gobernó un Estado agrícola, tribal y atrasado que tenía su epicentro en las montañas de Saada. El golpe militar de 1962 permitió el establecimiento de una república, pero también provocó una cruenta guerra civil en la que  los dos bandos en liza fueron respaldados por Arabia Saudí y Egipto, las principales potencias regionales de aquel momento. El actual levantamiento huzí da comienzo en 2004, en el marco de un proceso de renacimiento zaydi que fue respondido con represión por el entonces presidente Albdullah Saleh.

La segunda clave es la deriva autoritaria Durante el mandato de Saleh (1978-2011) y el subsiguiente vacío político que dejó su marcha. La Primavera Árabe puso fin a este poder omnímodo y obligó a Saleh a presentar su dimisión, eso si, tras asegurarse la inmunidad. Su salida de escena dejo un vacío que ningún actor
ha sido capaz de llenar hasta el momento, incluido eI débil y cuestionado sucesor Abd Rabboh Mansur Hadi, que ha huido a Arabia Saudí.

La tercera clave para comprender la realidad yemení es el factor tribal, que progresivamente ha ido perdiendo peso en el golfo Pérsico pero que en Yemen todavía esta fuertementearraigado. El expresidenie al-lryani llegó a afirmar en 1978  que Yemen no necesitaba partidos políticos, puesto que ya disponía de tribus. Saleh reforzó estas dinámicas situando a los miembros de su tribu -los sanhan- en los principales centros de autoridad. Esta circunstancia explica el actual apoyo que el Ejército yemení presta a los húzies, vital para entender su fulminante avance. También la oposición, representada por el partido islamista Isláh, erigió fuertes redes clientelares con parte de las tribus desafectadas al poder. De hecho. dicho movimiento fue dirigido por el jeque Abdullah al-Ahmar,
líder de la poderosa confederación de tribus Hashid.

La cuarta clave la representa la presencia de Al Qaeda. Ya en el año 2000 el grupo reivindicó el ataque contra el destructor norteamericano USS Cole en el puerto de Aden. Desde entonces no ha hecho más que reforzar su presencia, sobre todo
en la zona sureña. Yemen se ha convertido en retaguardia estratégica, base logística y reserva espiritual para Al Qaeda, que ha sobrevivido a las ejecuciones extrajudiciales y a los ataques con drones lanzados por EE UU. Una buena muestra de ello es su reivindicación del atentado contra Charlie Hebdo en enero. También el Estado Islámico ha aprovechado la actual coyuntura para implantarse en territorio yemení, tal y como muestran sus ataques contra las mezquitas chiies de Sanaa en marzo, que provocaron 150 muertes.

La quinta clave que explica el colapso yemení es la irrupción en escena de los húzies. un grupo zaidy que ha aprovechado la debilidad estatal para expandirse. Los huzíes, agrupados en el partido Ánsar Allah, pretenden combatir a Al Qaeda y frenar la expansión del salafísmo impulsada por la vecina Arabia Saudí, aliada estratégica de EE.UU. Además demandan un Estado federal, con amplios poderes para las provincias norteñas, donde son mayoritarios. Estas reivindicaciones representan una clara amenaza para los países del golfo Pérsico que cuentan con
población chií. empezando por la propia Arabia Saudí y siguiendo por Kuwait, Emiratos Unidos y Bahréin, ya que podrían ser asumidas como propias por sus pobladores chiíes.

Publicado en DIAGONAL, abril 2015.

* I.Á-0., profesor de Estudios Árabes e
Islámicos de la Universidad de Alicante.




TODO LO QUE SIEMPRE QUISISTE SABER SOBRE LOS SUNÍES Y LOS CHIÍES


Hasta hace poco los musulmanes eran “los musulmanes”, un grupo cuyas diferencias internas eran desconocidas en alto grado por el eurocentrismo imperante; en todo caso, hablábamos de “musulmanes”, “islamistas” y “fanáticos”, para diferenciar, siempre desde nuestro punto de vista y de interés, a “los normales”, “los teócratas” y “los terroristas”. Ahora es notorio que los enfrentamientos en Iraq se justifican en el enfrentamiento de dos grupos musulmanes, los chiíes y los suníes, que tienen a su vez apoyos geopolíticos de los grandes de la región, Irán y Arabia Saudí. ¿Cuáles son las diferencias? ¿Las divergencias teológicas incluyen tendencias políticas y sociales? ¿Por qué ahora estos enfrentamientos?


En la New Left Review 86, Suleiman Mourad, profesor de Historia Islámica en el Smith College y autor de The intensification and reorientation of sunni jihad ideology in the crusader period (2013), es entrevistado de forma extensa sobre estos y otros temas en el artículo “Los enigmas del libro” del que reproducimos algunos extractos.


Eso plantea la cuestión realmente importante de la división dentro de la umma entre los chiíes y los suníes. ¿Cómo describirías la naturaleza original de la división? ¿Qué explica la extrema brutalidad de las guerras civiles que estallaron por cuestiones de sucesión, después de que las conquistas hubieran sido relativamente suaves?


Cuando el Profeta murió, en 632, surgió inmediatamente el tema de la sucesión. La tradición nos quiere hacer creer que ahí fue cuando se produjo la división inicial. Pero de hecho realmente tardó bastante tiempo.


Antes del siglo IX no se puede hablar realmente de sunismo o chiísmo. Lo que podemos llamar protochiísmo empezó como una cuestión política, con la creencia de que Alí debía haber sido el sucesor directo de Mahoma porque era su primo y el marido de su hija Fátima. Pero si analizamos detalladamente el tema de la sucesión, nos damos cuenta de que ese no pudo ser un argumento serio. Si había grupos que pensaban que Alí debía haber sido el sucesor, era por otras razones. Digo esto porque hay un modelo muy claro entre los cinco primeros califas, un modelo que los historiadores parecen no haber percibido aunque lo tengan delante. Los dos primeros califas fueron los suegros del Profeta: Abu Bakr era el padre de Aisha, y Umar era el padre de Hafsah; ambas mujeres estaban casadas con Mahoma. El tercer califa, Uthman, estaba casado con dos hijas del profeta, de aquí su apodo, Dhu al Nurayn, que significa «el que tiene dos luces». Hay muchas discusiones sobre si se casó con las dos al mismo tiempo o lo hizo por separado, porque la ley islámica prohíbe casarse con dos hermanas a la vez. Puedes casarte con una, divorciarte y casarte con la otra, pero no hacerlo simultáneamente. Por eso hay un debate sobre si fue una excepción anterior a la regla. Después vino Alí, que estaba casado con Fátima, la hija de Mahoma. Después Mu’awiya, cuya hermana estaba casada con el Profeta. Así, los cinco primeros califas están relacionados con el Profeta por el matrimonio. ¿No es eso una sucesión de acuerdo a determinadas reglas tribales de preferencia? La jerarquía va desde el suegro al yerno y al cuñado.


Alí se convirtió en el cuarto califa cuando Uthman fue asesinado el año 656 en oscuras circunstancias. Durante su breve reinado no solo combatió contra Aisha, la mujer del Profeta, sino que mató a dos estrechos compañeros del Profeta, Talha y Zubair. Estos dos estaban entre un grupo de diez, los compañeros más próximos del Profeta, que se consideraba que habían recibido garantías de ascenso directo al cielo como hombres que no podían hacer el mal. Sin embargo, Alí, uno de los diez, eliminó a dos de ellos. Después de la muerte de Uthman esto planteó graves problemas teológicos. ¿Quién de los tres actuó mal? Además, un grupo de partidarios de Alí, a los que más tarde se conocería como los Disidentes, los khawarij, se rebelaron contra Alí acusándole de ser un infiel que había violado el Corán y le mataron. Después de su muerte, en el año 661, Mu‘awiya –que había rehusado reconocer a Alí como califa acusándole de haber protegido a los asesinos de Uthman– era la elección natural para califa por ser cuñado del Profeta, algo que le proporcionaba legitimidad dentro de la comunidad.


Cuando murió Mu‘awiya, no quedaba nadie que estuviera directamente emparentado con el Profeta por medio del matrimonio. Mu‘awiya había conseguido trasmitir la sucesión a su hijo, Yazid. Eso no se había hecho nunca anteriormente en el islam y creó una nueva institución: el gobierno hereditario. Mucha gente se opuso a eso, incluyendo a Husayn, el hijo menor de Alí y Fátima. Pero ya que el hijo mayor de Alí, Hasan, había sido sobornado para que no presentara ninguna reclamación y aceptara a Yazid, Husayn tuvo que esperar a que muriera su hermano antes de poder poner en marcha una rebelión. No sabemos exactamente cuál fue su papel en esta revuelta, pero parece que fue convencido por un grupo de seguidores de su padre para que fuera a Kufa, en el sureste de Iraq, y preparara un levantamiento contra los omeyas, lo que muestra que ya había allí una comunidad protochií. Cuando Yazid se enteró de esto, ordenó a su general en Iraq que preparara una emboscada, matara a Husayn y le trajera su cabeza a Damasco. Husayn era nieto del Profeta y este episodio emborronó la imagen de Yazid para siempre.

¿Explica eso la extraña asimetría de las tradiciones posteriores, un tremendo relato chií de la villanía de Mu‘awiya y Yazid sin ningún contraataque suní comparable sobre la leyenda de Husayn?


Sí, incluso aunque Yazid es una figura protosuní, no se quiere hablar mucho de él; es un personaje al que se quiere mantener fuera del escenario. No puedes condenarle, pero tampoco puedes aceptarle fácilmente. En el periodo de las cruzadas hubo intentos para lavar su imagen como un dirigente que condujo la yihad contra los infieles y que trasmitió hadices conservando la Sunna del Profeta. Pero anteriormente los abasíes no tenían ningún interés en eso. Históricamente, como podemos ver ahora, fue la muerte de Husayn la que provocó la creación de un movimiento religioso que reimaginó la legitimidad musulmana como una secuencia de imanes, de la que el primero fue Alí y el tercero, Husayn. El sexto imán, Jafar Sadiq, un estudioso descendiente de Alí que vivió a mediados del siglo VIII, fue probablemente el que dio forma al primer chiísmo como un sistema de creencias, aunque gran parte de su figura pertenezca a la leyenda más que a la historia. Descartando la ideología de la yihad, impulsó la retirada de los devotos para ocuparse de la comunidad y trasmitir el conocimiento de la escritura. Antes de morir, Sadiq declaró que su hijo Ismael sería el siguiente imán. Pero Ismael murió antes que su padre y Sadiq convirtió a su otro hijo en el sucesor. Sin embargo, un grupo de cortesanos que se habían reunido alrededor de Ismael se negaron a aceptar la decisión. Defendían que, una vez que se anunciaba quién era el siguiente imán, ya no había marchaatrás, por lo que el hijo de Ismael era el que debía tomar el lugar de su padre. El resultado fue un cisma dentro de la comunidad chií y el nacimiento de la secta de los ismailíes, o los «septimanos», que sostenían que Ismael era el séptimo imán. La otra línea de imanes acabó con la desaparición del decimosegundo imán, cuyo milagroso regreso todavía espera la corriente chií de los Doce. Los alauitas, por su parte, no creen que el duodécimo imán llegara a existir, se quedaron en el undécimo. Los zaydíes, que son importantes en Yemen, pero que también solían encontrarse en el noroeste de Irán y en otros lugares, no creen que el imanato esté restringido a los descendientes de Alí y su mujer, Fátima. Piensan que cualquier descendiente de Alí puede ser un imán, abriendo el campo para los hijos que Alí tuvo con esclavas, pero sostienen que un imán tiene que demostrarse tanto en el campo de batalla como entre la comunidad de estudiosos. A finales del siglo VIII tenemos un montón de escritos de imanes zaydíes que hablan de la formación de una secta específicamente chií. Para entonces el chiísmo había empezado a echar raíces como identidad religiosa.


¿El sunismo como credo surgió solamente más tarde, como una reacción?


No, fue aproximadamente al mismo tiempo cuando un protosunismo se hizo consciente de sí mismo en respuesta al chiísmo. Pero al principio el sunismo presentaba un escenario caótico donde cada estudioso podía levantar una nueva escuela de la ley y llamarla suní. La tradición dice que alrededor del año 850 el califa abasí Mutawakkil puso fin a esa situación, estableciendo que a partir de entonces solamente se tolerarían cinco escuelas suníes y una chií. La escuela chií recibió el nombre de Jafari en memoria de Ja’far Sadiq y sus códigos particulares los establecieron sus seguidores. Las cinco escuelas suníes eran Hanafi, Shafi‘i, Maliki, Hanbali y Dawudi o Zahiri (esta última acabo desapareciendo aunque fue popular en la Andalucía medieval). Gradualmente, la decisión de Mutawakkil significó que cada creyente debía seguir una de estas escuelas, y cada estudioso, trabajar dentro de una de ellas. Muchas de las escuelas eran bastante fluidas en el siglo VIII y principios del IX, aunque quedaron claramente definidas solamente en el siglo IX. Así que, por lo que se refiere a la ley, el sunismo podía ser abigarrado, pero en términos de teología los intentos oficiales por imponer un sistema unificado produjeron marcadas divisiones (para los suníes estas divisiones incluían escuelas como ash‘ari, maturidi, hanbali, mu‘tazili y sufi, y para los chiíes incluían zaydi, ismaelí, de los Doce, nusayri y drusa). Bastante pronto, los suníes tendrían su propia versión de la vida del Profeta y de lo que sucedió después de su muerte, contrapuestas a las versiones chiíes, y cada una de ellas proyectaba sobre el Profeta las opiniones que apoyaban su propia teología.


¿Cuándo se volvió chií la mayoría de la población iraquí? ¿Hasta qué punto la propagación del chiísmo fue una apropiación de la doctrina islámica por grupos étnicos que eran marginales dentro de una comunidad de Estado más amplia, por ejemplo, los búyidas en Iraq o los bereberes en Túnez, que dieron lugar a la dinastía fatimí en Egipto?


No. Es un error pensar que el chiísmo apeló a elementos marginales de la sociedad. Esos dos movimientos –uno procedente de Túnez y el otro, del este de Irán– surgieron porque en esas zonas el control del gobierno central era más débil, no porque expresaran una identidad étnica diferenciada. Realmente, después de los primeros tres o cuatro califas, la base de apoyo de la dinastía abasí era en gran medida turca. Sabemos con seguridad que los abasíes trasladaron su capital a Bagdad en el año 762 porque no podían soportar la energía de los alids –seguidores de Alí– en Kufa, donde los protosuníes estaban totalmente amedrentados por la hostilidad de los protochiíes. Así que los abasíes querían irse y establecer su propia ciudad y decidir quién podía y quién no podía residir allí. Por eso al principio Bagdad parecía más un centro protosuní que protochií. Pero entonces todo el mundo empezó a trasladarse allí.


¿Quiénes eran los búyidas? Una dinastía chií con un origen mezclado kurdo y daylami del noroeste de Irán que en los siglos X y XI gobernó Iraq e Irán bajo la autoridad nominal abasí. Originalmente parecen haber sido zaydíes, pero algunos de ellos también pertenecían a la corriente de los Doce y estuvieron en el poder en Iraq e Irán como sultanes chiíes bajo la égida formal del califa suní. Esta fue la primera vez que una dinastía chií tenía semejante poder y lo utilizaron para fomentar el chiísmo. En Alepo, los hamdanidas eran una dinastía de los Doce y en Egipto la casa gobernante de los fatimíes era ismaelita. Por ello, a mediados del siglo X la mayor parte del mundo musulmán estaba gobernada por los chiíes. Igual que en siglos anteriores mucha gente se hizo musulmana por conveniencia, ahora se volvieron chiíes. La Siria rural seguiría siendo predominantemente chií hasta la llegada de los otomanos. En el siglo XIV, un gran número de chiíes del sur de Líbano se trasladaron a Irán, que hasta entonces había seguido siendo principalmente suní, aumentando allí el peso de la población chií.


Las mismas presiones de Estado funcionaron a la inversa cuando los gobernantes suníes tenían la posición dominante. La costa del Líbano actual estaba habitada por chiíes y cristianos, pero cuando a finales del siglo XIII llegaron los mamelucos con su máquina guerrera obligaron a todos los chiíes –de los Doce, fatimíes o drusos– a marchar a las montañas y algunas veces hacia el valle de Bekaa, e importaron tribus turcomanas y kurdas para colonizar las áreas que habían limpiado. Los otomanos prosiguieron con esa política a gran escala, intimidando a muchos chiíes para que se convirtieran al sunismo. Por eso, si te fijas en la topografía de la actual Siria, encuentras todos esos pueblos chiíes alrededor de Alepo, que era mayoritariamente chií hasta que una serie de gobernantes suníes –Nureddin, Saladin, después los mamelucos y otomanos– cambiaron la composición de la ciudad haciendo que la gente se convirtiera o se marchara a los pueblos de los alrededores. De la misma manera, el Irán contemporáneo ahora es mayoritariamente chií, pero eso es el resultado de políticas similares seguidas por los safávidas desde finales del siglo XV, intimidando a los suníes para que se convirtieran o se fueran. Durante un largo periodo, el sur de Iraq también estuvo bajo el control safávida y, debido a que allí se encontraban los santuarios más sagrados de los chiíes, hubo un enorme movimiento deliberado de población para ocuparse de las peregrinaciones que llegaban. Eso explica por qué el sur de Iraq es predominantemente chií mientras que el norte –durante mucho tiempo bajo control otomano– es suní; también por qué los kurdos en Irán no son suníes, sino chiíes, mientras que en el norte de Iraq y en Turquía son suníes.


¿Qué explica el virulento agravamiento actual del antagonismo entre suníes y chiíes en Oriente Próximo? A esta escala, las tensiones entre las dos comunidades no se había producido durante muchos siglos, ¿cuál es la dinámica contemporánea que hay tras ellas?


Hay tres grandes figuras en el islam moderno que eran panislamistas: Sayyid Qutb, en Egipto; Jomeini, en Irán, y Maududi, en India-Pakistán. Los tres querían que los musulmanes trascendieran sus diferencias en una unidad islámica capaz de triunfar sobre los males gemelos del capitalismo decadente y el comunismo ateo. Para cada uno de ellos, los musulmanes estaban viviendo en un momento –había connotaciones escatológicas– en el que los creyentes estaban siendo oprimidos entre dos rocas, obligados a optar por una u otra. Ellos lanzaban el islam como alternativa, pero el islam solamente la podía ofrecer si estaba unido. En el mundo suní, Maududi y Qutb predicaban el panislamismo, pero ambos murieron antes de que sus ideas llegaran a una amplia audiencia.


El éxito de la revolución iraní en 1979 fue lo que transformó el panorama ideológico. El proyecto original de Jomeini era un grandioso panislamismo, uniendo a chiíes y suníes en una batalla común contra los dos enemigos de todos los musulmanes. Pero una vez que Sadam Husein lanzó su ataque sobre Irán, amenazando la supervivencia de la República Islámica, Jomeini se vio obligado a pasar a la defensiva y a llegar a un compromiso con sus ideas. Asediados en casa, la unidad de todos los creyentes estaba fuera de alcance. Sin embargo, lo que sí se podía alcanzar era el panchiísmo. El régimen iraní abrió vías de comunicación con los chiíes de todo el mundo, proporcionándoles apoyo –armas, dinero y expertos– sin condiciones. Allí donde hubiera cualquier clase de chií –en Yemen, Siria, Líbano, Iraq– había un tremendo flujo de consejo y asistencia. Nunca antes, bajo ninguna dinastía chií, había habido este nivel de tolerancia hacia todas las formas del chiísmo. En el pasado, siempre había habido presiones para la conversión: había que entrar dentro de los Doce. El jomeinismo evitó eso. Los zaydíes, alauitas y drusos podían seguir siendo lo que eran sin recibir instrucciones teológicas desde Irán, todo lo que hacía falta era la solidaridad chií. La estrategia estuvo dirigida a crear un apoyo regional para la revolución iraní, que se consideraba –este es un tema recurrente en la historia moderna de Irán, desde el movimiento constitucional de 1908-1911 hasta el derrocamiento de Mossadeq en 1953 y a partir de entonces– objeto de una agresión occidental. El éxito de esta política se puso de manifiesto con el ascenso de Hezbolá como la fuerza más poderosa de Líbano a partir de 1982.


El segundo acontecimiento transformador fue la invasión soviética de Afganistán, también en 1979. Eso dio un impulso perfecto para un panislamismo desde la otra dirección, una variante suní. El éxito afgano en expulsar del país al Ejército Rojo tuvo un impacto ideológico comparable al derrocamiento del Sah. Los iraníes habían demostrado que podían derrotar a Occidente y los suníes habían derrotado ahora al Oriente: el islam podía triunfar sobre el capitalismo y el comunismo. Pero igual que el panislamismo de Jomeini se vio obligado a retraerse en un panchiísmo por la guerra Irán-Iraq, el panislamismo suní se contrajo bajo la presión de la misma guerra en un pansunismo. El propio Sadam Husein, que empezó como un dirigente extremadamente secular, cambió a una retórica religiosa apelando a la ayuda suní una vez que vio que perdía la guerra, presentándose a sí mismo como un campeón del sunismo incluso aunque la mayoría de su ejército fuera chií. Entonces llegó en 2003 la invasión estadounidense de Iraq, que dividió a las comunidades chií y suní todavía más de lo que lo habían estado en el pasado y consolidó las hostilidades entre el panchiísmo y el pansunismo en el actual Oriente Próximo.

¿Hay un equivalente chií al salafismo?


Hezbolá. La diferencia es que el mensaje no se difunde, se mantiene dentro de un círculo cerrado. ¿Por qué Hezbolá está ahora implicado en Siria? Por la creencia de que aquellos que están luchando para derrocar al régimen sirio nos matarán a nosotros si nosotros no los matamos antes a ellos. Así que en el chiísmo existe la misma lógica. El mundo musulmán está ahora preso de la completa inutilidad de un conflicto asesino entre estas dos ideologías, es una tragedia. Si puedo añadir un comentario personal, diré que no soporto el volver otra vez a Líbano, porque cada vez que me siento con mi familia de lo único que quieren hablar es de lo horribles que son los chiíes. Yo procedo originalmente de un pueblo suní en un área cristiana del sur de Líbano, pero no tengo un solo amigo íntimo en Líbano que sea suní, todos mis amigos son chiíes o cristianos. Así crecí. En ningún momento me dijeron mis padres que no podía ser amigo de un chií o de un cristiano. Pero en nuestros días la gente se ve obligada a tomar afiliaciones sectarias. Mi tío, un profesor de química que vivía en un vecindario de Beirut mayoritariamente chií y tenía montones de amigos chiíes, se ha trasladado ahora a una zona mayoritariamente suní. Mi otro tío, que vivía en una zona predominantemente chií, también vive ahora en otra suní. Se trasladaron porque no se sentían seguros. Mi amigo más íntimo es un chií que pasó toda su vida en una zona suní. Allí es un hijo del vecindario, todo el mundo le conoce. Pero ahora en la zona hay montones de salafistas y no es tan segura para su mujer y sus hijos, así que ha tenido que trasladarse a otra zona de Beirut que sí lo es. Es un escenario increíblemente deprimente. Sin embargo, obviamente, Líbano todavía está un poco mejor que el caos de Siria o Iraq donde puede aparecer algún lunático que salte por los aires sin importarle quién está allí.


SIRIA, BAHREIN, EGIPTO Y TUNEZ


“La primavera árabe"


Tres años después del comienzo del movimiento que arrastro las dictaduras de Zine el-Abidine Ben Allí, Hosni Mubarak y Muamar el Gadafi, las protestas en el mundo árabe, amenazadas por las injerencias extranjeras y por las divisiones confesionales, buscan un nuevo aliento. Mientras Siria vive el peor de los escenarios, Túnez confirma que las aspiraciones a la ciudadanía y la búsqueda de compromisos pueden convertirse en una realidad.

Publicado en Le Monde diplomatique, febrero 2014
Por HICHAM BEN ABDALLAH
EL-ALAOUI 

En sus inicios, la "primavera árabe" hizo volar en pedazos los prejuicios occidentales. Desacreditó los clichés orientalistas acerca de la incapacidad congénita de los árabes para concebir un sistema democrático y puso en duda la creencia según la cual no se merecían nada mejor que ser gobernados por déspotas. Tres años más tarde, la primavera se ha oscurecido, y siguen intactas las incertidumbres respecto a la salida de ese proceso, que entra en su cuarta fase.

La primera etapa, concluida en 2011, vio estallar una ola gigantesca de reivindicaciones concernientes a la dignidad y a la ciudadanía, alimentada por protestas masivas y espontáneas. La etapa siguiente, en 2012, fue la del repliegue de las luchas a su contexto local y su ajuste a la herencia histórica de cada país. Simultáneamente, fuerzas externas empezaron a reorientar estos conflictos en direcciones más peligrosas, llevando a los pueblos a la situación en la que se encuentran hoy en día.

El año pasado se asistió a una tercera fase, marcada por la internacionalización y por la injerencia cada vez más agresiva de las potencias regionales y occidentales. La focalización en las rivalidades entre suníes y chiíes se ha generalizado en todo Oriente Próximo, empujando a cada Estado y a cada sociedad a polarizarse sobre el eje de las identidades confesionales. El antagonismo entre islamismo y secularismo se ha endurecido a gran escala. El peligro se deriva del hecho de que las rivalidades geopolíticas y las tensiones religiosas predominan sobre las especificidades de cada país y parecen reducir a los actores locales a marionetas en manos de potencias extranjeras.

La comparación entre Siria, Bahréin, Egipto y Túnez muestra un espectro multicolor de influencias internacionales. En los dos primeros países, las intervenciones extranjeras, en particular las saudíes, atizaron la guerra civil y galvanizaron a los grupos insurgentes más radicales. En Egipto, el apoyo occidental a la política autoritaria del nuevo régimen mermo las motivaciones democráticas iniciales. Solo Túnez parece ir por un camino prometedor, puesto que se encuentra relativamente al margen de los enfrentamientos geopolíticos, religiosos e ideológicos que barrieron la región.

En cada uno de esos países, sin embargo, la "primavera árabe" ha dejado la huella indeleble de una movilización popular en la que los ciudadanos mostraron su propia fuerza. Ha abierto espacios de cuestionamiento que el Estado solo podría cerrar al precio de una represión políticamente costosa. Por más incierto que sea el futuro, el férreo orden que prevalecía antes de las revueltas claramente se ha desmoronado.


En Siria, la guerra nació de un movimiento de desobediencia civil que se transformo rápidamente en un levantamiento popular de gran magnitud. La reacción brutal del régimen en sus primeras advertencias no consiguió intimidar a los manifestantes e inicio un ciclo devastador de protestas y represión. Aunque el aparato militar del presidente Bashar al-Asad liquido enseguida la esperanza de una revolución pacífica, los intereses geopolíticos y las posturas confesionales que mas tarde se incorporaron a dicha revuelta precipitaron la insurrección en una guerra civil abominable: el balance a día de hoy es de ciento treinta mil muertos, dos millones y medio de refugiados y cuatro millones de desplazados.

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TODOS NO SOMOS UNO


“Nuestro abito cuanto a las mujeres, no es de Moros; es trage de provincia, como en Castilla y el otras partes se usa difrrenciarse las gentes en tocados, en sayas y en calçados. El vestido de Moros y Turcos. Quién negara sino que es muy diferente del que ellas traen? Y aún entre ellos mesmos diferencian, porque el de Fez no es como el de Tremecén, ni el de Túnez como el de Marruecos, y lo mesmo es en Turquía y en los otros reynos. Si la seta de Mahoma tuviera trage propio, en todas partes avía de ser uno, pero el ábito no haze al monge. Vemos venir a los Christianos, clérigos y legos deSiria y de Egizpto, vestido a la turquesca con tocas y cafetanes hasta en pies, hablan Arabigo y Turquesco, no saben Latín ni Romo esso son Christianos.” 

Testimonio del morisco Muley Francisco Nuñez (1567)






Vejer de la Frontera, traje tradicional


WAFA SULTAN Y LA ISLAMOFOBIA


La verdad es que es una pena que se hagan tan populares los videos de Wafa Sultan. Esta mujer es una incendiaria anti-islámica al calor de los lobbies judíos estadounidenses*. Estoy de acuerdo con ella en que, en el siglo XXI, algunos intenten seguir al pie de la letra costumbres y religiones predicadas decenas de siglos atrás es algo estrafalario y disparatado. Está claro que la mujer musulmana está sometida por una cultura machista, pero es demagogia decir que el islam, como tal, es el problema. Siguiendo ese razonamiento, creo que cualquier doctrina anterior al feminismo es machista, y por tanto los pilares del pensamiento occidental: la biblia, Platón, Descartes, etc. son machistas y son la raíz de la alienación de la mujer occidental, y por tanto, a desterrar de nuestra cultura. A pesar de la insistencia de la Sra. Sultán, el mundo islámico no es uniforme. Se ha creado un estereotipo de 1300 millones de fanáticos e ignorantes reconocibles por sus barbas, turbantes, pañuelos; su odio a los judíos; sus ak-47; por sus petrodólares; por sus mujeres sumisas, su misoginia; etc. Este sujeto islámico imaginario, arquetípico, planea en la mente del occidental como un enemigo a vigilar y en último término a combatir. Me pregunto cómo se puede meter en un mismo saco a un libanés y a un afgano o un yemení. El primero producto de una cultura, urbano-comercial, mediterránea-occidental y los segundos tributarios de una forma de vida tribal y semi-nómada-oriental. 

Vengan de donde vengan hay que luchar contra aquellos que defienden una cultura patriarcal. Ya sea el obispo de Málaga, el imán de Fuengirola, el ayatollah de turno o la conferencia episcopal española. Lo que parece olvidar esta señora es que EE.UU, el país que tanto alaba por sus valores, es el promotor del radicalismo islámico moderno: bien mimando a su petro-aliado en la zona, Arabia Saudí (máximo mecenas financiero del wahabismo), bien alentando y financiando a grupos islamistas, el más famoso fue el caso de los talibanes, o bien apoyando y justificando, incondicionalmente, el terrorismo israelí contra palestinos y libaneses. Dentro de los países islámicos hay un vivo debate sobre la identidad islámica** y el papel que la religión debe de jugar en la política, sin duda su referente más reciente fue “las primaveras árabes”. No fue una implosión accidental, sino fruto de largas reflexiones sobre la corrupción campante, el fanatismo religioso, el sentido de la democracia, el feminismo islámico, etc. Estos son los actores que deben protagonizar el cambio y no una fanática islamófoba con delirios de grandeza.

*ver el discurso sionista de Wafa Sultan al final del siguiente debate: http://www.youtube.com/watch?v=h49pfXAgDBY


**Siempre recomiendo la lectura de “Leo Basi, un cómico frente al islam” que se puede leer ehttp://mushmish.blogspot.com.es/2005/12/leo-basi-un-comico-frente-al-islam.html

Chema



Este articulo de Ignacio Ramonet nos abre una puerta a la esperanza en el eterno conflicto de Oriente Medio. Los acuerdos comerciales y los gestos políticos de este último mes, entre Irán y las potencias occidentales, nos avisan de que algo se esta moviendo entre bambalinas. ¿Será el fin del bloqueo a Irán? ¿Estaremos en un nuevo escenario de encuentro   y de normalización de relaciones? Se ha comenzado una compleja carrera de obstáculos, de final incierto,  que puede insuflar un poco de oxigeno a una región tan maltratada por la guerra y la ocupación y los embargos económicos.

Irán/ Estados Unidos. Hacia un acuerdo “heroico”
Por Ignacio Ramonet “Le Monde Diplomatic” noviembre 2013

Los gestos de acercamiento entre Teherán y Washington se multiplican. Una nueva era parece comenzar. De ahora en adelante se vislumbra una solución política que ponga fin al conflicto que enfrenta, desde hace treinta y tres años, a Irán y Estados Unidos. De repente, los gestos de conciliación han sustituido a las amenazas y a ¡as imprecaciones proferidas desde hace décadas. Las cosas se aceleran. Hasta el punto de que la opinión pública se pregunta cómo hemos pasado tan rápidamente de una situación de enfrenta-miento constante a la perspectiva, ahora plausible, de un próximo acuerdo entre estos dos países. 

Apenas hace dos meses, a principios del mes de septiembre, estábamos -una vez más- al borde de la guerra en Oriente Próximo. Los grandes medios de comunicación mundiales solo publicaban titulares sobre el "inminente ataque" de Estados Unidos contra Siria, gran aliado de Irán, acusado de haber cometido, el 21 de agosto, una "masacre química" en la periferia este de Damasco. Francia, por razones que aún continúan siendo enigmáticas, se hallaba en primera línea. Dispuesta a participar en este ataque, incluso sin la autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (ONU), sin haber pedido la aprobación del Parlamento francés y sin esperar, el informe de los expertos de la ONU... David Cameron, primer ministro británico, también se alistaba en lo que se presentaba como una nueva "Coalición internacional" decidida a "castigar" a Damasco tal y como se había "castigado", con el concurso de la OTAN, en 2011, a la Libia del coronel Gadafi... Por último, varios Estados vecinos -Arabia Saudí (el gran rival regional de Irán), Catar y Turquía-, que ya estaban muy involucrados en la guerra civil siria del lado de los insurgentes, apoyaban asimismo el proyecto de "bombardeos aéreos''.

Todo apuntaba pues hacia un nuevo conflicto. Y esto, en esa zona de "lodos los peligros", corría el riesgo de transformarse pronto en una conflagración regional Porque Rusia (que dispone de una base naval geoestratégica en Tartús, en la costa siria, y suministra masivamente armas a Damasco) y China (en nombre del principio de la soberanía de los Estados) habían advertido que opondrían su veto a toda petición de acuerdo del Consejo de Seguridad para llevar a cabo ese ataque. Por su parte, Teherán, a la vez que denunciaba el uso de armas químicas, se oponía asimismo a una intervención militar, pues temía que Israel aprovechara la ocasión para atacar a Irán y destruir sus instalaciones nucleares... Por tanto, e! conjunto del polvorín próximo-oriental (incluyendo el Líbano, Irak, Jordania y Turquía) corría el riesgo de explosionar.

Pero, de repente, ese proyecto de "ataque inminente" se abandonó. ¿Por qué? En primer lugar, hubo un rechazo de las opiniones públicas occidentales, mayoritariamente hostiles a un nuevo conflicto cuyos principales beneficiarios, sobre el terreno, solo podían ser los grupos yihadistas ligados a Al Qaeda. Grupos, por otra parte, contra los cuales luchan las fuerzas occidentales en Libia, Malí, Somalia, Irak, Yemen y en otros lugares... Más tarde, el 29 de agosto, vino la humillante derrota de David Cameron en el Parlamento británico que dejaba fuera de juego al Reino Unido. A continuación, el 31 de agosto, se produjo el giro de Barack Obama, quien decidió, para ganar tiempo, solicitar la luz verde del Congreso estadounidense... Y por último, el 5 de septiembre, durante la Cumbre del G-20 en San Petersburgo, Vladimir Putin propuso colocar el arsenal químico sirio bajo control de la ONU para ser destruido. Esta solución (indiscutible victoria diplomática de Moscú) le convenía tanto a Washington como a París, Damasco y Teherán. En cambio, suponía, paradójicamente, una derrota diplomática para... algunos de los aliados de Estados Unidos (y enemigos de Irán), a saber: Arabia Saudí, Catar e Israel.
No cabe duda de que esa solución -inimaginable hace tan solo dos meses- debía transformar la atmósfera diplomática y acelerar el acercamiento entre Washington y Teherán.
En realidad, todo había comenzado el pasado 14 de junio cuando fue elegido a la presidencia de Irán Hasán Rohaní, quien sucedió al muy polémico Mahmud Ahmadineyad. En su investidura, el 4 de agosto, el nuevo presidente declaró que comenzaba una etapa diferente y que procuraría, mediante "el diálogo", sacar a su país del aislamiento diplomático y de la confrontación con Occidente acerca del programa nuclear. Su objetivo principal, dijo, era aflojar la presión de las sanciones internacionales que ahogan la economía iraní.

Estas sanciones se sitúan entre las más duras jamás infligidas a un país en tiempos de paz. Desde 2006, el Consejo de Seguridad, actuando conforme al Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas (1), ha aprobado cuatro resoluciones muy vinculantes -1737 (2006), 1747 (2007), 1803 (2008) y 1929 (2010)- como respuesta a los riesgos de proliferación que presentaría el programa nuclear iraní. Estas sanciones se reforzaron en 2012 mediante un embargo petrolero y financiero de Estados Unidos y de la Unión Europea, que aislaron a Irán del mercado mundial, cuando el país está sentado sobre las cuartas reservas mundiales de petróleo del mundo y las segundas de gas.
Todo ello ha deteriorado en gran medida las condiciones de vida. En torno a 3,5 millones de iraníes ya están en paro (es decir, el 11 ,2% de la población activa), una cifra que podría aumentar hasta los 8,5 millones según el propio ministro de Economía. El salario mínimo mensual es de apenas 6 millones de riales (200 dólares, o 154 euros), mientras que el IPC (índice de Precios al Consumo) se ha duplicado. Y los productos básicos (arroz, aceite, pollo) continúan siendo demasiado caros, Los medicamentos importados no se pueden encontrar. La tasa anual de inflación es del 39%. La moneda nacional ha perdido el 75% de su valor en dieciocho meses. Por último, a causa de las sanciones, se ha hundido la producción automovilística.

En este contexto de malestar social agudo, el presidente Rohaní ha multiplicado los signos de cambio. Hizo liberar a una decena de presos políticos, entre ellos a Nasrin Sotoudeh, militante de derechos humanos. Después, el 25 de agosto, por primera vez desde hacía décadas, se producía la visita a Teherán de un diplomático estadounidense, Jeffrey Feltman, secretario general adjunto de la ONU, venido en viaje oficial para examinar junto con el nuevo jefe de la dipíomacia iraní, Mohammad Javad Zaríf, la situación en Siria. Pero nadie duda que ambos abordaron igualmente la cuestión de las relaciones entre Irán y Estados Unidos. Por otra parte, acto seguido, acontecía un hecho insólito: Hasán Rohaní y Barack Obama se enviaban cartas en las que se declaraban dispuestos a llevar a cabo "discusiones directas" para intentar encontrar una "solución diplomática" a la cuestión nuclear iraní.

A partir de ahí, Hasán Rohaní se ha puesto a decir las frases que, desde hacía años, los occidentales querían oír. Por ejemplo, durante una entrevista a la CNN, declaraba a una pregunta sobre el holocausto: "Todo crimen contra la humanidad, incluidos los crímenes cometidos por los nazis contra los judíos, es reprensible y condenable". Es decir, exactamente lo contrario de lo que Mahmud Ahmadineyad había martilleado durante ocho años. Rohaní afirmaba igualmente a la cadena NBC: "Jamás hemos pretendido obtener una bomba nuclear, y no tenemos; intención de hacerlo". Por último, en una tribuna publicada en el Washington Post, el presidente iraní proponía a los occidentales buscar, mediante la negociación, soluciones "beneficiosas para todas las partes".

Como respuesta, Barack Obama, en su discurso ante la ONU del 24 de septiembre, en el cual citó veinticinco veces a Irán, dijo asimismo lo que Teherán quería oír. Que Estados Unidos no "pretendía cambiar el régimen" iraní, y que Washington respeta "el derecho de Irán a acceder a la energía nuclear con fines pacíficos". Sobre todo, por primera vez, no amenazó a Irán ni repitió la frase fatídica: "Todas las opciones están sobre la mesa".

Al día siguiente, el secretario de Estado estadounidense John Kerry y el ministro iraní de Asuntos Exteriores Mohammed Javad Zarif mantenían -por primera vez desde la ruptura de las relaciones diplomáticas entre los dos países el 7 de abril de 1980- una reunión diplomática bilateral acerca del programa nuclear iraní. Y se volvieron a ver en Ginebra e! 15 de octubre en el marco de la reunión del Grupo de los Seis (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia, más Alemania), encargado de seguir, con mandato de la ONU, la cuestión iraní.

Esta atmósfera de frases conciliadoras y de pequeños pasos en el camino hacia la reconciliación iba a encontrar su escenificación más espectacular durante el ya famoso intercambio telefónico del 27 de septiembre entre Barack Obama y Hasán Rohaní.

A excepción deí Gobierno ultraconservador de Israel que intenta torpedear este acercamiento, otros aliados de Estados Unidos no quieren ser los últimos en subirse al tren de la paz ni, sobre todo, dejar escapar jugosos contratos comerciales con un país de ochenta millones de consumidores... Así, el Reino Unido anunció inmediatamente que había decidido volver a abril- su embajada en Teherán y relanzar las relaciones diplomáticas. Y, el 24 de septiembre, el presidente francés Francois Hollande se apresuró a ser el primer dirigente occidental que se reunía y estrechaba públicamente la mano de Hasán Rohaní. Hay que decir que Francia tiene importantes intereses económicos que defender en Irán. En particular en el sector del automóvil con dos fabricantes (Renault y Peugeot) presentes allí. Desde hace unos meses, estos observan -y ello es significativo- la llegada en gran número de fabricantes estadounidenses rivales, en concreto la General Motors. Por tanto, todo indica que el deshielo actual va a intensificarse. Irán y Estados Unidos tienen, objetivamente, interés en hacer las paces. El argumento de la diferencia abismal entre los sistemas políticos estadounidense e iraní no vale. Hay numerosos precedentes. ¿Qué similitud política había, por ejemplo, entre la China comunista de Mao Zedong y el Estados Unidos capitalista de Richard Nixon? Ninguna. Lo cual no impidió que estos dos países normalizaran sus relaciones en 1972 y comenzasen su espectacular entendimiento comercial y económico que dura hasta hoy. Y podríamos también citar el inaudito acercamiento, a partir del 17 de noviembre de 1933, entre el Estados Unidos de Roosevelt y la Unión Soviética de Stalin, que todo separaba, y que permitió a ambos países finalmente ganar juntos la Segunda Guerra Mundial.

En el plano geoestratégico, Obama intenta liberarse de Oriente Próximo para dirigirse hacia Asia, la "zona del futuro y del crecimiento, según Washington, del siglo XXI". La implantación de Estados Unidos en Oriente Próximo, sólida desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se justificaba por la existencia en esta área geográfica de los principales recursos en hidrocarburos, indispensables para la máquina productiva estadounidense. Pero esto ha cambiado desde el descubrimiento, en Estados Unidos, de importantes yacimientos de gas y de petróleo de esquisto que podrían aportarle una casi autonomía energética. Por otro lado, el estado de las finanzas, tras la crisis de 2008, ya no permite a Washington asumir el considerable coste de sus múltiples participaciones en guerras y conflictos próximo-orientales.

Negociar con Irán para que abandone todo proyecto de programa nuclear militar es menos costoso que una guerra ruinosa. Sin contar con que la opinión pública estadounidense continúa siendo radicalmente hostil a la posibilidad de un conflicto de este tipo. Y que aliados como Alemania y el Reino Unido, visto lo que acaba de suceder a propósito de Siria, sin duda no participarían. En cambio, si se alcanza un acuerdo, Irán podría contribuir a estabilizar el conjunto de Oriente Próximo, particularmente en Afganistán, en Siria y en el Líbano. Y aliviar de ese modo a Estados Unidos.

Teherán, por su parte, necesita totalmente este acuerdo para aflojar la presión de las sanciones y reducir las dificultades diarias de los iraníes. Porque el país no está a salvo de un gran levantamiento social. Respecto a la cuestión nuclear. Irán parece haber comprendido que poseer una bomba que no podría utilizar, y hallarse en la situación de Corea del Norte, no es una opción. Podría satisfacerse, igual que Japón, con dominar el proceso técnico pero detenerse en el umbral de lo nuclear militar...el cual quedaría a su alcance. Para la defensa del país, más le vale apostar por sus avances militares tradicionales, que están lejos de ser despreciables. Por otra parte, el estatus de potencia regional, al que Teherán desde siempre ha aspirado, pasa por un acuerdo (e incluso una alianza) con Estados Unidos, como sucede con Israel o Turquía. Y por último, elemento no desdeñable, el tiempo apremia; existe el riesgo de que el sucesor de Barack Obama, dentro de tres años, se revele más intransigente.

No faltarán obstáculos en uno y en otro campo. Los adversarios de un acuerdo no son pocos y tienen poder. Washington, por ejemplo, para firmar un eventual acuerdo necesita el aval del Congreso donde los amigos de Israel, en particular, son numerosos. En Teherán también, los adversarios de un acuerdo son temibles. Pero todo indica que un ciclo se acaba. La lógica de la historia empuja a Irán y a Estados Unidos –que comparten una fe común en el liberalismo económico- hacia lo que podríamos llamar un "acuerdo heroico".



La economía hundió a Morsi


El creciente desempleo y la carestía de bienes básicos han fomentado el malestar social




• La economía pone contra las cuerdas al Gobierno egipcio




El País. 5 de julio D. ALANDETE / R. GONZÁLEZ El Cairo 4 JUL 2013 - 21:13 CET42




Muchas y muy variadas son las razones que cada detractor de Mohamed Morsi ofrece como explicación para las concentraciones masivas que iniciaron el proceso que acabó con su mandato de un año, desde la aprobación de una Constitución de corte islamista hasta la incapacidad de garantizar la seguridad ciudadana en las calles. Hay algo, sin embargo, con lo que la inmensa mayoría de opositores coincide: el maltrecho estado de la economía. La carestía de bienes básicos como la gasolina, los constantes apagones y la desaparición del turismo han sido todas razones de peso que han llevado a manifestarse en las calles a hasta 17 millones de personas el pasado domingo.




En los pasados meses, países como Catar han mantenido la economía egipcia a flote, con préstamos al Banco Central del país. Gracias a ello, Morsi, en su año en el poder, evitó implementar medidas impopulares, como subir impuestos o acabar con los subsidios a la gasolina. El Fondo Monetario Internacional (FMI) exigió a su Ejecutivo que acometiera esas reformas económicas y optara por medidas de austeridad, como condición para concederle un anhelado crédito de 4.800 millones de dólares. El rais fracasó, además, a la hora de iniciar una recuperación nacional.




El desempleo del país es del 13,6%, según estimaciones del FMI. Morsi tomó posesión de su cargo prometiendo reducirlo al 7% en 2016, cuando iba a expirar inicialmente su mandato. Desde 2010, un millón de personas ha perdido su empleo. Dos de cada cinco egipcios vive con menos de dos dólares al día. Un reciente informe de Naciones Unidas mantiene que un 17% de la población no consigue el alimento necesario a diario y que la tasa de malnutrición de niños menores de cinco años es del 31%.


 
Si la economía de Egipto aumentaba al 7% en 2008 y al 5,1% en 2010, el crecimiento previsto para este año no es superior al 2%, según el FMI. Uno de los factores principales para esta ralentización es, en realidad, la caída del turismo, que se nota sobre todo en los hoteles y los restaurantes.




Los meses de revolución contra Hosni Mubarak espantaron a numerosos visitantes, que optaron por viajar a otros lugares, a pesar de la riqueza cultural e histórica de Egipto y de un sector servicios preparado para acomodarles. Durante su año en el poder, Morsi se enfrentó a numerosas protestas callejeras, muchas de ellas violentas y con víctimas, lo que acentuó esa tendencia.




Si en 2010 visitaron el país 14,8 millones de turistas, en 2012 solo lo hicieron 10,5 millones. “Los precios han bajado considerablemente. Hoy una visita guiada a las pirámides cuesta casi la mitad. Hay mucha competencia para muy pocos clientes. Estos días, con las manifestaciones, damos las gracias si conseguimos ver a más de un grupo de turistas”, decía ayer Ahmad el Gindy, de 26 años, guía turístico en Giza.




Directamente relacionado con la caída del turismo se halla el problema de la extinción de las reservas de divisas. Desde la caída de Mubarak, Egipto ha utilizado ya más del 50% de sus divisas, que se calculan ahora en alrededor de 15.000 millones de dólares.




Si en 2010 visitaron el país 14,8 millones de turistas, en 2012 solo lo hicieron 10,5 millones




Una de las consecuencias de esta situación es que Egipto ha retrasado el pago de las importaciones a las empresas petrolíferas. Se calcula que debe unos 5.000 millones de dólares a estas compañías. De ahí que estas se resistan a realizar nuevos envíos. A eso se le añade que una parte importante del petróleo subsidiado por el Gobierno acaba pasando a Gaza a través de los túneles ilegales, generando pingües beneficios. Eso explica la carestía de combustible que padece el país. En los días previos a las revueltas del domingo las colas en las gasolineras duraban hasta tres horas.




“Ya llevo dos horas aquí, esto es un suplicio”, se queja Mohamed, conductor de una furgoneta de transporte privado. La cola de vehículos, la gran mayoría camiones y furgonetas, ocupa varias manzanas, obstruyendo la entrada al barrio de Dokki. “El Gobierno siempre dice que la crisis está a punto de resolverse, pero nunca lo hace”, añade.




Un problema relacionado es el de los cortes de luz. Buena parte de la electricidad que consume Egipto se produce en centrales térmicas que funcionan con gas o derivados del petróleo. La reducción de las importaciones, justo en el pico de consumo anual a causa de las máquinas de aire acondicionado, ha llevado a que los cortes sean más frecuentes y más largos, incluso en la capital, El Cairo.




La factura del petróleo es elevadísima para las arcas públicas. Se calcula que los subsidios representan un 25% del presupuesto nacional. De ahí que el FMI haya condicionado la firma del préstamo a la reducción de los subsidios.




La aplicación del nuevo sistema se ha retrasado en diversas ocasiones por cuestiones políticas. “Todos los gobiernos saben que es una medida impopular, y que les puede costar cara en popularidad. Por eso la van retrasando”, explica Amr Adly, especialista en Economía Política. “Uno de los grandes problemas de la economía egipcia es que no existe el clima político de entendimiento y consenso para lanzar las medidas de reforma que vive el país”, asegura.



  Una revolución rehén de los desafíos regionales
Guerras por procuración en Siria


Karim Emile Bitar. Le Monde Diplomatique junio 2013


Apoyado por el Hezbolá libanes, el régimen de Bachar el Asad ha reanudado la ofensiva en el oeste de Siria. Un acercamiento ruso-estadounidense deja entrever la posibilidad de que se celebre una conferencia internacional en Ginebra. Pero, dos años después del levantamiento, actores regionales e internacionales desvían la revolución hacia objetivos contradictorios y a menudo mal defenidos







Si hay una constante en la historia de los países de Oriente Próximo, es e] choque de las aspiraciones de los pueblos a la libertad y a la emancipación con la realpoliíik, que conduce a su sacrificio en el altar de los intereses geoestratégicos de potencias extranjeras. La expedición a Egipto de Napoleón Bonaparte, en 1798, marcó el punto de partida de un largo enfrentamiento entre Francia, el Reino Unido y Alemania en el territorio de un Imperio Otomano en decadencia. El principal traumatismo, sin embargo, tendría lugar al final de la Primera Guerra Mundial. Incitados a rebelarse contra los turcos por Thomas Edward Lawrence, llamado Lawrence de Arabia, y sobre lodo por una carta del alto comisario británico Henry McMahon al jerife Hussein de La Meca prometiéndoles la creación de un reino unificado, los árabes asistirían impotentes a la traición de esos compromisos. Los cuales iban a ser ridiculizados tanto por los acuerdos de Sykes-Picot (1916), que repartían la región entre Francia y el Reino Unido, como por la declaración de Balfour (1917), que anunciaba la creación de un "hogar nacional judío" en Palestina.

Bajo el mandato francés se propuso dividir Siria en un principio en cuatro Estados, antes de acceder a la independencia al término de la Segunda Guerra Mundial. Su régimen parlamentario no duró: fue derrocado en 1949 por el coronel Husni Al-Zaim. El primer golpe de Estado militar en el mundo árabe, orquestado por la embajada estadounidense y la Central Intelligence Agency (CÍA).

EL MAYUSCULO ERROR DE AL ASSAD

Estos escasos elementos históricos, entre muchos otros, permiten comprender el puntilloso nacionalismo que reina en Siria, así como también Ja visceral desconfianza hacia las maniobras extranjeras. Y son el motivo por el cual, enfrentado a una extendida revuelta popular, en un primer momento espontánea y pacífica, en la línea de los levantamientos tunecino y egipcio, el régimen de Bachar el Assad no dejó en ningún momento de apelar a la fibra antiimperialista para intentar legitimar una represión de indescriptible brutalidad. Esta estrategia le permite conservar el apoyo de ciertos movimientos nacionalistas autoritarios y de un parte minoritaria de la izquierda árabe.




A pesar de esta postura de resistencia a las grandes potencias, se observa sin embargo que, durante cuatro décadas, la meseta del Golán fue un oasis de estabilidad, y la frontera entre Siria e Israel estuvo extraordinariamente tranquila. En 1976, con la luz verde estadounidense y con el acuerdo tácito de los israelíes, Siria intervino en el Líbano para impedir una victoria de la coalición conocida como "islámico-progresista". Durante la "guerra global contra el terrorismo" de los años 2000, Siria participó en el programa de subcontratista de la tortura (extmordinary renditions) de la Administración del presidente George W. Bush. Y, después del estallido de las revoluciones árabes, legitimó la aniquilación a manos de Arabia Saudí de la revolución en Barhéin.




El mayúsculo error de apreciación de El Assad, flagrante en la entrevista concedida a The Wall Street Journal el 31 de enero de 2011, fue pensar que su política exterior, su apoyo al Hezbola libanes (sobre todo durante la guerra del verano de 2006) y su apoyo a Hamás durante la invasión israelí de Gaza (diciembre de 2008-enero de 2009) lo preservarían de la ola revolucionaria que se expandía por el mundo árabe. Aun cuando su supuesto antiimperialismo hubiese sido percibido como real y sincero por su opinión pública, ello no habría atemperado en absoluto un levantamiento motivado por consideraciones internas. La situación socioeconómica era deplorable: de trescientos mil sirios que se incorporaban cada año al mercado laboral, apenas ocho mil conseguían un contrato de trabajo formal. Reformas neoliberales brutalmente implantadas transformaron los monopolios públicos en monopolios privados y engendraron un capitalismo de amigos y gente sin escrúpulos. Un estado de emergencia en vigor desde 1963 estaba ahogando todas las libertades. La tortura, institucionalizada, había sido erigida como modalidad de gobierno y de domesticación de las masas.




Sin embargo, esta revolución fue rápidamente fagocitada por el juego de las potencias, y el territorio sirio se transformó en campo de batalla de una serie de guerras por procuración. Así, los dos grandes relatos rivales, el de una rebelión popular y el de un conflicto geopolítico regional e internacional, no son mutuamente excluyentes: las dos dimensiones coexisten, más allá de que la primera predominó entre marzo y octubre de 2011 y la segunda se manifiesta de manera preponderante desde julio de 2012.




La Rusia de Vladímir Putin fue la que apoyó con mayor determinación el régimen de El Assad, llegando a ha¬cer uso, en tres ocasiones, de su derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Las causas de este posicionamiento son múltiples. En pri-mer lugar, relaciones bilaterales sólidas, establecidas en los años 1950 y desde entonces ininterrumpidas. Siria, contrariamente al Egipto de Anwar el-Sadat, nunca rompió lazos con el bloque soviético: varias decenas de miles de ciudadanos con doble nacionalidad, parejas mixtas o expatriadas, relaciones económicas sólidas (las exportaciones rusas superaban los 1 100 millones de dólares en 2010, y las inversiones ascendían ese mismo año a cerca de 20 000 millones de dólares). Luego, ventas de armas que cuentan antes que nada porque les permiten a los rusos comprobar la fiabilidad de su tecnología; también les reportaron 4 000 millones de dólares en 2011, pero Damasco es mal pagador, y no es raro que Moscú tenga que renegociar o cancelar la deuda. En lo que respecta a la base militar de Tartús, única base rusa en el Mediterráneo, se trata esencialmente de una infraestructura de reabastecimiento, cuya importancia ha sido un poco sobrestimada. Como la Francia del siglo XIX, Rusia busca además posicionarse como protectora de los cristianos de Oriente. Y Siria cuenta con cerca de un millón de cristianos, es decir, el 4,6% de la población, de los cuales el 52% son de confesión greco-ortodoxa. La nueva alianza del trono y el altar que parece estar delineándose en Rusia entre Putin, el primer ministro Dmitri Medvédev y el patriarca Cirilo I puede explicar la creciente consideración de los intereses de la Iglesia Ortodoxa de Siria, cuya jerarquía es cercana al régimen. Finalmente, el Kremlin cree haber sido engañado en 2011 respecto del expediente libio: para lograr que la intervención militar vaya más allá de la simple "responsabilidad de proteger" y desemboque en un cambio de régimen, los occidentales se entregaron a una interpretación extensiva, por no decir abusiva, de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU.

Más allá de todos estos factores, la firmeza de Rusia también se explica por el hecho de que Putin analiza los acontecimientos sirios a través del prisma de Chechenia. Ve los levantamientos árabes como revoluciones islamistas que hay que detener antes de que lleguen al Caucaso o a las otras regiones musulmanas de Rusia (cerca del 15% de los rusos son musulmanes).




El apoyo de Irán al régimen de El Assad es más fácil de explicar: para Teherán, se trata de proteger a su único aliado árabe y de asegurarse la perdurabilidad de los canales de abastecimiento de Hezbolá. La alianza sirio-iraní proviene de un pacto estratégico de larga duración, forjado en 1980, poco después de la revolución islámica, en una época en la que Hafez El Assad, padre del actual presidente, aislado, sufría por sus malas relaciones con el hermano enemigo baazista iraquí, Sadam Hussein, y con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) de Yasser Arafat.




Esta alianza sobrevivió a intensas presiones, sobre todo durante la Guerra Irano-Iraquí 1980-1988 y todas las tentativas para distanciar a los dos países terminaron en fracaso. Además, desde que se desencadenó la revolución siria, en marzo de 2011, Irán usó toda su influencia para apoyar a El Assad. No dudó en abrirle, en enero de 2013, una línea de crédito de 1 000 millones de dólares, a pesar de la difícil situación económica de un país asfixiado por las sanciones. Teherán también contribuyó con el envío de cuadros de la Guardia Revolucionaria, mientras combatientes de Hezbolá y de las milicias chiíes iraquíes también se alistaban junto al régimen.




Las tres principales potencias suníes de la región, Turquía, Qatar y Arabia Saudita, en cambio, no ahorran esfuerzos para apoyar a los rebeldes sirios. Después de la haber intentado brevemente conciliar los intereses de Damasco y de los Hermanos Musulmanes, Turquía afirmó claramente su voluntad de hacer caer a El Assad. Para los dos países del Golfo se trata principalmente de cortarle las alas a Teherán convertido en el enemigo número uno, a riesgo de que el conflicto dé un giro confesional de enfrentamiento entre suníes y chiíes. Qatar rápidamente empezó a ayudar a los Hermanos Musulmanes sirios, como ya lo había hecho con sus homólogos tunecinos y egipcios. Según Financial Times, ya habría gastado 3000 millones de dólares para armar a los rebeldes. Algo tímida al principio Arabia Saudí lanzó sus fuerzas a la batalla siria algunos meses más tarde. Pero su hostilidad hacia los Hermanos Musulmanes la llevó a apoyar más bien a los movimientos salafistas, aun cuando desconfía de los grupos relacionados con Al Qaeda, cuyos atentados sufrió en los años 2000. Si Qatar juega a fondo la carta de la Coalición Nacional Siria, e impuso como primer ministro a Ghassan Hitto, sirio de Texas, considerado próximo a los Hermanos Musulmanes, los saudíes apuesta más bien por el terreno y la ayuda directa, que pasa por Jordania, donde ya hay instalada una oficina de coordinación.




CONFUSIÓN EN WASHINTONG




Para Israel, el régimen sirio ha representado durante mucho tiempo un mal menor, garante de la seguridad de su frontera. Esta postura ha evolucionado después de la guerra de julio de 2006, cuando se reveló que el apoyo de Damasco había representado un papel decisivo en la resistencia de Hezbolá, y con la escalada de la retórica anti-iraní en Tel Aviv. En los medios de comunicación estadounidenses favorables a Israel coexisten dos escuelas de pensamiento. Mientras que el ex asesor de la Casa Blanca Dennis Ross se inclina por una intervención contra Siria, el profesor Daniel Pipes, uno de los propagandistas estadounidenses más incondicionaies de Israel, preferiría que Estados Unidos apoyara al régimen y favoreciera la prolongación del conflicto. Por su parte, el ex director del Mossad Efraim Halevy estima que Al-Assad sigue siendo preferible a los que lo quieren derrocar, e incluso califica al presidente sirio como "hombre de Israel en Damasco".

Las dudas israelíes no ayudan a la confusión que reina en Washington, donde el presidente Barack Obama, escarmentado por la experiencia iraquí, resiste las presiones de los medios intervencionistas, siempre influyentes. La solución ideal para Estados Unidos sería ver como El Assad abandona el poder preservando al mismo tiempo el armazón del régimen; ése es el sentido de la nueva iniciativa ruso-estadounidense y de la conferencia de Ginebra que podría tener lugar el presente mes.

En lo que a Francia se refiere, tras haber estado al frente durante mucho tiempo y haber anunciado la caída inminente de El Assad, parece estar en retirada tras el anuncio del acercamiento ruso-estadounidense. Temiendo seguramente encontrarse aislada diplomáticamente empieza a alabar los méritos de una solución política, hasta ahora denigrada cuando no directamente rechazada por el Quai d’Orsay. Este panorama evidencia la total falta de planificación de las potencias regionales e internacionales contrariamente a las teorías de complot frecuentemente expandidas respecto a Oriente Próximo. Para dichas potencias, se trata sobre todo de preservar sus intereses. Habiendo pasado solo del pueblo sirio por un cálculo de pérdidas y ganancias.








¿Qué hace Francia en Mali?


Ignacio ramonet, en "Le Monde Diplomatique" feb.2013




E1 año 2013 ha comenzado, en Francia y en la región del Sahel, al son -de los cañones. El 11 de enero, el presidente Francois Hoílande, envió urgentemente a Malí un cuerpo expedicionario para detener un ofensiva yihadista que amenazaba con abalanzarse sobre Bamako. De manera simultánea, en Somalia, las fuerzas especiales Francesas lanzaban una operación para intentar rescatar a un agente secreto tomado como rehén desde hacia tres años por las milicias islamistas shabab, que terminó en fiasco. Unos días más tarde, cerca de la ciudad argelina de In Amenas, en la frontera, con Libia, un comando salafista ocupaba un compleo gasístico y ejecutaba a varias decenas de extranjeros antes de que Ejército argelino lo aniquilara.

De un extremo al otro, repentinamente, el Sahara está ardiendo. ¿Cuáles son las causas de tal situación? En primer lugar se halla la reivindicación nacionalista tuareg. Los tuaregs, u "hombres azules", no son ni árabes ni bereberes. Son los habitante históricos del Sahara, del que controlan, desde hace miles de años, las rutas caravaneras. Pero el reparto entre las potencias coloniales fragmentó su territorio a finales del siglo XIX. Y cuando las independencias, en los años 1960, los nuevos Estados saharauis les negaron el reconocimiento, aunque sólo fuera el de una autonomía territorial.

Razón por la cual, concretamente en el norte de Malí (denominado Aza-wad por los tuaregs) y en Níger, los dos países donde se sitúan las principales comunidades tuaregs, aparecieron muy pronto movimientos armados de reivindicación nacional. Se produjeron grandes rebeliones tuaregs en 1560-1962, después en 1990-1995, en 2006 y de nuevo ea 2007. En cada ocasión, conducidas por los Ejércitos rnaliense y nigerino, las represiones fueron feroces. Huyendo de las masacres, numerosos combatientes tuaregs se enrolaron entonces, en Libia, en el seno de la Legión tuareg del coronel Muamar el Gadafi...

La segunda causa de la situación actual se encuentra en la guerra civil argelina de principios de los años 1990. Tras la anulación de las elecciones de diciembre de 1991, virtualmente ganadas por los islamistas del Frente Islámico de Salvación (FIS), esta guerra vio enfrentarse a las Fuerzas Armadas argelinas contra los insurgentes" del Grupo islámico Armado (GIA). Una organización muy aguerrida en la qué había numerosos combatientes que volvían de Afganistán -Ronald Re-gan los calificó de "Freedomfighters"-donde, junto a los muyaidines, habían hecho la guerra a los soviéticos con el apoyo de Estados Unidos... El conflicto argelino costó la vida a unas 100,000 personas. Terminó con la victoria de las autoridades argelinas y la rendición de las guerrillas islamistas. Sin embargo, una fracción disidente, el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), decidió proseguir la lucha armada. Acosado por las fuerzas argelinas, buscó entonces refugio en la inmensidad del Sahara, prestó lealtad a Osama Ben Laden y a Al Qaeda en 2007, y adquirió el nombre de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). Sus principales acciones consisten, desde entonces, en secuestrar a extranjeros a cambio de importantes rescates. Su terreno de caza se sitúa en el Sahel, región árida y semídesértica que se extiende desde Senegal hasta Chad, pasando por Mauritania. Malí, Burkina Faso y Níger, De hecho, fue ana katiba (brigada) del grupo Al Muwakaún Bidam ("los que firman con su sangre"), fundado por un ex-dirigente de AQMI, el argelino Mojtar Belmojtar, alias "el Tuerto", quien atacó el complejo gasistico de In Amenas y asesinó a decenas de extranjeros.

Por último, la tercera causa es el ataque de las fuerzas de la OTAN contra Libia, en 2011, y el derrocamiento del coronel Gadafi. Para conseguir este objetivo, Francia y sus aliados (en concreto Qatar) no dudaron en armar a los movimientos islamistas hostiles a Gadafi. Movimientos que obtuvieron la victoria sobre el terreno. Con tres consecuencias: I/ el desmoronamiento y la descomposición del Estado libio, que sigue siendo presa, hoy en día, de las luchas mortíferas entre provincias, milicias y clanes; 2/ la distribución de! arsenal militar de Gadafi entre los movimientos yihadistas del conjunto del Sahel; 3/ la vuelta a Malí de una parte de la Legión tuareg sobrearmada y entrenada.

También hay que tener en cuenta el telón de fondo socioeconómico. Malí, al igual que los demás países del Sahel, figura entre los Estados más pobres del mundo. La mayoría de su población vive de la agricultura. Durante estos últimos años, las reducciones de las ayudas al desarrollo decididas por los paises ricos han afectado particularmente al país. Su principal producción, el algodón, se derrumbó a causa de las políticas de dumping que practica el primer exportador mundial, Estados Unidos, así como por las sequías que sufre de manera regular el Sahel a causa del calentamiento global. Por otra parte, las políticas neoliberales y las privatizaciones impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) han conducido a la reducción de los presupuestos sociales destinados a educación y sanidad. La pobreza y el malestar social se han agravado. Esto ha presionado particularmente a una parte de los jóvenes a buscar una vía de salvación en la emigración, mientras que otros, ante tanta angustia social, son más sensibles a las llamadas de los salafistas que les ofrecen, sin mayor dificultad, .mas, poder y dinero. Este es el contexto que hallaron los tuaregs de la antigua Legión de Gadafi a su retorno al norte de Mali provenientes de Libia. Por eso no tuvieron dificultades para reclutar. Y. decidieron integrarse en el Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA). De enero abril de 2012, lanzaron ataques contra las guarniciones malienses de las principales ciudades de la región (Tombuctú, Gao y Kidal). Mal equipado, el Ejército maliense se descompuso y se batió en retirada. Humillados y exasperados por el abandono del Gobierno, un grupo de jóvenes oficiales dirigidos por el capitán Sanogo se sublevaron. Tomaron el poder en Bamako el 22 de marzo de 2012. Pero, boicoteados por los países vecinos y las grandes cancillerías internacionales, estos golpistas se mostraron incapaces de enderezar la situación. De hecho, Mali, como Estado se desmoronó.

Mientras tanto, en el norte de Malí, el MNLA proclamaba la "independencia" de Azawad y se aliaba con dos organizaciones islamistas radicales -provenientes de AQMI que preconizaban la instauración de la sharia: el grupo salafista Anear Dine y el Movimiento para la Unicidad la Yihad en África Occidental (MUYAO). Estas dos organizaciones -que disponen de muchos más medios financieros gracias a la ayuda que les aportaría Qatar, a los rescates pagados (entre otros por España) a cambio de rehenes occidentales y tráficos diversos (droga, contrabando) terminaron por apartar a los tuaregs del MNLA. Naciones Unidas condenó la secesión de Azawad, pero se movilizó con demasiada lentitud. Hubo que esperar al 20 de diciembre de 2012 para que, a petición de Francia, la ONU decidiera finalmente crear la Misión Internacional de Apoyo a Malí bajo Liderato Africano (AFISMA, por sus siglas en inglés), la cual se ha confiado a los países de la Comunidad Económica de Estados de África el Oeste (CEDEAO, por sus siglas en francés), que deberá "reconstituir la capacidad de las Fuerzas Armadas malienses" para recuperar el control del norte de Mali. Francia aseguró que sostendría este proyecto, pero François Hollande se comprometió a no enviar tropas: "Soy terminante -declaró el presidente francés-, no tendremos tropas de tierra". Por su parte, los representantes de las fuerzas políticas, sociales y religiosas de Malí, reunidos en Uagagugú (Burkina Faso) para entablar conversaciones sobre futuro de su país, se opusieron a la intervención de fuerzas militares de la CEDEAO. De todas formas, una eventual reactivación de la reconquista militar del norte de Mali o estaba prevista antes de septiembre de 2013... Este dato no escapa a los salafistas de Anpar Dine. No sólo son sobre el terreno, los más fuertes, sino que tienen ahora la certeza de que nadie los atacará en los próximos nueve meses. Así pues, deciden aprovechar la oportunidad. Y lanzan una operación de una temeraria audacia. Varios miles de ellos, poderosamente armados, a bordo de unas 300 furgonetas pick-up, se abalanzan por sorpresa, el 9 de enero de 2013, sobre la ciudad de Konna, cerrojo estratégico en camino el hacia Bamako. Vencen al Ejército maliense, que se bate en retirada dejándoles el campo libre hacia la ciudad de Mopti. Y, sobre todo, hacia el cuartel general de operaciones del Ejército de Malí que se halla instalado en el aeropuerto de Sevaré, el único donde pueden aterrizar aviones de gran capacidad, indispensables para una eventual reconquista del norte.

Ahí es cuando Francia, sin esperar la llamada de auxilio del presidente interino maliense Dioncunda Traoré, decide intervenir. Francois Hollande ordena que las tropas de élite del Ejército francés situadas previamente en Niger intervengan inmediatamente. Transportadas en aviones Transall C-160 y apoyadas por helicópteros de combate, estas tropas atacan inmediatamente a las columnas islamistas y detienen en seco su avance hacia Mopti y Bamako.

Así comienza la operación Serval, con la participación de unos 2500 soldados franceses calurosamente acogidos por una gran parte de la población maliense. El objetivo declarado de esta operación ha evolucionado a lo largo de los días. Antes de su puesta en marcha, Francois Hollande afirmaba, tal y como vimos, que Francia no intervendría "en ningún caso". Al haber intervenido finalmente desde el 11 de enero, el presidente minimizó el alcance de la operación explicando que se trataba "esencialmente de bloquear la progresión hacia el sur de terroristas criminales" y, factor determinante, de "proteger a los aproximadamente 6000 residentes-franceses en Malí". Pero después, el 18 de enero, François Hollande reconoció una intención mucho más ambiciosa: darse "el tiempo necesario para que el terrorismo sea vencido en esta parte de África". Por último, el 20 de enero, el ministro francés de Defensa admitió claramente: "El objetivo es la reconquista total de Malí".

En realidad, los verdaderos objetivos de Francia permanecen confusos. En efecto, París ha explicado que la operación Serval no hace sino responder a una llamada de ayuda por parte de Bamako. Pero, dado que el Gobierno maliense procede de un golpe de Estado, su legitimidad para requerir ayuda es discutible.

El otro argumento es que los salafistas de Anpar Dine aplican la sharia en Tombuctú, destruyen monumentos antiguos y "cortan manos". Y que eso es "intolerable". Cierto. Pero, cuando los salafistas se comportan de ese modo simplemente obedecen a la doctrina wahabí que el "gran aliado de Occidente", Arabia Saudí, difunde, con la ayuda de Qatar -país igualmente wahabí-, en el conjunto del mundo musulmán, y particularmente en el Sahel, a golpe de millones de euros... Sin embargo, Francia tiene las mejores relaciones del mundo con Arabia Saudí y Qatar, que incluso son sus aliados actualmente en Siria para apoyar a los insurgentes islamistas y salafistas....

París no dice palabra de otros dos argumentos que probablemente hayan contado a la hora de activar la operación Serval. Uno es económico y estratégico: el control duradero de Azawad por organizaciones salafistas habría entrañado, en mayor o menor plazo, una ofensiva sobre el norte de Níger, donde se hallan las principales reservas de uranio explotadas por la empresa gala Areva y de las cuales depende todo el sistema nuclear civil de Francia. París no puede permitirlo.

El otro es geopolítico: cuando, por primera vez en la historia, Alemania domina Europa y la dirige con mano de hierro, Francia, al exhibir su fuerza en Malí, quiere mostrar que continúa siendo, por su parte, la primera potencia militar europea. Y que hay que contar con ella.



El poder y las finanzas de la Hermandad

El capitalismo extremo de los Hermanos Musulamanes

GILBERT ACHCAR, en: "Le Monde Diplomatique" feb 2013




Respecto a los negocios en Egipto, los Hermanos Musulmanes ya no pueden contentarse con el eslogan “EÍ islam es la solución". Porque su política liberal se expone a suscitar fuertes oposiciones.





El credo económico de los Hermanos Musulmanes, favorable a la libre empresa -como lo expresan Khairat Al-Shater, el muy capitalista número dos de la Herman¬ad y representante de su ala más conservadora, o el riquísimo Hassan Malek, quien tras iniciarse en los negocios en sociedad con Al-Shater, actualmente dirige junto a su hijo una red empresas textiles, de muebles y de comercio que emplea a más de cuatrocientas personas -se adecúa más a la doctrina neoliberal que a la forma de capitalismo que se desarrolló bajo la presidencia de Hosni Mubarak.

El retrato que Businessweek hizo de Malek podría titularse "La ética de la hermandad y el espíritu del capitalismo", Hasta ese punto parece parafrasear la obra clásica del sociólogo Max Weber. Según explica la revista, los Malek "pertenecen a una generación de conservadores religiosos ascendente en el inundo musulmán, cuya devoción estimula su determinación al éxito en los negocios y la política. Como afirma Malek: 'No tengo en mi vida nada más que el trabajo y la familia'. Estos islamistas plantean un enorme desafío a la gobernanza laica en países como Egipto, no solo por su conservadurismo, sino también en razón de su ética del trabajo, su determinación y su aparente abstención del pecado de la pereza. (...) 'En el fondo, si la definirnos de un modo clásico, la visión económica de la Hermandad es la de un capitalismo extremo', dice Sameh Elbarqy., ex miembro de la Hermandad" .



Ese "capitalismo extremo" se evidencia en la elección de los expertos en economía que participaron en la asamblea encargada de redactar el proyecto de Constitución egipcia, ampliamente dominada por los Hermanos Musulmanes y los salafístas, y boicoteada por la oposición liberal y de izquierda. "Tarek El-Dessouki es un empresario, diputado del partido Nur [salafista]. Dirige la comisión económica del nuevo Parlamento y su misión es resolver los eventuales conflictos con los inversores saudíes en Egipto. Hussein Harmed Hassan, de 80 años, es un experto islámico en finanzas que desempeñó cargos ejecutivos en el Banco Internacional Islámico, el Banco Islámico de Dubai, el Banco Nacional Islámico de Al-Sharia y la Unión Internacional de Bancos Islámicos. Maabed Ali El-Gar-hi preside la Asociación Internacional para la Ciencia Económica Islámica, (También ocupa cargos relevantes en el Banco Islámico de los Emiratos y en la Bolsa de Dubáí). Ibrahim El-Arabi, empresario cercano a los Hermanos Musulmanes, es miembro de la Cámara de Comercio de El Cairo. Hussein El Qazzaz, director de una empresa consultora orientada al ámbito empresarial, es un amigo del candidato a la presidencia Khairat Al-Shater (2). Co-mo contrapartida, la Asamblea Constituyente de cien miembros propuesta por la Hermandad cuenta con apenas tres representantes de los obreros" (3). El ex hermano musulmán interrogado por Businessweek dio en el blanco: la duda no es si la Hermandad se adhiere o no al capitalismo de la era Mubarak, sino si será capaz de romper con sus peores defectos. "Lo que queda por verse es sí el capitalismo de compinches (crony capitalism) que caracterizó al régimen de Mubarak cambiará con dirigentes pro-business como Malek y Al-Shater al timón. Si bien tradicionalmente la Hermandad trabajó para confortar a los pobres, 'los trabajadores y los campesinos padecerán a esta nueva clase de empresarios', dice Elbarqy. 'Actualmente, uno de los grandes problemas con la Hermandad -compartido con el ex partido político de Mubarak- es la relación íntima entre el poder y el capital" (4).



El principal obstáculo para la colaboración de la Hermandad con el capitalismo egipcio, la represión a la que estuvo sometida bajo Mubarak, ya no existe. Los Hermanos Musulmanes se esmeran por emular la experiencia turca, creando una asociación de empresarios dirigida principalmente a las pequeñas y medianas empresas, la Egyptian Business Developmení Association (EBDA) (5). A semejanza del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) y del gobierno de Recep Tayyip Erdogan, la Hermandad y Mohamed Morsi estiman no obstante representar los intereses de todos los componentes del capitalismo egipcio, sin excluir a la mayoría de los colaboradores del antiguo régimen que, por fuerza, constituyen una parte importante del mismo, sobre todo en su cúspide.



Un buen ejemplo de estas disposiciones puede verse en la delegación de ochenta empresarios que acompañó a Morsi a China en agosto de 2012. Dado que el nuevo presidente, al estilo de los jefes de Estado occidentales, deseaba actual' como representante comercial del capitalismo de su país, varios empresarios que habían colaborado conel antiguo régimen fueron invitados a participar en el viaje.



Entre ellos, Mohamed Parid Khamís, dueño de Oriental Weavers, quien se jacta de ser el mayor fabricante del mundo de alfombras y moquetas tejidas a máquina. Khamis pertenecía al buró político del Partido Nacional Democrático (PND), ex partido de gobierno en tiempos de Mubarak, y era parlamentario. Otro miembro del buró político del PND, señalado como un íntimo de Gamal Mubarak, hijo del ex presidente, también formó parte de la delegación: Sherif El Gabaly, miembro del consejo de administración de la Federación Egipcia de la Industria y dueño de Polyserve, un grupo especializado en fertilizantes químicos (6).



Al igual que Erdogan, Morsi se sitúa en la confluencia de las distintas facciones del capitalismo de su país y en la continuidad de su trayectoria global. La principal diferencia entre los Hermanos Musulmanes y el AKP -y por ende, entre Morsi y Erdogan- no es tanto el peso relativo de la pequeña burguesía y las capas medías, en ambas organizaciones como la naturaleza del régimen cuyos intereses representan: en el caso turco, un capitalismo de país "emergente" sobre todo industrial y exportador; en el caso egipcio, un Estado rentista y un capitalismo dominantemente comercial y especulativo, profundamente marcado por décadas de nepotismo.



El viaje a China apuntaba a promover las exportaciones egipcias, pa¬ra reducir un déficit comercial de 7 000 millones de dólares en los intercambios bilaterales. Otro objetivo era convencer a los dirigentes chinos de invertir en Egipto -sin mucho éxito-. Sin embargo, la continuidad entre Mubarak y Morsi quedó expresada en el mantenimiento de la dependencia egipcia respecto a los capitales de los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG); con la diferencia de que Qatar ocupó el lugar del reino saudí como principal prestamista de fondos del nuevo régimen, conforme a la relación entre los Hermanos Musulmanes y el Emirato. Qatar acordó un préstamo de 2 000 millones de dólares a El Cairo y se comprometió a invertir 18 000 millones de dólares en cinco años en proyectos petroquímicos, industriales, turísticos y de bienes raíces como en la compra de bancos egipcios. Por otra parte el gobierno de Morsi solicitó al Fondo Monetario Internacional (EMI) un préstamo de 4 800 millones de dólares, señalando que estaba dispuesto a ajustarse a sus condiciones, incluida la austeridad presupuestaria.



Estas exigencias pueden vislumbrarse en la nota sobre la región que el FMI preparó para la Cumbre de los países del G-8 de mayo de 2011: "Cerca de 700 000 personas ingresan cada año al mercado laboral egipcio. Absorberlas y reducir el número de las que están actualmente sin empleo exigirá una economía más dinámica. Esto requiere medidas valientes, que en gran parte deberán ser implementadas por el gobierno emanado de las elecciones generales que tendrán lugar este año. Entre las principales reformas figuran el fortalecimiento de la competencia, para que los mercados se abran más a la inversión local y extranjera; la creación de un entorno económico que atraiga y retenga la inversión privada y apoye a las pequeñas empresas; la reforma del mercado de trabajo; y una reducción del déficit presupuestario, que implica disminuir el derroche provocado por los subsidios. (...) El recurso al financiamiento externo, incluso del sector privado, seguirá siendo deseable por algunos años más" .



Pero estos nuevos préstamos agravarán el peso del endeudamiento, cuando el servicio de la deuda representa a una cuarta parte de los gastos presupuestarios del Estado, que a su vez superan en un 35% sus ingresos. Aumentar el endeudamiento, manteniéndose en una lógica neoliberal, significa pues que el Estado deberá reducir los salarios de la función pública, los subsidios a los más desfavorecidos y las jubilaciones. En septiembre de 2012, Morsi prometió por otra parte a una delegación de empresarios estadounidenses que no recularía frente a reformas estructurales draconianas para recuperar la economía . Estas orientaciones dejan entrever una próxima represión de las luchas sociales y obreras. La voluntad del nuevo gobierno de poner en cuestión las libertades sindicales conquistadas gracias a la revuelta y la multiplicación de los despidos de sindicalistas van en ese sentido.



Morsi, su gobierno y los Hermanos Musulmanes conducen a Egipto hacia una catástrofe económica y social. En la coyuntura socioeconómica del país, las recetas neoliberales ya habían demostrado su incapacidad para sacarlo del círculo vicioso del subdesarrollo y la dependencia. Por el contrario, lo hundieron aún más. La inestabilidad política y social producida por la revuelta no puede más que contrariar la perspectiva de un crecimiento impulsado por la inversión privada. Y hay que tener una fe ciega para creer que Qatar suplirá la indigencia de la inversión pública,



En tiempos de Mubarak, los pobres podían recurrir a la caridad combinada con "el opio del pueblo": "El islam es la solución", prometían desde hace décadas los Hermanos Musulmanes, disimulando detrás de esa consigna vacía su incapacidad para formular un programa económico radicalmente distinto al del poder establecido. Ha llegado la hora de la verdad. Como enfatizó Khaled Hroub, "en el próximo periodo, la consigna 'El islam es la solución' y el discurso que apela a la religión serán puestos públicamente a prueba en el laboratorio de la conciencia popular. Quizá lleve mucho tiempo, y consuma la vida de toda una generación, pero parece inevitable que los pueblos árabes atraviesen este periodo histórico para que su conciencia evolucione progresivamente desde la obsesión por la identidad hasta la conciencia de la realidad política, social y económica. Para que la conciencia de los pueblos y la opinión pública pasen de la utopía que consiste en fundar esperanzas en consignas soñadoras a la confrontación con la realidad y a la evaluación de los partidos y los movimientos en función de los programas reales que presentan" .



Los traficantes del "opio del pueblo" llegaron al poder. La virtud soporífera de sus promesas se ve por ello forzosamente disminuida, sobre todo porque, a diferencia de sus homólogos iraníes, no gozan de una renta petrolera importante que les permita comprar la anuencia o resignación de un importante porcentaje de la población. Hace más de un cuarto de siglo, Máxime Rodinson formuló el problema correctamente: "El integrismo islámico es un movimiento temporal, transitorio, pero puede durar unos treinta o cincuenta años más, no lo sé. Allí donde no esté en el poder, permanecerá como ideal en tanto que exista esa frustración básica, esa insatisfacción que empuja a la gente a comprometerse al extremo. Es necesario experimentar ampliamente el clericalismo para llegar a rechazarlo: ¡a Europa le llevó mucho tiempo! Este periodo seguirá ampliamente dominado por los integristas musulmanes. Si un régimen integrista islámico fracasara muy visiblemente, incluso en la clave nacionalista, y desembocara en una tiranía manifiesta, mucha gente podría volcarse hacia una solución de recambio que denuncie esas taras. Pero haría falta una solución creíble, entusiasmante y movilizadora, y ello no será fácil".


  INFORME SOBRE LAS REVUELTAS ARABES

(breve resumen de la introducción del libro publicado por: IGNACIO GUTIERREZ DE TERAN/ IGNACIO ALVAREZ OSORIO eds )
Ediciones del Oriente y Mediterráneo 2011, 315 págs




El despertar árabe nace de situaciones similares: “unos regímenes autocráticos que se perpetúan desde la noche de los tiempos, una gerontocracia desconectada de la realidad y aferrada al poder, una corrupción endémica que se extiende por todas las estructuras gubernamentales, una propaganda oficialista que falsifica de forma contumaz la realidad y disfraza de democrático y popular un sistema autoritario, una asfixiante persecución de toda la disidencia política, una sistemática vulneración de las libertades fundamentales y una política exterior errática, supeditada frecuentemente a los dictados impuestos desde fuera y contraria a la opinión pública doméstica (…) cuya supervivencia depende de su grado de acomodación a las prioridades geoestratégicas, económicas e incluso militares de Occidente” página 12 Todo ello regado por un deterioro económico sin precedentes acrecentado por el incremento demográfico, y una total incomprensión de las nuevas generaciones, así como un desigual reparto de la riqueza. Egipto cuenta con la mitad de la población por debajo del umbral de la pobreza, Siria con un tercio, Libia con el 20% de paro, Arabia Saudi padece niveles de pobreza injustificables.

Demandas comunes: desmantelamiento del Estado autoritario, respeto a la Ley, lucha contra la corrupción, derogación de las leyes de emergencia, fin de los sistemas monopartidistas, separación de poderes, respeto a las libertades civiles, elecciones libres. Más libertades y más democracia. página 13

Las revueltas obligan a revisar alguno de los discursos occidentales de la relación entre islam y democracia, la supuesta incapacidad de los estados árabes para construir Estados sostenibles y sociedades plurales. Se ha demostrado un altísimo grado de concienciación social. Crecimiento de la sociedad civil: “desde 1980 asistimos a un crecimiento imparable de organizaciones privadas sin ánimo de lucro, asociaciones de defensa de los derechos humanos, y de desarrollo comunitario, fundaciones científicas o caritativas, organizaciones femeninas, sindicatos profesiones, círculos de licenciados universitarios y, sobre todo, organizaciones no gubernamentales, cuyo número se estima hoy en cerca de ciento veinticinco mil, en 1960 no alcanzaban las diez mil. Posiblemente la suerte de la primavera árabe hubiera sido diferente de no existir este caldo de cultivo” página 15

A destacar, en general, el sesgo no violento de las revueltas, el de las nuevas tecnologías, internet como el protagonismo de al-yazira.

Tanto la UE como EEUU no comprendieron la magnitud de las revueltas. Los estados protagonistas fueron bastiones occidentales contra el supuesto auge del islamismo yihadista. Pero ha quedado demostrado que esta “intifada global” no ha sido dirigida por los islamistas aunque hayan sido sus principales beneficiarios, claro que son islamistas que optan por la democracia.

Qué ha fallado en la relación entre las dos orillas. Basada exclusivamente en criterios economicistas. Complacencia con las autocracias primando las luchas antiterroristas, control de emigración, y promoción de mercados baratos y accesibles.




La caída del régimen libio
Tomado de la revista: Atalaya sociopolítica de Casa Árabe Nº16 sept/oct 2011


El levantamiento popular que comenzó en la ciudad libia de Bengasi el pasado 17 de febrero ha conseguido, tras meses de enfrentamientos que se han cobrado la vida de decenas de miles de personas, aunque no hay cifras definitivas, la caída del régimen con el coronel Muamar al-Gadafi, que se encuentra en paradero desconocido. En Libia, si bien no existía una sociedad civil organizada ésta empieza a abrirse camino, fundamentalmente en la región de Bengasi, a la vez que perviven las redes de influencia tribales y familiares. Por el componente bélico que ha supuesto la revolución libia, a diferencia de las revoluciones tunecina y egipcia, la oposición al régimen se ha estructurado en torno a un grupo amplio de líderes políticos de composición muy dispar entre los que ha de surgir, no sin dificultades, el gobierno que dirija la transición. Por su implicación en el derrocamiento del régimen, el papel que a partir de ahora desempeñe la comunidad internacional será también uno de los elementos que pesen en el desarrollo futuro del país.


La composición social





Libia es un país con un tejido social complejo. Según los estudios elaborados, existen unos 140 clanes diferentes, aunque sólo 30 de ellos tienen influencia real. Históricamente, los diversos clanes han desempeñado un papel importante en la lucha contra el otomanismo y, después, contra el colonialismo italiano.


Durante los 40 años de dictadura, los libios dependían en buena medida de sus conexiones tribales a la hora de reclamar sus derechos, obtener protección o incluso conseguir un trabajo en el aparato estatal.


Los consejeros y hombres de confianza de Gadafi, a los que se ha llamado “hombres de la Jaima” (riyal al-jayma), pertenecían al clan Qaddafa y a la rama de la familia de Gadafi. Este círculo de hombres influyentes comprendía también a algunos individuos que sin pertenecen directamente al clan del líder estuvieron a su lado durante el golpe de Estado de 1969 y a quienes se conocía por el nombre de “Compañeros del Líder” (Rifaq al-Qa´id). Entre ellos destacaron: el general Juwayldi al-Humaydi (cuya hija está casada con uno de los hijos de Gadafi), inspector general de las Fuerzas Armadas (FFAA); Mustafa Jarroubi, ex director de los servicios de inteligencia militares; Jalifa Janesh, jefe de la seguridad en la residencia de Gadafi; y Abu Bakr Yunis Jabr, comandante en jefe de las FFAA.


Tras el golpe de Estado que le llevó al poder, Gadafi intentó hacer desaparecer el sistema de influencia tribal, pues lo consideraba anticuado y una herencia de las prácticas del antiguo régimen monárquico. Así, se propuso eliminar la organización administrativa que se basaba en filiaciones tribales y despidió a los funcionarios que habían sido nombrados según su pertenencia familiar. Pero finalmente decidió también utilizarlo a su favor. Intentó enfrentar a unos clanes con otros y comprar la lealtad de algunas tribus. Debido a que su familia es relativamente pequeña y no muy influyente, Gadafi decidió aliarse con las tribus más importantes del país, principalmente los Warfalla y los Magariha. Desde entonces, todos los miembros del cuerpo de seguridad personal del líder eran reclutados entre estas dos tribus.


El clan de Gadafi no había destacado en la historia contemporánea de Libia antes de su llegada al poder y no desempeñó un papel destacado en la lucha anticolonial. La lealtad del clan Maghariha, que a su vez le confería poder y relevancia, fue la expresión de una deuda contraída con Gadafi, que consiguió que uno de sus miembros, Abdel Baset al-Megrahi, regresara a Libia desde una prisión londinense, donde cumplía condena por ser uno de los responsables del atentado de Lockerbie. Hay que señalar que este vínculo de lealtad no ha impedido que muchos miembros de este clan, especialmente los jóvenes, hayan participado en las manifestaciones de protesta contra el régimen de Gadafi.


Reparto de las tribus más destacadas:


Tripolitania: Warfalla, Awlad Busayf, Al-Zintan, Al-Riyban.


Cirenaica: Al-Awagir, Al-Abaydat, Drasa, Al-Barasa, Al-Fawakhir, Al-Zuwayya, Al-Mayabra.


Sirte: Al-Qaddadfa, Al-Magharha, Al-Magharba, Al-Riyyah, Al-Haraba, Al-Zuwaid, Al-Guwaid.


Fezzan: Al-Hutman, Al-Hassawna, Toubou, Tuareg.


Al-Kufra: Al-Zuwayya; Toubou.


Clanes que apoyan el levantamiento:


Warfalla: Compuesta de 52 subtribus, es el grupo tribal más numeroso de Libia, con un 15% de la población total. Se concentra principalmente en las ciudades de Misurata y Bani Walid. El 20 de febrero de 2011, el líder de la tribu, Akram al-Qarfali, anunció que retiraba el apoyo de Gadafi, diciendo: "ya no es un hermano".


Al-Zawiya: Es la mayor tribu de la región de Cirenaica, al este de Libia, y la primera tribu en tomar partido a favor de la insurgencia. El líder de la tribu, Sheyj Faray al Zuway, amenazó con detener el flujo de petróleo si Gadafi no dejaba de matar a los manifestantes.


Migraha: El 21 de febrero de 2011, la tribu anunció que retiraba su apoyo al régimen de Gadafi.


Al-Zintan: se sitúa entre las ciudades de Yadu y Iafran, a poca distancia de Trípoli. Su portavoz se dirigió a los seguidores de Gadafi en los siguientes términos: "Pedimos también a los fieles del régimen corrupto, que son pocos, que se unan a esta revolución para que no dejen pasar la oportunidad de ser perdonados".


Tuareg: no han expresado una posición definida.


Clanes que se mantienen leales al régimen:


Qaddadfa: Situada en Sirte, es la tribu a la que pertenece Gadafi. También es la tribu a la que pertenecían los pilotos que desertaron a Malta, lo que podría indicar que no hay una posición común dentro de la misma.


Al-Magariha: es la segunda mayor tribu después de la Warfalla y la que tiene los lazos más fuertes con el régimen de Gadafi. Muchos de sus miembros ocupaban puestos de importancia, incluso en los servicios de seguridad. Por ejemplo, el ex primer ministro libio, Abdelsalam Yalud, considerado la mano derecha de Gadafi, pertenece a este clan. Sin embargo, parece que muchos jóvenes Magariha se han unido a la revuelta. La propia tribu todavía no se ha pronunciado. Al Magariha es tradicionalmente muy afín a la tribu de Al-Zintan, que fue de las primeras en unirse a la revuelta.


Un mapa de las protestas: la Revolución del 17 de febrero


La primera convocatoria que se realizó para celebrar un “día de la ira” en Libia se hizo a través de facebook y la fecha elegida fue el 17 de febrero. El 15 de febrero, unas 200 personas, parientes de los presos políticos muertos en la masacre de la prisión de Abu Salim en junio de 1996, fueron arrestadas en Bengasi cuando protestaban por la detención de Fethi Turbel, portavoz de las familias afectadas en dicha tragedia. El enfrentamiento se saldó con la muerte de 3 personas y casi 40 heridos. En apenas 3 días ya se contaban más de 40 muertos. La brutal represión ejercida por el régimen desde el inicio de las manifestaciones, que incluía bombardeos aéreos, favoreció el rápido contagio de las protestas, que se extendieron con facilidad por la región de la Cirenaica (un área tradicionalmente hostil al régimen).


En un principio, los rebeldes consiguieron avanzar con rapidez, dejando Trípoli completamente rodeada de ciudades bajo su control a finales de febrero. Pero con igual rapidez recuperó el ejército gran parte del territorio perdido. Así, a principios de marzo, el ejército regular volvía a controlar la mayoría de las ciudades del oeste y la costa central del país y cercó las ciudades de Bengasi y Misurata.


A finales de febrero, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas emitió una resolución en la que advertía a Gadafi de que los medios empleados para reprimir la sublevación podrían considerarse crímenes de lesa humanidad. Y el 17 de marzo redactó la resolución 1973 mediante la que aprobaba el establecimiento de una zona de exclusión aérea y autorizaba a los Estados miembros de la OTAN a utilizar todas las medidas necesarias para proteger a la población civil.


Finalmente, tras meses de guerra civil, el 21 de agosto, las tropas rebeldes entraron en Trípoli y asediaron el complejo de Bab al-Aziziyya, donde residía habitualmente Gadafi, con el apoyo de bombardeos de las fuerzas de la OTAN. Los rebeldes no pudieron encontrar al líder libio que, probablemente, habría tomado la decisión de buscar un lugar en el que refugiarse al comienzo de la batalla por la capital. A día de hoy, se encuentra en paradero desconocido aunque la mayoría de las fuentes aseguran que no ha abandonado el territorio libio.


Una vez tomada la capital, los rebeldes se dirigieron a la ciudad de Bani Walid, la mayor de las tres que permanecen todavía bajo control de los seguidores de Gadafi. Transcurrido el plazo de una semana que los rebeldes dieron a los gadafistas para abandonar la ciudad, el viernes 9 de septiembre comenzaron la incursión apoyados por los bombardeos de la OTAN. Lograron tomar algunos barrios de la ciudad pero los leales a Gadafi mantienen una férrea resistencia.


El Consejo Nacional de Transición





El 5 de marzo de 2011, los líderes de las facciones rebeldes anunciaron la creación del Consejo Nacional de Transición (CNT), en la ciudad de Bengasi, con el objetivo principal de “liberar todo el territorio libio del tirano Muammar al-Gadafi que ha considerado legítimo explotar a su pueblo y la riqueza de su país”.


Desde el inicio del levantamiento popular en contra del régimen de Gadafi, los habitantes de las ciudades y aldeas de la región oriental de Libia, bajo control de los rebeldes, comenzaron a organizarse en consejos locales para crear una administración transitoria. El CNT tiene por objetivo ofrecer liderazgo político y militar, organizar los servicios básicos y dar representación a los libios que viven en el exilio. Según sus líderes, este Consejo no es un gobierno pero pretende conducir al país hacia una era “post-Gadafi” y guiarlo hacia la celebración de unas elecciones libres y la redacción de una Constitución.


El CNT tiene actualmente 31 miembros que representan a las distintas regiones y ciudades de Libia. Los nombres de los representantes de al-Buntan, al-Gubbah y Benghazi se han hecho públicos pero los de Aydabiyya, Zintan, Misurata, Nalut y Ghat permanecen en el anonimato, debido a cuestiones de seguridad. El Consejo está esperando el nombramiento de los representantes de las regiones central y meridional y también de Trípoli. Cinco de sus puestos están ocupados por mujeres y otros cinco por jóvenes.


El CNT se considera el único y legítimo representante del pueblo y el Estado libios y, así, pide a todos los países que reconozcan su existencia para poder tratar con ellos en base a la legalidad internacional. Ha indicado también que respetará todos los acuerdos regionales e internacionales firmados por el anterior gobierno, insistiendo en que tienen la intención de que Libia desempeñe un papel determinante en la consecución de la paz y la seguridad internacional. Cabe mencionar que muchos de los delegados y representantes libios en Naciones Unidas, la Liga Árabe y diversos organismos regionales e internacionales, embajadas, consulados y misiones diplomáticas se han sumado a esta revolución y se consideran los representantes legítimos del CNT en sus respectivos lugares de trabajo.


Los miembros más destacados del CNT, además del presidente Muhammad Abdelyalil (ver perfil), son: Abdul Hafiz Ghoga, exdirector del Sindicato de Abogados de Bengasi, que ocupa el cargo de vicepresidente del Consejo y portavoz oficial; Fethi Turbel, activista defensor de los derechos humanos y conocido abogado que representó a las familias de las víctimas de la masacre de Abu Salim (en 1996), es portavoz de los jóvenes; Zubeir Ahmed el-Sharif, militar de carrera (arrestado en 1973 y condenado a 31 años de cárcel), se encarga de la cuestión de los prisioneros políticos; Omar al-Hariri, encargado de asuntos militares; Fatih Mohammed Baja, doctorado en Ciencias Políticas por la Universidad de Marruecos y profesor en la Universidad Gar Yunis de Libia, es el encargado de cuestiones políticas y preside el Comité Asesor de Asuntos Políticos del CNT; y Salwa Fawzi el-Deghali, doctorada en Derecho Constitucional, es la responsable de asuntos legales y preside el Comité Asesor Legal, además de representar a las mujeres y proteger sus derechos.


La composición del Consejo es muy variada y en él se pueden distinguir tres tendencias ideológicas: una corriente africanista, en la que predominan los ex dirigentes del antiguo régimen; una corriente pro-europeísta, partidaria de acercar el país a la órbita de la Unión Europea y el Mediterráneo; y un tercer grupo, predominantemente islamistas, más proclive a abrir Libia hacia los países árabes e islámicos.


Lo cierto es que existen grandes diferencias entre los miembros del CNT, que quedaron plasmadas en la muerte del general Abdel Fatah Yunes, quien fuera uno de los líderes más destacados de las fuerzas rebeldes y ex ministro de Gadafi. A finales de julio, el general Yunes y dos de sus acompañantes murieron tiroteados en Bengasi por un “comando gadafista”, según el presidente del CNT. Pero las contradicciones que existían en las explicaciones oficiales parecían indicar que el general libio había sido asesinado por una facción rival dentro del bando rebelde, como más tarde reconoció el propio Consejo. Se le acusaba insistentemente de tener contactos con Gadafi y de estar trabajando para él.


A principios de septiembre, el CNT anunció que, en el plazo de diez días se crearía un nuevo gobierno (un nuevo departamento ejecutivo) que será más democrático y estará formado por representantes de todo el país, incluidas las tres ciudades aún sitiadas. Pero las reuniones que se están celebrando para llegar a un acuerdo sobre los miembros del futuro gobierno no están dando resultados y parece que se están agudizando las diferencias entre el CNT, el gobierno y las diversas facciones rebeldes, cada uno de los cuales ha presentado sus propias propuestas. Igualmente, islamistas, liberales y laicos se acusan mutuamente de querer acaparar las carteras ministeriales y algunos miembros del Consejo insisten en que es imprescindible descartar a los ex miembros del régimen de Gadafi. El presidente del CNT ha tenido que ampliar el tiempo previsto para la formación del nuevo gobierno.


La oposición


El movimiento de oposición que ha nacido en Bengasi a raíz del levantamiento popular de febrero ha cambiado completamente la composición y el papel desempeñado por la oposición tradicional libia. Los grupos de oposición en el exilio, que tradicionalmente han representado al pueblo libio en diversos lugares del mundo y que durante décadas han constituido el mayor núcleo de oposición, son ahora insignificantes frente al potente movimiento nacido dentro del territorio libio. Sólo existen dos factores comunes a ambos movimientos: que la prioridad absoluta es acabar con el régimen de Gadafi; y que sus miembros proceden de tendencias variadas, componiéndose de monárquicos, panarabistas, islamistas, activistas de derechos humanos, etc.





Desde que Gadafi pusiera fin a la monarquía de los Sanusi en 1969, la represión de cualquier tipo de oposición ha sido extremadamente violenta. Su ideología, su Libro Verde y las leyes hechas a medida, que llegaban a condenar a muerte a quienes se opusieran a los principios de la Revolución, forzaron a la mayoría de los disidentes a abandonar el país. No es coincidencia, por tanto, que los grupos de oposición más importantes se hayan creado fuera de las fronteras libias, principalmente en EEUU y Gran Bretaña. Aún así, ni siquiera quienes optaron por el exilio estaban a salvo. Los crímenes políticos fuera de Libia están a la orden del día y hay más de 31 asesinatos pendientes de ser investigados.


Entre los grupos de oposición creados en el exilio, a partir de los años 70, destacan el Movimiento Nacional Democrático Libio (1979); el Grupo Islámico (1979); el Frente Libio Nacional Democrático (1980); el Frente Nacional para la Salvación de Libia (1981); y el Movimiento Libio de Lucha Nacional (1985).


Dentro de Libia, la oposición más activa, desde los años 90, procedía de las filas de los grupos islamistas. El Grupo Islámico Libio (GIL, la rama local de los Hermanos Musulmanes egipcios) es el mejor organizado y el que goza de mayor influencia. El GIL nació de los Hermanos Musulmanes egipcios que llegaron a Libia huyendo de la represión del régimen de Gamal Abdel Naser y se estableció, principalmente, en el este del país. Tras tomar el poder, Gadafi se apresuró a lanzar campañas de detenciones contra los miembros de este grupo con el objetivo de atajar el nacimiento de esta corriente. Cientos de presos islamistas llenaban las cárceles libias a finales de la década de los años 90. Entre 2006 y 2009, el régimen comenzó un proceso de diálogo, a través de la Fundación Internacional Gadafi para Asociaciones Benéficas y el Desarrollo que presidía Sayf al-Islam, uno de los hijos de Gadafi, con los presos islamistas (tanto del GIL como del Grupo Islámico Libio de Combate) mediante el que se consiguió la liberación de quienes habían llevado a cabo una revisión ideológica de sus posturas, renunciando definitivamente a la violencia y comprometiéndose a no implicarse en ninguna actividad política fuera del sistema de la yamahiriyya (ver Atalaya Sociopolítica de Casa Árabe, nº 3, octubre/noviembre 2008).


Las iniciativas


El pasado mes de marzo, la Organización de la Conferencia Islámica (OCI) celebró una reunión de emergencia para estudiar la situación en Libia. En su declaración final condenó la desproporcionada violencia utilizada contra los civiles, asegurando que la tragedia humana que se derivaba de los enfrentamientos contravenía los valores islámicos, los derechos humanos y la ley internacional. Así, exigía el fin inmediato de las operaciones militares e instaba a todas las partes a que utilizaran el diálogo para conseguir sus objetivos. Hizo hincapié en la importancia de desarrollar una coordinación efectiva entre diversos organismos regionales e internacionales y de recuperar la unidad, la seguridad y la estabilidad del país norteafricano. Durante la reunión se acordó que los estados miembros debían comprometerse a ofrecer la ayuda humanitaria necesaria y asistir a los refugiados y a los desplazados.


De igual manera, la OCI insistió en la importancia de respetar la soberanía de Libia y de no interferir en sus asuntos internos, rechazando por completo cualquier intervención militar sobre el terreno, pero apoyando la creación de una zona de exclusión aérea supervisada por Naciones Unidas. En dicha reunión se acordó también enviar a Libia una delegación política de alto nivel para estudiar el conflicto sobre el terreno. La delegación, encabezada por el jefe del departamento político de la OCI, Mahdi Fathallah, pretendía ejercer de medidora entre las distintas partes y entablar negociaciones entre el régimen y el Consejo Nacional de Transición, pero no consiguió alcanzar su objetivo.


En el mes de abril fue la Unión Africana (UA) la que lanzó una iniciativa de paz que contemplaba un alto el fuego inmediato, el fin de los bombardeos de la OTAN y el inicio de las negociaciones. Miembros del CNT se reunieron con una delegación de la UA formada por representantes de cinco de los Estados miembros. La propuesta fue aceptada por el régimen del líder libio (a pesar de que continuó atacando diversas ciudades), pero rechazada tajantemente por el CNT puesto que no exigía la renuncia inmediata de Gadafi. Durante la reunión con la delegación de la UA, miles de manifestantes se reunieron a la entrada del hotel donde se estaba celebrando para expresar su rechazo a esta iniciativa, coreando eslóganes como “no habrá solución mientras Gadafi se quede”. Los rebeldes consideraban la propuesta insuficiente puesto que, además del alto el fuego, pedían que Gadafi retirara sus tropas de los pueblos y ciudades en los que estaba reprimiendo a los manifestantes, especialmente Misurata y Zawiya. Otra de las razones por las que el CNT rechazó la propuesta fue que exigía el fin de las operaciones de la OTAN. Según aseguró el presidente del Consejo, “si no fuera por los bombardeos de la Alianza, hoy no podríamos estar en esta reunión”


También Francia y Gran Bretaña actuaron para intentar encontrar una solución al conflicto libio. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, invitó a Mahmud Yibril, jefe del departamento ejecutivo del CNT (primer ministro de transición), a reunirse con él en París. No hay que olvidar que Francia fue el primer país que exigió la salida de Gadafi tras el inicio de las protestas y el primero también en reconocer al CNT como representante legítimo del pueblo libio. Junto al primer ministro británico, David Cameron, el presidente francés convenció a Rusia y a China de que no vetaran la resolución que autorizó las operaciones de la Alianza Atlántica.


Igualmente, durante la Conferencia de Londres sobre Libia, se anunció la creación del Grupo de Contacto de Libia, que incluye, entre otros, a EEUU, España, Gran Bretaña, la Liga árabe y algunos Estados árabes cómo Qatar y Emiratos Árabe Unidos, y que tiene por objetivo coordinar los esfuerzos de la comunidad internacional. El Grupo de Contacto ha celebrado ya cuatro reuniones, en Doha, Roma, Abu Dabi y Estambul, insistiendo en la necesidad de un alto el fuego, de hacer llegar la ayuda humanitaria, la retirada de las tropas del régimen, la liberación de los detenidos durante los enfrentamientos, la apertura de las fronteras y el suministro de electricidad y agua a todas las ciudades para poder alcanzar una cierta normalización. El Grupo de Contacto apoyó las aspiraciones del pueblo libio y consideró que el régimen de Gadafi había perdido toda legitimidad, exigiendo la salida del líder libio y su familia.


El 15 de septiembre, Nicolas Sarkozy y David Cameron viajaron de manera apresurada a Trípoli y Bengasi, queriendo ser los primeros dirigentes extranjeros de alto nivel que visitaran el país para adelantarse a Turquía, cuyo primer ministro visitaría el país unas horas después.


El proceso de transición


La primera tarea de la que deben ocuparse los libios es la de garantizar la seguridad e imponer el cumplimiento de la ley, restablecer los servicios básicos y proveer ayuda humanitaria. A continuación, las nuevas autoridades deberán encontrar las formas de reforzar la economía libia, especialmente en lo que respecta a la extracción de crudo y la producción de petróleo, de lo que dependen los ingresos de Libia prácticamente en su totalidad. La cuestión fundamental en este punto será cómo establecer un marco administrativo que garantice un reparto igualitario de los ingresos. Este problema conducirá a Libia hacia uno de sus mayores retos: crear instituciones en un país cuya ideología gadafista se basaba, precisamente, en la ausencia de instituciones. Esta tarea requiere la redacción de una nueva Constitución que defina la forma de gobierno, legisle la creación de partidos políticos y organice la formación del Parlamento.


El CNT ha prometido que celebrará elecciones en el plazo de 8 meses, lo que parece una fecha poco realista, dado que deben establecerse antes un censo y leyes electorales y un período para la creación y organización de partidos políticos. Asimismo, Libia ha de crear antes instituciones que puedan hacerse cargo de supervisar unas elecciones y de garantizar su transparencia y validez.


El Consejo Nacional de Transición presentó, el pasado mes de agosto, un primer borrador de la futura Constitución del país, que habla de crear nuevas instituciones y establecer un camino directo a la celebración de elecciones democráticas. Según la nueva Carta Magna, cada mandato presidencial durará cuatro años y el presidente sólo puede ser reelegido una vez; Libia será un Estado independiente, democrático, constitucional y descentralizado (sistema federal); se garantizan las libertades de prensa e información (que quedarán libres de la supervisión del gobierno), de expresión, de creación de partidos, sindicatos y organizaciónes; se creará un “Consejo Legislativo Superior” (un Parlamento) que será el único responsable de elaborar leyes; el poder ejecutivo tendrá que rendir cuentas ante el Consejo Legislativo.


También estipula que el islam es la religión del Estado y la shari‘a la principal fuente de legislación, un punto que ya ha generado cierta disconformidad y polémica, si bien principalmente en el exterior. El proceso de redacción de la nueva Constitución y la celebración de elecciones permitirá a los libios expresarse respecto al tipo de país en el que desean vivir, que puede ser muy distinto de lo que estaban esperando los países occidentales que apoyaron la revolución.


El hecho de que la revolución libia no haya sido pacífica sino armada implica que la salida de la crisis puede ser más complicada que en otros contextos. Además plantea cuestiones como cuándo el país podrá acabar definitivamente con los enfrentamientos armados y dedicarse a la construcción de un nuevo Estado y sistema político.


A pesar de las inmensas reservas de petróleo y gas que posee Libia, existe el riesgo de que el país se haga demasiado dependiente del exterior puesto que, aunque tiene la financiación, carece de los medios técnicos y los expertos necesarios para llevar a cabo la reconstrucción.


Libia va a necesitar más tiempo que otros países para comenzar a organizar la transición y la comunidad internacional debe acompañar y ayudar pero sin pretender alimentar nuevos orientalismos que suelen llevar a la injerencia y al deseo de controlar esa territorialidad.


Fuentes y referencias


Bamyeh, Mohammed. “Is The 2011 Libyan Revolution An Exception?”, en Muftah, 22 de marzo de 2011


Brancati, Dawn y Snyder, Jack L. “The Libyan Rebels and Electoral Democracy”, en Foreign Affairs, 2 de septiembre de 2011


Dalton, Sir Richard. “Libya Uprising: What Next for Gaddafi's Regime?”, en Chatham House, 20 de febrero de 2011


Halliday, Fred. “Lybia´s regime at 40: a state of kleptocracy”, en Open Democracy, 7 de marzo de 2011


Pelham, Nicolas. “Libya in the Balance”, en Middle East Research and Information Project, 15 de marzo de 2011


Phalnikar, Sonia. “The Role of the Libyan Military. The Threat of Civil War”, en Qantara, 25 de febrero de 2011


“Popular Protest in North Africa and the Middle East (V): Making Sense of Libya”, en International Crisis Group, Middle East/North Africa Report N°107 – 6 June 2011


Wolff, Stefan. “Post-conflict Reconstruction in Libya: Possibilities and Probabilities”, en Qantara, 2 de septiembre de 2011


Enlaces


Página del Consejo Nacional de Transición


Sobre el CNT


Resolución 1973 de NNUU


Texto del borrador de la Constitución






تحول التاريخي الغربي مع الإسلاميين
Cambio historico del Occidente con los islamistas

‘Abd al-Rahman al-Rashed (Sharq al-awsat 4/7/2011, p.19) Trad.del árabe: Chema




Con la caída de sistema Mubarak en Egipto y B.Alí en Túnez, se derrumban los más importantes diques de contención de gobiernos árabes contra el islamismo político y con su caída, se baja el telón de la comedia anti-islamista. Ahora Occidente esta dispuesto a cooperar con los islamistas de forma directa, los occidentales encontraron un precio más económico en lo material y en lo político con los islamistas. En este contexto, no nos sorprende la apertura de conversaciones de la secretaria de estado americano H. Clinton con los Hermanos Musulmanes de Egipto, a pesar de la oposición de algunos miembros del Congreso.



Mubarak utilizó, frente a Occidente, el miedo a los islamistas como una justificación de su política interior. Hoy los intereses han cambiado. Escuché, de labios de uno de los políticos occidentales, decir que era necesario tomar precauciones de los sistemas políticos presentes y de su cooperación con los islamistas y que quizá fuera preferible tratar con estos últimos directamente.



A causa de la caída del régimen egipcio eran previsibles los cambios históricos entre el Occidente y el islam político, imposibles antes de la “primavera árabe” por tres razones: dirección política, la violencia y la seguridad de Israel.



Ahora empiezan las dos partes a mover ficha y los gobiernos occidentales están dispuestos a tratar con  gobiernos musulmanes egipcios, por tanto, se ha producido un cambio sustancial en el desarrollo del juego. Estos grupos se han comprometido a un discurso moderado promoviendo el acercamiento a Occidente, cambiando su ideario por un perfil democrático hasta reunir en un nuevo partido a un centenar de cristianos, para contrarrestar las acusaciones que el sistema Mubarak les hizo en el pasado sobre su enemistad tradicional con los coptos. Los Hermanos se alejaron de las posiciones de Al-Qaeda y abandonaron toda la ideología afín al terrorismo salafista. Como colofón de esta trasformación, el reconocimiento de la existencia de Israel y su seguridad.



En realidad, desde la revolución, no observamos una dirección unitaria en el discurso de los Hermanos sobre la amenaza de Israel, y los acuerdos de "Camp David" muy criticados en la época de Mubarak. Sin embargo oímos, después de la revolución, declaraciones de la dirección de los Hermanos, de que ellos respetarían los acuerdos con Israel, quizá con la excepción del acuerdo de la compra de gas, porque es un acuerdo comercial y lo que critican es el precio de venta y no la perversidad del tratado en su conjunto, que sí habían cuestionado en el pasado.



El candidato independiente de los Hermanos, ‘Abd al-Mun’in Abu al-Futuh, hizo una concluyente declaración de su aceptación de los acuerdos. Se le preguntó si había planificado abolir los acuerdos de paz con Israel si ganaba las elecciones presidenciales y contestó “Abolir los acuerdos no equivale a la guerra como tampoco apoyar el reconocimiento de Israel equivale a la guerra” Por consiguiente continuará el embajador israelí en su despacho de Naher an-Nil del Cairo.



Un gobierno de los hermanos en Egipto favorece a Occidente, que ve el reconocimiento de los islamistas de Israel mil veces más beneficioso que la aceptación de los liberales y demócratas árabes. De esta forma cambiará Egipto y el mundo árabe y Occidente descubrirá con el tiempo la realidad de los islamistas y un adversario en sus aliados.



¿Acaso el régimen de Mubarak había engañado en el pasado cuando describió a los Hermanos como un peligro para Occidente y que los Hermanos habían mentido cuando exigieron la abolición de “Camp David” y la expulsión del embajador americano?

El principal error que cometió el régimen de Mubarak, como el de B.Alí, fue el de convencer a la oposición interna, como a Occidente, de que estuvieran tranquilos, de que se impedirían los acuerdos con los radicales por el simple hecho de su antagonismo ideológico con los islamistas y de la necesidad de aceptar a los movimientos nacionalistas como “al-Wafd” en Egipto y al partido Democrático Progresista en Túnez.

Occidente está dispuesta a pactar con el diablo por las reformas, como hizo Nixon en los ’70 cuando pactó con China en el momento cumbre de su enfrentamiento con los soviéticos. Lo más probable es que veamos en breve a los islamistas en connivencia con Occidente.






¿Por qué tanta desigualdad en España?

Salarios laborales y beneficios empresariales

Durante estos años recientes (2007-2011), las consecuencias de la crisis económica no han afectado de igual modo a los trabajadores y a los grandes empresarios. Mientras el Gobierno adoptaba medidas "necesarias" que agravaban la situación de los primeros (congelación de salarios, condiciones de jubilación más duras, desempleo masivo), los beneficios de las grandes empresas se han disparado. Por ejemplo, las firmas del Ibex-35 ganaron, en 2010, unos 48 200 millones de euros, es decir, un 26% más que el año anterior. Entretanto, el Fondo Monetario Internacional sigue insistiendo en que, para salir de la crisis, los sueldos de los trabajadores en España -que ya están entre los más bajos de Europa- deben disminuir...


Por VICENQ NAVARRO y MARTA TUR (publicado en Le Monde Diplomatique 188 jun 2011)




Para entender las desigualdades de renta en España tenemos que entender las desigualdades derivadas de las rentas del trabajo y las derivadas de las rentas del capital. Entre las primeras, la situación de los salarios y su variabilidad y dispersión son de una enorme importancia. Si miramos la media salarial, medida en euros estandarizados (euros homologables en su capacidad adquisitiva entre países de distinto nivel de riqueza), por trabajador, podemos ver que, en 2007, en España esa media salarial fue de 27 348 euros, en Grecia de 24 485 y en Portugal de 20 072, los tres países con la media salarial más baja de la Unión Europea de los Quince, UE-15 (el grupo de países de la UE que tienen semejante desarrollo económico). En cambio, la media salarial de Dinamarca fue de 36 184 euros, la del Reino Unido de 38 145 y la de Luxemburgo de 44 602, siendo estos países los que tenían (en 2007) la media salarial más alta (OCDE, 2011) (1).


Para poder entender el valor de tales cifras es necesario saber que tal indicador mide la media de los salarios de la gente que trabaja en el momento en que se calcula, sin tener en cuenta el nivel de desempleo (es decir, las personas que no trabajan y buscan empleo). Cuando se incluye este último, la media salarial en los países con gran desempleo, como es el caso de España, es mucho menor que la cifra citada anteriormente. De ahí que el nivel salarial para toda la población (ocupada y no ocupada) en España sea incluso más baja que la cifra citada anteriormente, la cual sólo cubre a la población ocupada. En ambos casos, los salarios españoles están entre los más bajos de la UE-15.


Otra observación que debe hacerse es que la media salarial no nos dice nada del grado de dispersión salarial que existe entre las personas que trabajan. De ahí la enorme importancia de ver esta desigualdad de salarios dentro de España y compararla con la existente en otros países de la UE-15. Una manera de constatar tal dispersión es observar el porcentaje de gente que trabaja con salarios que sólo son dos terceras partes de la media salarial. Es lo que se conoce como "bajos salarios". Podemos ver que tal porcentaje en España fue, en 2007, un 17%; o sea casi el mismo porcentaje que Grecia. Llama la atención que es un porcentaje menor al de otros países, como Alemania que tiene un porcentaje más elevado, un 20%, o Reino Unido, que también tiene un 20% de salarios bajos. Esa diferencia entre España y estos países se explica por varias razones. Una de ellas es que la media salarial española es ya muy baja y, por lo tanto, el porcentaje de salarios bajos respecto a la media de cada país es menor que en otros países como Alemania y Reino Unido, que tienen una media salarial mucho más elevada.

Otra causa de ese diferencial es que mucha gente que está desempleada en España, estaría ocupada con salarios bajos en aquellos países. Pero como los desempleados no se contabilizan como asalariados, vemos que España tiene un porcentaje menor de salarios bajos que en Alemania o Reino Unido. En realidad, Alemania ha intentado mantener a los trabajadores en sus puestos de trabajo (situación incluso más acentuada durante estos años de crisis) en lugar de despedirlos, y ello como consecuencia de la generalización del sistema de cogestión de las empresas (2).


Otro dato digno de mención es que mientras no hay mucha distancia entre la medía salarial y los bajos salarios en España, sí que hay una gran distancia entre los salarios altos y los salarios bajos. De tal modo que, dividiendo las rentas salariales por decilas (décimas partes), se puede observar que los que están en la decila superior tienen unos salarios que son 3,46 veces mayores que los de la decila inferior. Lo cual constituye uno de los diferenciales más elevados de la UE-15. En Suecia, por ejemplo, este diferencial es sólo de 2,28 veces; en Dinamarca de 2,73 veces; y en Finlandia de 2,57 veces. En Alemania es de 3,35 veces y en Francia de 2,91 (3).


España también es el país en el que existe mayor diferencia entre los salarios altos y la media salarial (contando las veces que la decila superior salarial es mayor que el salario medio). Lo que caracteriza pues la situación en España es una media salarial muy baja con una dispersión salarial rnuy elevada, lo cual contrasta con los Estados nórdicos, cuya media salarial es más elevada que en España y cuya dispersión salarial es mucho más reducida.


Es importante subrayar este dato, pues parte del dogma neoliberal es que la dispersión salarial es una condición necesaria de eficiencia económica y elevada productividad. Los países nórdicos tienen salarios más altos, con menores desigualdades salariales, y sin embargo son los países que tienen y gozan de mayor eficiencia económica. Y una condición para que ello ocurra es que el porcentaje de salarios bajos en aquellos países sea muy bajo.


El excesivo número de salarios bajos en España se debe en parte a unos salarios mínimos muy bajos (junto con Grecia y Portugal). El salario mínimo de España es menos de la mitad que en países como Francia, Bélgica, Holanda o Reino Unido (4). Los países nórdicos, por cierto, no tienen salarios mínimos regulados por el Estado como los demás países citados, incluida España. El nivel salarial viene definido por los convenios colectivos (entre patronos y organizaciones sindicales), que son obligatorios para toda la fuerza laboral.


En España, economistas conservadores y neoliberales se han opuesto a la elevación del salario mínimo, proponiendo incluso su eliminación. Argumentan que la elevación de tal salario mínimo destruiría empleo. Los datos muestran, sin embargo, que Grecia, España y Portugal, cuyos salarios mínimos (en 2008, en Grecia era de 4,86 euros estandarizados por hora, en Portugal de 3,31 y en España de 4,07), son los más bajos dela UE-15, tienen también el mayor nivel de desempleo. Por otra parte Francia, Bélgica, Holanda y Reino Unido, poseen salarios mínimos que son más del doble de los de España (en Francia de 8,70 euros estandarizados por hora, en Bélgica de 8,23, en Holanda de 8,22 y en Reino Unido de 8,06) y sin embargo tienen un desempleomucho menor que España.


En realidad, el crecimiento del salario mínimo tiene impacto en el nivel salarial de la mayoría de la población empleada, aumenta la capacidad adquisitiva de la población, crece la demanda, y el estímulo económico, el crecimiento económico y la producción de empleo. Una de las medidas más exitosas tomadas por el Presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt para salir de la Gran Depresión causada por la crisis de 1929 fue aumentar el poder de los sindicatos (para que crecieran los salarios) y aumentar así el salario mínimo.


En resumidas cuentas, en España los salarios son demasiado bajos y la dispersión salarial demasiado acentuada. Lo cual es causa (y síntoma a la vez) de ineficiencia económica. La consecuencia de tener estos bajos salarios es un enorme endeudamiento de las familias. Así el endeudamiento familiar en España es mucho más elevado (22% del PIB en 2004) que en la mayoría de países de la UE-15. Lo mismo ocurre en Grecia (18% del PIE). Entre 2004 y 2008, este endeudamiento en España subió sustancialmente, pasando del 22% del PIB al 32% (5). Como comparación, en el mismo periodo Alemania sólo pasó de 2,7% del PIB al 11%. El enorme endeudamiento privado en España y de los países del sur de Europa se debe, en gran parte, a su bajo nivel salarial.


Es importante, para analizar, en contraste, las rentas del capital mirar la evaluación de los beneficios de las empresas incluyendo los años de la crisis. En realidad, durante estos años se han exigido cambios muy sustanciales tanto en el mercado de trabajo como en la financiación del Estado del bienestar que han implicado recortes muy considerables tanto de los beneficios laborales como de los sociales. El Gobierno y el Congreso de los Diputados han adoptado (ales medidas indicando que eran "necesarias" para salir de la crisis.


Pero, los mismos sacrificios no se han exigida al mundo de las grandes empresas. En realidad, aquellos sacrificios de la población laboral han repercutido favorablemente en los beneficios a los grupos empresariales más importantes de España y que marcan la pauta del desarrollo económico. Mirando las empresas del IBEX-35, vemos que durante el periodo de la crisis (2007-2010), periodo durante el cual el número de desempleados ha pasado de 1 800 000 en 2007 a más de 4 000 000 en 2010, sólo 3 empresas que componen el IBEX-35 han tenido pérdidas, lo cual supone sólo un 8,5% de las grandes empresas. Todas las demás, reportaron beneficios. Es más, de las 3 que indicaron pérdidas, dos tuvieron pérdidas sólo durante el primer año, mostrando una de las empresas, al año siguiente, beneficios de más de 900 millones de euros, y más de 2 000 millones de euros en el otro. Sólo la tercera empresa, ACERINOX, tuvo pérdidas dos años seguidos, consiguiendo obtener 123 millones de euros de beneficio en 2010 (6).


El centro del mundo empresarial no ha tenido pérdidas durante estos años de crisis. En realidad, no han estado en crisis. Los trabajadores, sin embargo, sí que lo han estado y continúan estándolo. De ahí que, la mera exigencia de justicia, debería impedir que una empresa que realiza beneficios disminuya la plantilla, añadiendo además que cualquier ventaja fiscal que recibieran (y todas ellas obtienen desgravaciones y subsidios fiscales) debieran estar condicionadas a la creación de empleo y al mejoramiento salarial de sus empleados o al establecimiento de un fondo en la empresa conjuntamente gestionado por los empleados y la dirección, con el fin crear empleo.


Esta legislación existe en muchos países europeos y debiera aplicarse también en España, donde el mundo de las grandes empresas tiene un excesivo poder a costa del mundo del trabajo. Todos estos datos muestran claramente que la crisis no ha afectado por igual a las rentas del trabajo y a las rentas del capital. Las segundas han mejora do a costa de las primeras.


(1) Fuente: OCDE. "Average annual wages", 2011.

(2) Viceng Navarro, "Lo que no se dice sobre el supuesto 'milagro alemán"1 en www.unavarro.org.
(3) OCDE, "Decile ratios of gross earnings", 2011.
(4) OCDE,"Real hourly mínimum wages", 2011.


(5) Stockhammer, Engelbert. "Peripheral Europe's Debt and Germán Wages. The Role of Wage Policy in tne Euro Área", Research on Money and Finance Discussion Papera, n° 29,2011.


(6) Extraídos de los informes de las empresas publicados en la prensa económica.




Inmigración: España sale ganando













Los trabajadores extranjeros, satanizados en la reciente campaña electoral por el creciente populismo xenófobo, aportan más a las arcas del Estado de lo que reciben. Los datos desmienten los tópicos callejeros

Por María Bruquetas y Francisco Javier Moreno. Publicado en El País 23 mayo de 2011

E1 populismo xenófobo se ha convertido en componente ineludible de la escena política en un buen número de países europeos. Aprovechando la erosión de los referentes políticos tradicionales del eje izquierda-derecha, estas fuerzas políticas han introducido con éxito el tema de la inmigración en la agenda política con objeto de capitalizar el creciente malestar de la ciudadanía. Los sentimientos de desencanto de los ciudadanos no aciertan a encontrar un referente ideológico y político que les dote de sentido, lo que abre un considerable nicho electoral para aquellos que sean capaces de canalizar la fuerza de la indignación (La política paralizada por el miedo, Germán Cano, EL PAÍS, 13-5-2011). El inmigrante es utilizado como catalizador de la incertidumbre y de la percepción de vulnerabilidad que afecta a las sociedades posindustriales contemporáneas. En •este contexto los argumentos de que los inmigrantes son responsables de los principales problemas sociales (inseguridad, desempleo), abusan de los sistemas de protección social, o que suponen una carga para el Estado de bienestar de la sociedad receptora, pasan a formar parte de un discurso con amplio eco social.

Durante la pasada campaña electoral la utilización del discurso antiinmigración por determinados partidos y "empresarios políticos” se ha hecho particularmente visible en algunos municipios de Cataluña. A pesar de su carácter localizado, este fenómeno debería ser observada con preocupación ya que podría estar señalando una tendencia de la política española en los próximos años. La experiencia de otros países europeos nos muestra cómo el surgimiento del populismo xenófobo viene a reorganizar radicalmente el mapa político de un país: no solo introduce una nueva fuerza en el mercado político, sino que conlleva un cambio de estrategia en el resto de los partidos que se ven tentados de incorporar parcialmente los objetivos y el estilo de los populistas. La consolidación de este tipo de partidos tiene además una influencia considerable sobre las políticas públicas, como resulta claramente visible estos días en los casos de Italia, Francia o Dinamarca.
 
Fruto del vertiginoso aumento de la inmigración experimentada en la última década, algo más del 12% de la población residente actualmente en España es extranjera. El verdadero efecto llamada de estos inmigrantes, en su mayoría de países en vías de desarrollo, hay que buscarlo en el modelo de crecimiento económico vigente en nuestro país durante los últimos lustros, basado en el desarrollo de sectores de actividad intensivos en factor trabajo y baja productividad (construcción, agricultura). El déficit de cuidados producido por la creciente incorporación de la mujer al mercado laboral, insuficientemente apoyada por el Estado de bienestar, generó también una fuerte demanda de mano de obra femenina para el sector doméstico.

Los análisis del impacto de estos flujos migratorios sobre la economía y las finanzas públicas españolas arrojan un balance claramente positivo. La inmigración ha contribuido al desarrollo de nuestro país, favoreciendo el crecimiento del empleo y permitiendo la supervivencia de importantes sectores de la economía española. En el ámbito concreto del Estado de bienestar, los inmigrantes han actuado también como contribuyentes netos, fundamentalmente por su mayor juventud y alta tasa de actividad. Uno de los ejemplos más evidentes se refiere al sistema de Seguridad Social. En la actualidad, menos del 1% de los perceptores de pensiones son extranjeros, aunque estos representan más del 10% de los afiliados. A pesar de que el desempleo está afectando de manera particularmente importante a la población extranjera
con una tasa de paro superior al 30%, frente al 18% de los autóctonos), el porcentaje de extranjeros afiliados al INSS ha permanecido prácticamente invariable durante los últimos años. Así, el sistema de Seguridad Social no ha incurrido en déficits, como había ocurrido en anteriores periodos de crisis, pese al sustancial incremento de la factura de las prestaciones por desempleo. Los efectos netamente beneficiosos de la inmigración para las arcas de la Seguridad Social se reproducen en el resto de ámbitos del bienestar. La proporción del gasto social dedicado a la población inmigrante ha ido creciendo en los últimos años (del 1% del gasto sanitario y educativo en 2000, al 5% y 6% respectivamente en 2007), aunque sigue siendo considerablemente inferior a su peso relativo en la población total. El uso que los extranjeros hacen del sistema sanitario es inferior al de la población española (consultan un 7% menos al médico de cabecera y un 16,5% menos al especialista). Además, pese a que las tasas de pobreza de latinoamericanos, africanos y asiáticos son sustancialmente superiores a las de los autóctonos (más del 30% de ellos se encuentran por debajo del umbral del 60% de la mediana de la renta, frente a algo más del 18% de los españoles), en 2008 los extranjeros representaban tan solo el 11,2% de perceptores de rentas mínimas de inserción, y el 13,7% de los usuarios de los servicios sociales.

Sin embargo, pese a la aportación claramente positiva que la inmigración supone para el Estado de bienestar, la opinión pública española tiende a percibir a los inmigrantes cada vez más como "acaparadores" de recursos públicos. Así, el porcentaje de personas que cree que los inmigrantes reciben del Estado "más" o "mucho más" de lo que aportan pasó del 36% en 2006, al 52% en 2008. Más de la mitad de los encuestados opinaba también que, a igualdad de ingresos, los inmigrantes reciben más ayudas escolares que los españoles, y un 46% compartía esta misma opinión en relación con las prestaciones sanitarias. En 2008, la mayoría de la población española se mostraba, por primera vez, partidaria de restringir la entrada de inmigrantes a nuestro país.

Si bien las actitudes de rechazo a la inmigración son más frecuentes entre personas con bajo nivel educativo y económico, mayor religiosidad, mayor edad y/o orientación ideológica más conservadora, la experiencia de otros países nos demuestra que el apoyo a partidos populistas xenófobos procede de sectores sociales muy diversos, incluyendo a desencantados con los partidos tradicionales. La creciente actitud de desconfianza hacia los inmigrantes constituye así un potencial caladero de votos para "empresarios políticos" dispuestos a aplicar una estrategia populista xenófoba.

Son el 10% de los afiliados a la Seguridad Social y solo el 1% de los perceptores de pensiones

Como son jóvenes y no pueden perder tiempo de trabajo, van menos al médico que los españoles

La concentración de poblaciones de origen inmigrante en determinados barrios y municipios ha dado, sin duda, lugar a desajustes entre demanda y oferta de prestaciones y servicios de protección social, lo cual se traduce en masificación y deterioro de la calidad de dichos programas, algo directamente observable por los residentes de estas zonas que tienden a responsabilizar a los recién llegados de dicha degradación. Ante esta situación, la intervención de las Administraciones públicas resulta crucial para reducir la percepción de competencia por recursos escasos que alimenta actitudes xenófobas. Ante una débil respuesta pública puede acelerarse la desafección de las clases medias por los servicios públicos, así como un aumento del rechazo hacia los nuevos residentes por parte de aquellos segmentos de la población autóctona que continúan dependiendo de los esquemas públicos de protección social. La consecuencia de ambos procesos es la pérdida de legitimidad del Estado de bienestar, y por tanto el cuestionamiento de su sostenibilidad en el medio y largo plazo.

La llegada de las poblaciones de origen inmigrante debería ser considerada como una oportunidad para identificar los puntos débiles de nuestro sistema de protección social. Aprovechándose de estas debilidades y contradicciones, el populismo sintoniza con las inquietudes de una parte de la ciudadanía, pero las soluciones que propone no resuelven los problemas de fondo, tan solo estigmatiza a los inmigrantes. Los Gobiernos regionales y locales surgidos de las urnas en las elecciones de ayer, en colaboración con el resto de Administraciones públicas, tienen ante sí, por tanto, un doble reto; articular políticas que den respuestas efectivas a los nuevos desafíos planteados por la inmigración, y garantizar la sostenibilidad futura del Estado de bienestar.

María Bruquetas Callejo es profesora en el Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Ámsterdam. Francisco Javier Moreno

Fuentes es investigador en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC. Ambos son autores del libro Inmigración y Estado de bienestar en España, publicado en la Colección de Estudios Sociales de la Obra Social La Caixa.



Europa también se mueve

Revindicaciones del movimiento 15 M

1. ELIMINACIÓN DE LOS PRIVILEGIOS DE LA CLASE POLÍTICA:

o Control estricto del absentismo de los cargos electos en sus respectivos puestos. Sanciones específicas por dejación de funciones.


o Supresión de los privilegios en el pago de impuestos, los años de cotización y el monto de las pensiones. Equiparación del salario de los representantes electos al salario medio español más las dietas necesarias indispensables para el ejercicio de sus funciones.


o Eliminación de la inmunidad asociada al cargo. Imprescriptibilidad de los delitos de corrupción.


o Publicación obligatoria del patrimonio de todos los cargos públicos.


o Reducción de los cargos de libre designación.




2. CONTRA EL DESEMPLEO:


o Reparto del trabajo fomentando las reducciones de jornada y la conciliación laboral hasta acabar con el desempleo estructural (es decir, hasta que el desempleo descienda por debajo del 5%).


o Jubilación a los 65 y ningún aumento de la edad de jubilación hasta acabar con el desempleo juvenil.


o Bonificaciones para aquellas empresas con menos de un 10% de contratación temporal.


o Seguridad en el empleo: imposibilidad de despidos colectivos o por causas objetivas en las grandes empresas mientras haya beneficios, fiscalización a las grandes empresas para asegurar que no cubren con trabajadores temporales empleos que podrían ser fijos.


o Restablecimiento del subsidio de 426€ para todos los parados de larga duración.




3. DERECHO A LA VIVIENDA:


o Expropiación por el Estado de las viviendas construidas en stock que no se han vendido para colocarlas en el mercado en régimen de alquiler protegido.


o Ayudas al alquiler para jóvenes y todas aquellas personas de bajos recursos.


o Que se permita la dación en pago de las viviendas para cancelar las hipotecas.




4. SERVICIOS PÚBLICOS DE CALIDAD:


o Supresión de gastos inútiles en las Administraciones Públicas y establecimiento de un control independiente de presupuestos y gastos.


o Contratación de personal sanitario hasta acabar con las listas de espera.


o Contratación de profesorado para garantizar la ratio de alumnos por aula, los grupos de desdoble y los grupos de apoyo.


o Reducción del coste de matrícula en toda la educación universitaria, equiparando el precio de los posgrados al de los grados.


o Financiación pública de la investigación para garantizar su independencia.


o Transporte público barato, de calidad y ecológicamente sostenible: restablecimiento de los trenes que se están sustituyendo por el AVE con los precios originarios, abaratamiento de los abonos de transporte, restricción del tráfico rodado privado en el centro de las ciudades, construcción de carriles bici.


o Recursos sociales locales: aplicación efectiva de la Ley de Dependencia, redes de cuidadores locales municipales, servicios locales de mediación y tutelaje.


5. CONTROL DE LAS ENTIDADES BANCARIAS:


o Prohibición de cualquier tipo de rescate o inyección de capital a entidades bancarias: aquellas entidades en dificultades deben quebrar o ser nacionalizadas para constituir una banca pública bajo control social.


o Elevación de los impuestos a la banca de manera directamente proporcional al gasto social ocasionado por la crisis generada por su mala gestión.


o Devolución a las arcas públicas por parte de los bancos de todo capital público aportado.


o Prohibición de inversión de bancos españoles en paraísos fiscales.


o Regulación de sanciones a los movimientos especulativos y a la mala praxis bancaria.




6. FISCALIDAD:


o Aumento del tipo impositivo a las grandes fortunas y entidades bancarias.


o Eliminación de las SICAV.


o Recuperación del Impuesto sobre el Patrimonio.


o Control real y efectivo del fraude fiscal y de la fuga de capitales a paraísos fiscales.


o Promoción a nivel internacional de la adopción de una tasa a las transacciones internacionales (tasa Tobin).




7. LIBERTADES CIUDADANAS Y DEMOCRACIA PARTICIPATIVA:


o No al control de Internet. Abolición de la Ley Sinde.


o Protección de la libertad de información y del periodismo de investigación.


o Referéndums obligatorios y vinculantes para las cuestiones de gran calado que modifican las condiciones de vida de los ciudadanos.


o Referéndums obligatorios para toda introducción de medidas dictadas desde la Unión Europea.


o Modificación de la Ley Electoral para garantizar un sistema auténticamente representativo y proporcional que no discrimine a ninguna fuerza política ni voluntad social, donde el voto en blanco y el voto nulo también tengan su representación en el legislativo.


o Independencia del Poder Judicial: reforma de la figura del Ministerio Fiscal para garantizar su


independencia, no al nombramiento de miembros del Tribunal Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial por parte del Poder Ejecutivo.


o Establecimiento de mecanismos efectivos que garanticen la democracia interna en los partidos políticos.




8. REDUCCIÓN DEL GASTO MILITAR




9. ELIMINACION DEL SENADO


NORUEGA, SUECIA, DINAMARCA, NO TIENEN SENADO, ALEMANIA SOLO 100 SENADORES y EE.UU. UN SENADOR POR CADA ESTADO.


LOS GRANDES TEÓRICOS DEL DERECHO INTERNACIONAL Y CONSTITUCIONAL OPINAN QUE ES UNA CÁMARA INNECESARIA, PRESCINDIBLE Y QUE ESTÁ EN EXTINCIÓN, ¿ENTONCES POR QUÉ TENEMOS QUE MANTENER A 260 SENADORES?


DE ESTA FORMA AHORRAREMOS 60 MILLONES DE EUROS CADA AÑO (SIN CONTAR CHCHES, CHOFERES, AUXILIARES, TRADUCTORES, ETC).




10. ELIMINAR LA PENSIÓN VITALICIA DE TODOS LOS DIPUTADOS, SENADORES Y DEMÁS "PADRES DE LA PATRIA".




11. ELIMINAR A TODOS LOS DIPLOMATICOS. Excepto un embajador y un cónsul en cada país. No es posible que gastemos en esto más que Alemania y el Reino Unido).




CONCLUSIONES


Con eso, y con rebajar un 30% las partidas 4, 6 y 7 de los PRESUPUESTOS GENERALES DEL ESTADO (transferencias a sindicatos, partidos políticos, fundaciones opacas y varios), se ahorrarían más de 45.000 millones de Euros y no haría falta tocar las pensiones ni los sueldos de los funcionarios, como tampoco haría falta recortar 6.000 millones de Euros en inversión pública.




Por el cambio de la ley electoral, y por una democracia participativa de verdad, donde nuestra opinión, la de los ciudadanos, sea lo que gobierne, no una papeleta cada cuatro años y que hagan con ella lo que quieran sin dar cuentas ni explicaciones.




Por el cambio de la ley electoral, y por una democracia participativa de verdad ¡Espabilemos de una vez! ¡No sigamos dormidos y aletargados!




El mundo árabe y la intervención

SANTIAGO ALBA RICO -Filósofo, arabista y escritor-
(Publicado en Diagonal, abril 2011) 

Lo que viene ocurriendo en si Magreb y en el Próximo Oriente es tan sorprendente romo natural: cuando todos pensábamos que el mundo árabe estaba en la Edad Media, adormecido o fanatizado por una versión reaccionaria del islam, resulta que estaba más bien en 1789 o, como sugiere Wallerstein, en 1968. O en una combinación de ambas fechas. La chispa tunecina ha provocado un gran incendio en el que se funden todas las diferencias locales y que ilumina un nuevo panarabismo del malestar y la humillación y, por lo tanto, de la ciudadanía y la dignidad. Hay que tomarse muy en serio eso que los árabes comparten, aquello de lo que se quieren librar y también lo que quieren obtener. Desde Mauritania al Golfo, todos han vivido o viven aún bajo dictaduras controladas por abyectos aparatos policiales al servicio de oligarquías mañosas muy funcionales al capitalismo internacional. Millones de personas, especialmente jóvenes "mantenidos convida", pero sin recursos ni futuro, inscritos en los circuitos de información global, reclaman democracia y libertad. Y están dispuestos a dejarse matar por cambiar las cosas.


Todo el que no vea este impulso común no está viendo nada. Túnez, Argelia, Marruecos y Egipto parecen compartir algunos rasgos socio-económicos de los que inducir respuestas semejantes. Pero eso sirve igual para el Yemen, con su complejidad tribal y religiosa, de cuyas protestas dice el politólogo local Abdulghani al Iryani: "nunca hemos tenido verdaderas movilizaciones callejeras. Antes de Túnez la oposición hizo una manifestación de 200 personas. Después de Túnez fueron miles. Después de Egipto se convirtió en una avalancha. Hay una nueva valoración del poder colectivo. Lo que no pudo hacer el establishment político formal, juntar a la gente, logró hacerlo la protesta de la juventud". Pero también sirve para Bahrein, con su mayoría chií y su altísimo nivel de vida: 'Tras los primeros enfrentamientos y las primeras violencias", dice un testigo, "la vieja dirigencia chií ha sido descabalgada y desautorizada por una nueva generación de protagonistas: los jóvenes y las mujeres. Han sabido tomar en sus manos la organización de la lucha política con métodos absolutamente pacíficos y de masa, una organización capilar y objetivos y consignas totalmente claros y transparentes: libertad y democracia". Pero lo mismo puede decirse de Siria y de Libia, donde la intervención militar de la OTAN, que puede y quiere corromper el impulso inicial, no debe hacernos olvidar el origen de las protestas del 14 de febrero. Y de Iraq, otra vez olvidada, que se ha unido a las revueltas, en las circunstancias más adversas, para reclamar el fin de la ocupación y del Gobierno corrupto y represivo de Al-Maliki. En cuanto a Arabia Saudí e Irán, subpotencias regionales enemigas, ven avanzar la ola con temor mientras cada una de ellas trata de desestabilizar el campo de la otra.


"Libertad" y "democracia", invocadas en serio por poblaciones que tienen una visión muy realista de Occidente, son consignas materialmente revolucionarias. Se trata, sí, de una revolución nacional, social y democrática que ha sorprendido a contrapié a todos por igual: a los imperialistas, que creían poder mantener a sus dictadores amigos en nombre del combate contra el islamismo y concediendo apenas algunos cambios cosméticos; a las izquierdas locales, contraídas y en minoría desde los '80; y a los propios islamistas, la fuerza más robusta de la región, que se ha visto obligada a ir a remolque de las protestas, a tratar de amortiguar su radicalidad libertaria y finalmente, como recuerda Gilles Keppel, a adoptar un perfil 'democrático' que no las deje completamente fuera de juego. Túnez y Egipto, libres ya de sus tiranos, ven ahora cómo estas tres fuerzas se disputan un territorio muy abierto en cuya superficie reaparecen las fracturas sociales suspendidas por el impulso revlucionario 'nacional'.


Pero a quien sin duda la primavera árabe ha pillado más desprevenida, sin reflejos y sin recursos, es a la izquierda institucional de América Latina. Estas revoluciones eran suyas y las ha ignorado. Empezaron como el Carachazo de l989 que luego llevó a la victoria bolivariana; como las luchas indígenas en Bolivia y Ecuador; como la de !os piqueteros en 2002 en Argentina. Como bien recuerda Jacques Bricmont, mientras los intelectuales nos dedicamos a "parlotear en nuestros rincones", otros hacen política. Interviene quien puede intervenir. El imperialismo capitalista tiene medios muy poderosos que están tratando ya de interrumpir o controlar en su favor el impulso revolucionario del mundo árabe »-


La izquierda mundial, tras muchos años de retroceso en los que apenas si resistía la heroica Cuba, tiene ahora algunas instituciones, como el ALBA, patrimonio de las luchas populares latinoamericanas, que podía haber jugado un papel decisivo a la hora de ampliar el frente anti-imperialista y de frenar la contrarrevolución occidental en el mundo árabe. Los países del ALBA han intervenido y han hecho política; pero han intervenido mal y han hecho la política equivocada. Y mientras la UE y EE UU, con grandes divisiones en su seno, tratan de recuperar el terreno perdido mediante intervenciones discrecionales -políticas, militares y económicas-, la izquierda institucional latinoamericana o guarda silencio o reacciona mecánicamente, a remolque del imperialismo, con denuncias de conspiración y apoyos selectivos a dictadores, reflejos nerviosos que sólo evidencian una debilidad contractiva propia del marco superado de la guerra fría.


A esto se suma también quizás una imagen del mundo árabe paradójicamente muy parecida a la del mundo occidental. Mi admirado Bricmont, defensor de la política 'libia' de Chávez y azote de sus críticos -entre los que en este caso me cuento-, es un buen ejemplo de cómo el combate contra el eurocentrismo va acompañado a veces de una inconsciente arabofobia o al menos arabonulia: "lo más cómico, si puede decirse así", escribe Bricmont contra los 'humanitarios' europeos, "es que la izquierda no tiene. en la boca más que palabras como antirracismo y multiculturalismo, lo que le lleva a venerar las culturas del "Otro", pero es incapaz de comprender el discurso 'político' de los "otros" realmente existentes cuando éstos son rusos, chinos, indios, latino americanos o africanos". En el contexto de una revuelta en el mundo árabe, el texto de Bricmont a los únicos que no cita es a 'los árabes'. Y es a ellos a los que América Latina debería quizás prestar atención. Han vuelto a la corriente central de la historia jugándose la vida, han tomado la palabra y quieren hacerse oír. Quien no entienda lo que dicen -no queremos ninguna dictadura- está renunciando a hacer política.



Lo qué quita el sueño ما يؤرق

Samir ‘Atillah (traducción Chema Pérez) 
Sharq al-Awsat 30 mar 2011 p.35 editorial


Cuenta George Bush en sus memorias que le dijo al presidente chino que la cuestión que le desvelaba por las noches era un nuevo 11 de septiembre en EE.UU. Bush le preguntó por sus desvelos a lo que el presidente chino le contestó “la búsqueda de 25 millones puestos de trabajo”

No bastará con las peticiones de libertad que demandan hoy los jóvenes árabes. En Londres los jóvenes tienen todo tipo de libertades, aunque por encima esta su propio interés, protestan 250.000 jóvenes por la reducción de las ayudas sociales. No habrá un sistema político árabe coherente sino se soluciona la tiranía del paro, la esclavitud de la pobreza, la ausencia de una corbetura sanitaria. Muhammad Bouazizi se inmoló al contemplar el hambre que pasaba su madre.

No será útil para Egipto la limitación del mandato presidencial, cuestión evidente que otros pueblos ya lograron hace siglos. Lo que sí será de utilidad es un gobierno transparente que no gaste el dinero negligentemente como el gobierno de Ahmad Nadif. En la misma texitura se encuentran Marruecos, Argelia, Siria, Gaza, Yemen... No fueron millones de chinos pobres y subdesarrollados los que consiguieron cambiar la situación del país en los últimos 40 años. En medio siglo el único ascenso espectácular en el mundo árabe fue el de la natalidad.

No se puede permanecer al margen del mundo, y nuestro mundo no es una suposición, aunque si un supuesto, hasta los números son inciertos. La consigna del mundo árabe es nacer y vivir. Así terminaremos en sociedades de papel que se mantienen a base de consignas y pasan hambre bajo las mismas. Hacemos llamamientos a la libertad y no sabemos nada de esos vientos. Y los estados solo miran en los ataques a sus vecinos, y envían a asesinar palestinos en Europa con el pretexto de que es más una cuestión de orden interna sobre los asuntos de los palestinos.

No es suficiente la consigna de libertad sin la consigna del trabajo. Y no basta el trabajo sino hay reconciliación. En muchos países continua la revolución y continuan las diferencias y divisiones. Debemos de aprender de la reconciliación que se dio en Alemania, y de China que se desveló en conseguir suficiencia alimentaria y educativa.



La invasión de Libia es por petróleo
Dizdira Zalakain



La Guerra de Libia es, al igual que la de Irak, por petróleo. Los dirigentes políticos europeos y de EEUU han conseguido aprobar una resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU que les ampara en la “legalidad” y que les protege de futuras acusaciones por crímenes contra la humanidad.

Respaldados por esta “legalidad”, los líderes políticos tienen la garantía de que ninguna corte de justicia internacional les podrá perseguir en el futuro por repartirse el petroleo libio y por masacrar a la población árabe de la región. Los gabinetes jurídicos de las grandes compañías petrolíferas internacionales saben hacer muy bien su trabajo: Recursos militares y económicos “ilimitados” pagados por los contribuyentes, para desempeñar el trabajo sucio. Todos salimos ganando, menos la población civil libia.

La idea de que las revueltas populares en Libia poseen un genuino caracter popular, es decir, que no han sido provocadas, organizadas, mantenidas por servicios de inteligencia del imperio es una idea que no se sostiene con argumentos. La “Comunidad Internacional” quiere el derrocamiento del Régimen de Gaddafi, que ha sido, hasta ayer, su buen amigo y aliado en el norte de África (ver foto-galería al final de la noticia). OK, Gaddafi es un tirano, pero las pruebas del uso de sus fuerzas militares para aplastar a la población civil, que se habían argumentado para la aprobación de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, comienzan a resultar falsas pocos días después del inicio de las operaciones militares de la “Coalición”.

La delegación de la Unión Europea desmiente bombardeos a manifestantes en Tripoli.

Gaddafi es un dictador, pero, ¿hasta qué punto el puesto de liderazgo que ocupa es legítimo? es decir, ¿hasta qué punto emana de la soberanía popular? Digamos sólo que, como mínimo, es tan legítimo -si no más- que el de Juan Carlos I Rey de España. Y, al igual que el monarca español, Gaddafi también goza de apoyo popular en su país, Libia. ¿Debemos entonces derrocarlo a cualquier precio? ¿no serán ciertas élites de poder dentro y fuera de Libia las que tendrían motivos para desear su final?

En Libia no ha habido una revuelta que pueda ser denominada popular y justificada. Tenemos indicios muy claros, como el repentino e inexplicable potencial militar del que gozan los rebeldes, y el hecho de que es poco probable que el pueblo se rebele contra sus propios intereses.

Libia es la principal reserva petrolífera de África; se estima que aún no se ha explotado ni la tercera parte de sus recursos.

El Plan de Gadafi

En 2009, Gaddafi presentó a su gobierno un plan que incluía estos tres puntos principales:

1- Nacionalización de los hidrocarburos.

2- Desmantelamiento de la burocracia ministerial y gestión directa del ejecutivo por órganos populares.

3- Distribución directa y equitativa de los ingresos del petróleo a los ciudadanos.

La cúpula de poder se opuso a este plan y logró que el Congreso Popular votase por un aplazamiento de su puesta en marcha. Uff! Lo que está pasando en Libia estos días huele mucho a gasolina… estudiemos un poco de historia geopolítica:

La National Oil Company.

1970-1973

La National Oil Company (NOC) es la empresa pública libia encargada de gestionar las riquezas petrolíferas del país. Está controlada directamente por el Congreso Popular Libio. Fue creada por Gaddafi un año después de la Revolución que derrocó al rey Idris. En 1970 las multinacionales petroleras que se enriquecían libremente con los recursos energéticos libios, Esso, Mobil, Texas Gulf, etc, fueron obligadas o a marcharse o a acatar unos Acuerdos de Reparto de Producción (ARP). Un ARP es un acuerdo por el que el estado permite a una compañía petrolera privada operar en su territorio a cambio de pactar un reparto de la producción entre el estado y la empresa privada.

La política petrolera del régimen libio a partir de los 70 consistió en nacionalizar progresivamente más pozos petrolíferos a través de la empresa pública NOC y en pactar ARPs cada vez más beneficiosos para el estado con una pluralidad de petroleras de muy diversos países, en lugar de con unas pocas, lo cual parece suponer una clara estrategia de “divide y vencerás”. No hace falta decir que esto indignó a las transnacionales. Pero lo que realmente colmó el vaso de su imperial paciencia fue el embargo que en 1973 Libia y otros países árabes decretaron contra los países que financiaban la política genocida de Israel contra los palestinos. De entre los países embargados estaba EE.UU. El embargo se prolongó hasta Marzo de 1974 y el único país que se negó a levantarlo fue precisamente Libia.

1973-1992

Desde entonces, la presión de EE.UU. fue en aumento. Sólo el apoyo de la URSS libró a Libia de una invasión. En 1982 los EE.UU. decretan un bloqueo comercial a Libia. En 1984 perpetran un atentado fallido contra Gaddafi. En 1986, ya sin miedo ante la URSS de la Perestroika, bombardean Trípoli y Bengasi.

1992-1999

A partir de 1992, una vez eliminados los regímenes socialistas del este de Europa, la ONU, controlada ya sin oposición por EE.UU. y sus aliados, decreta un embargo a Libia tras considerar a su gobierno responsable del atentado de Lockerbie. En 1993 lo endurece aun más. Tras el embargo, en pocos años, la economía de Libia, dependiente totalmente de los hidrocarburos, se tambalea.

1999-2009

Ante la situación económica insostenible y la probable inminencia de una invasión como la de Irak, Gaddafi decide pactar una especie de rendición con EE.UU. y sus aliados. En 1999 la ONU levanta las sanciones. En 2004 lo hace EE.UU. A cambio, Libia renuncia a su proyecto de generar energía nuclear y, desde 2005, saca a subasta los pozos petrolíferos hasta entonces públicos y establece un nuevo ARP, mucho más ventajoso para las multinacionales. En ese 2005 anuncia dos subastas, en 2006 otra y en 2007 otra más. Decenas de empresas petrolíferas, entre ellas Repsol se lanzan al gran pastel y Gaddafi es recibido amistosamente por los gobiernos que antes lo declaraban terrorista.

Esta historia es de sobra conocida y puede consultarse en cualquier lugar, por ejemplo en Wikipedia.

2009-2011

Para estudiar detalladamente este periodo de la historia de Libia, acudimos a la web Energy-pedia News, especializada en la covertura mundial de los grandes negocios relacionados con la energía; con una completa recopilación de noticias para inversores y empresarios del sector.

Menudean las noticias que se refieren a nuevos hallazgos petrolíferos en diversas regiones, tanto del desierto como del mar. También, sobre todo conforme más nos acercamos a nuestros días, aparecen notas sobre rescisiones de contratos de explotación a diversas compañias. Hay un grupo de noticias (muy curioso) que va desde mediados del año 2010 hasta casi el día de antes de la revuelta, en las que se nos cuenta que BP no hace más que posponer la prospección marítima que estaba anunciada para 2010. Ciertamente, esto no es una prueba fehaciente de que BP ya sabía que iba a haber una revuelta en Libia, pero desde luego se trata de una notable casualidad…

Pero las noticias más interesantes son éstas tres:

25 de Enero de 2009.

Gaddafi estudia la nacionalización de las compañias petrolíferas extranjeras.

(extractos traducidos de la noticia)

El líder libio Muammar Gaddafi dijo el pasado miércoles que su país y otros exportadores de petróleo están considerando nacionalizar las empresas extranjeras, dado el descenso del precio del petroleo. (…) “No podemos adherirnos a las regulaciones de la OPEP porque nuestro sustento depende del petróleo.” (…) El principal periódico del estado, generalmente considerado como el portavoz del propio Gaddafi, dijo que el Congreso Popular, el máximo órgano legislativo y ejecutivo, debería votar la nacionalización de las empresas extranjeras en la sesión que tendrá lugar dentro de unos días. (…) “Los países exportadores de petróleo deben tender a la nacionalización (…) No nos podemos permitir vender a precios tan bajos.” Los rumores sobre nacionalización comenzaron a raíz del informe para 2008 de la NOC cuyos expertos sugerían la necesidad de modificar la política basada exclusivamente en ARPs. Algunos diplomáticos afirmaron que se trataba de una amenaza para presionar a las empresas petrolíferas de cara a las próximas negociaciones.

16 de Febrero de 2009.

Gaddafi instó a los libios a que apoyen su plan para recuperar los ingresos del petróleo.

(extractos traducidos de la noticia)

El líder libio Muammar Gaddafi pidió el sábado a los libios que le apoyaran en su propuesta de destituir al gobierno y entregar los beneficios del petróleo directamente a los 5 millones de ciudadanos del país. Su plan de entregar los ingresos del petróleo directamente a los libios se ha encontrado con la oposición de los altos cargos, que se verían abocados a perder sus puestos de producirse la purga que Gaddafi quiere llevar a cabo para terminar con lo que él denomina estado de corrupción persistente y generalizada. Cargos como el Primer Ministro Al-Baghdadi Ali al-Mahmoudi y el Gobernador del Banco Central, Farhat Omar Bin Guidara, advirtieron a Gaddafi en Noviembre que su proyecto terminaría dañando la economía del país miembro de la OPEP.

“No tengáis miedo de tomar directamente el dinero del petróleo y la responsabilidad de crear las estructuras de gobierno necesarias para el bien de nuestro pueblo.” dijo Gaddafi a los representantes del Congreso Popular Libio. El Congreso Popular es la espina dorsal del régimen de la Yamahiriya libia. Constituye el máximo órgano ejecutivo y legislativo. Representa al pueblo a nivel regional y local y vota las leyes y las decisiones políticas del gobierno. (…) Muchos libios afirman que no se han beneficiado del aumento de la producción petrolífera y la inversión extranjera desde que en 2003 terminó (…) su aislamiento internacional. (…) “La administración ha fallado y la economía estatal ha fallado. Ya está bien. La solución es que nosotros los libios nos apropiemos directamente del dinero del petróleo y decidamos qué hacer con ese dinero.” dijo Gaddafi, en un discurso retransmitido por la TV pública. Gaddafi urgió a una profunda reforma de la burocracia gubernamental, afirmando que el sistema ministerial tenía que ser desmantelado para librar a los libios de la corrupción y la mala gestión. “Estos ministerios deben devolver al pueblo la propiedad de todas las escuelas, fábricas, granjas, de todas las empresas públicas y el dinero del petróleo.”

4 de Marzo de 2009.

El Congreso retrasa el plan de reparto de petróleo de Gaddafi.

(extractos traducidos de la noticia)

El Congreso Popular de Libia (…) ha votado retrasar el plan de Gaddafi de disolver el gobierno y entregar el dinero del petróleo directamente al pueblo. (…) Existe una inusitada atmósfera de oposición entre los altos cargos del gobierno, que consideran que semejante plan causará estragos en la economía nacional, provocando el descontrol de la inflación y la fuga de capital. El propio Gaddafi advirtió a los libios que el plan, que promete rentas de hasta 23.000 dólares anuales para el millón de ciudadanos con menores ingresos, podría provocar al principio un cierto caos. “No tengáis miedo a experimentar nuevas formas de gobierno” dijo, antes de proceder a la votación y advirtió: “Este plan es para ofrecer un futuro mejor a nuestros hijos. Si lo hacéis fracasar, yo me lavaré las manos, pues será responsabilidad vuestra.” (…) En las votaciones efectuadas (…) solo 64 de los 468 miembros del Congreso del Pueblo votaron por el plan de apropiarse del dinero inmediatamente. 251 aceptaron el plan en principio, pero pidieron que se retrasara hasta que fueran tomadas las medidas apropiadas. (…) Esto permitirá retrasar el proyecto por lo menos unos cuantos meses, dando así tiempo a desactivarlo.

La lectura de estos tres artículos sorprenderá a más de uno.

El Gaddafi el tirano, estalinista, napoleónico, proburgués y capitalista del que nos han hablado los Mass Media, aparece en Energy-pedia News (noticias escritas por y para consumo más bien privado de élites capitalistas) como un radical comunista dispuesto a cargarse hasta el aparato burocrático de su gobierno y a realizar un reparto directo de la riqueza nacional. Vemos cómo la oposición a Gaddafi surge precisamente de entre las élites políticas y no del pueblo. Vemos cómo el Congreso Popular logra aplazar unos meses el plan de Gaddafi de repartir la riqueza directamente al pueblo, una vez nacionalizado el petróleo. Y vemos cómo tras esos meses, aparecen grupos armados dirigidos por un ex-ministro afirmando representar al pueblo.

¿Alguien puede creer que el pueblo libio va a oponerse a este plan, va a levantarse en armas para pedir la cabeza de quien se ha atrevido a proponer la nacionalización del petróleo y el reparto directo de sus beneficios a todos los libios?

¿Puede ahora, cualquiera con dos dedos de frente, mantener que las revueltas en Libia, o mejor dicho, que el golpe de estado en Libia, es popular y justificado?

NO WAR FOR OIL – NO A LA GUERRA DE LIBIA.

Fuente La cocina de Dizdira


























































































































































LE BASI "Un cómico frente al Islam"

Por qué no voy a reírme de Mahoma... Todavía. Una respuesta completa sobre un tema esencial.

No pasa semana sin que algún periodista me interrogue con tono acusador: “Usted se burla del cristianismo pero, ¿por qué no se atreve a hacer lo mismo con el Islam?” (...) Nadie, por ejemplo, me ha preguntado por qué no me burlo del budismo, el hinduismo, el confucianismo y otros tantos sistemas religiosos. “Lógico —pensarán ustedes— estas religiones no son tan agresivas y fanáticas. El problema es la violencia del fundamentalismo islámico.” Sinceramente, no creo que sea mucho más fácil montar un show contra Shiva en Varanasi que contra Mahoma en Teherán. Pero volveremos a esto punto más adelante.
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